Desde la Estación Experimental Paraná del INTA, el trabajo de Patricia Engler y Alejandra Cuatrin, junto a un importante grupo de profesionales en el territorio, ofrece un claro panorama de los tambos en todas sus dimensiones, con tendencias que oscilan entre la tradición habitual, la modernización progresiva, con fuerte influencia del arrendamiento y una rentabilidad que no deja de dar pelea en un contexto de precios frenados, de costos en alza y muchas incertidumbres económicas que van desde el mercado interno a la influencia internacional.

El relevamiento abarcó 196 establecimientos en Buenos Aires (21%), Santa Fe (39%), Córdoba (33%) y Entre Ríos (7%), reflejando la concentración de la actividad en la región pampeana. La escala productiva es diversa: 13% pequeños, 36% chicos, 21% medianos, 23% grandes y 7% mega tambos, tomando el período del 1° de julio de 2024 al 30 de junio de 2025. Este mosaico evidencia la coexistencia de modelos familiares con unidades productivas de gran porte, siendo relevante que el 54% de la superficie para tambos es arrendada, con un valor promedio de 10.025 U$S/ha, siendo de 214 hectáreas la media por tambo. En el 38% de los casos los contratos se pactan en litros de leche, a razón de 75 litros por hectárea al mes, lo que vincula directamente la producción con el costo de acceso a la tierra y una competencia vigente con la agricultura.

La infraestructura muestra avances, ya que el 61% de los tambos cuenta con corrales de espera con sombra, 29% con ventiladores y apenas 1% con robots de ordeño, lo que marca una brecha tecnológica aún incipiente en automatización completa. El parque de maquinaria promedia 2,6 tractores por tambo, con predominio de unidades menores a 100 HP, reflejo de la escala media de la mayoría de los tambos.
En el manejo productivo, el 52% de la superficie se destina a praderas, 24% a silo y grano, y 13% a verdeos de verano, siendo el pastoreo la clave de la producción de leche en Argentina. El 63% fertiliza el maíz para silaje, siguiendo una tendencia hacia prácticas de intensificación. El 37% de los casos cuentan con asesoría agronómica contratada de forma constante, el 23% es eventual y el 19% de los tambos no cuenta con la mirada técnica. La alimentación combina pastoreo, en el 70% de los tambos, con suplementación, siendo el consumo promedio de 307 gramos de concentrados por litro de leche. La edad al primer parto se ubica en 27 meses, un indicador que aún podría optimizarse para mejorar la eficiencia del rodeo.

Con rodeos Holando en el 91% de los casos relevados, el 68% utiliza inseminación artificial, 52% semen sexado y 32% ecógrafos, marcándose una estrategia de mayor manejo de biotecnología aplicada en el eslabón primario. En cuanto a la cría y recría queda un largo camino por recorrer en cuanto a bienestar animal, ya que el 76% de los casos tiene los terneros en estacas y con una mortandad promedio del 11%, que es elevadísima. La tendencia de la crianza colectiva queda lejos del ideal con el 17%, siendo ínfima la participación de los alimentadores automáticos con sólo un punto porcentual, estrategia que baja la mortandad del 8 al 3%.

Los resultados productivos en el ordeño reflejan un promedio de 18 a 24 litros por vaca/día, siendo el promedio diario por tambo de 3.568 litros, con una productividad anual de 6.289 litros por animal, en la relación actualizada de 134 vacas totales por hectárea. Es remarcable que el 94% de los casos tiene asesoría veterinaria, el 61% hace control lechero y sólo el 36% tiene al rodeo total dividido por lotes. La calidad de la leche se mantiene en 3,78% de grasa y 3,40% de proteína, con recuento de células somáticas de 334.000/ml y UFC de 41.000/ml, parámetros que ubican a la producción argentina en estándares competitivos internacionales, aunque se debe seguir mejorando en condiciones sanitarias generales.

El aspecto económico es el más crítico, ya que la rentabilidad promedio apenas alcanza 3,4%, con el 70% de los ingresos absorbidos por gastos directos. La fragilidad se acentúa por la volatilidad del precio de la leche y el incremento de costos, especialmente en insumos dolarizados.

Puntualmente en los últimos meses, los valores de la producción se frenaron, en una combinación estacional por el verano, pero también con una demanda interna muy conservadora por la influencia de la economía cotidiana, pero también combinada con una mayor cantididad de materia prima disponible. Sin embargo, el 64% de los productores proyecta crecer en los próximos cinco años, 31% mantenerse estables y solo 5% alquilar o vender. Los riesgos más señalados son la variabilidad climática (24%), el incremento de costos (19%), la dificultad para conseguir mano de obra (17%), la volatilidad del precio de la leche (16%) y las políticas sectoriales erráticas (11%).

Es intrínseco al sector lechero sostener expectativas positivas sobre el futuro, a pesar de los diferentes contextos que en las últimas décadas cambiaron en absoluto las reglas de juego.

Se marca una tendencia favorable y que cambió en los últimoos años que es la preparación en la continuidad generacional. El 50% de los tambos relevados prepara un sucesor familiar, con edad promedio de 33 años, y el 84% de esas personas ya participa en decisiones.

Este dato refuerza la idea de que, pese a las dificultades coyunturales, la lechería argentina sigue siendo vista como un proyecto de vida y de futuro. 

La transmisión de saberes y la incorporación de jóvenes a la gestión aportan dinamismo y capacidad de adaptación. Son los tambos que trabajan de esta forma los que muestran progresos no sólo en productividad, sino en inversiones, incorporaciónd e tecnología y cambios en los manejos.

Lo que se puede ver a través de la Encuesta Sectorial Lechera, en su décima edición desde 2002, es que el sector lechero primario sostiene la resiliencia en los tambos, en los equipos de trabajo y en los rodeos, con una estructura de base marcada por el arrendamiento de la tierra, la constante presión de costos productivos y debilidades en el pago de la materia prima, pero con señales de modernización y expectativas de expansión, en las que la incorporación de tecnología y la continuidad familiar son los incentivos a futuro.

Siendo Argentina uno de los países con mayor capacidad y condiciones de crecer en la producción lechera e industrialización, es que la consolidación de eficiencia a futuro tiene que ir de la mano con cierta normalización de las condiciones macroeconómicas, porque las políticas aplicadas en los últimos períodos para el sector vienen acompañando necesidades y dejaron de ser la molestia que antes interfería en cualquier planificación, aunque aún resten muchos detalles por resolver como lo es la carga impositiva para producción y consumo interno, ya habiendo olvidado el padecimiento de las retenciones en las exportaciones y su influencia en toda la cadena.

Fuente: El ida por el campo