En la cita, Francisca Barros, ingeniera agrónoma y asesora de postcosecha y gerente técnico de investigación, desarrollo e innovación de la empresa Trio Kimün, presentó un exhaustivo análisis del comportamiento de las cerezas chilenas en el mercado de Guangzhou en China la temporada pasada.
¿Qué pasó con las cerezas chilenas en China?
Barros respondió a esta incógnita y señaló que fue una temporada compleja: “una combinación de sobreoferta, pérdida de calidad organoléptica, problemas logísticos y cambios en el comportamiento del consumidor están debilitando el posicionamiento de la cereza chilena en su principal destino” indicó Barros.
Debido a los desafíos que enfrenta el sector, es necesario buscar respuestas y, sobre todo, soluciones. La especialista señaló que uno de los factores que marcó la temporada fue el adelantamiento de los envíos, impulsado por nuevas variedades y tecnologías productivas.
“Esto permitió concentrar mayores volúmenes en etapas más tempranas, con un incremento tanto en despachos aéreos, como marítimos”, dijo.
Explicó que esta estrategia buscaba capturar mejores precios, pero generó una presión significativa en la logística y en la capacidad de absorción del mercado chino.
El pulso del mercado de Guangzhou
El análisis de la experta se centró desde el 20 enero al 5 de febrero. “A diferencia de años anteriores, donde el dinamismo era evidente, esta temporada el mercado mostró una baja actividad”.
Añadió que la venta de fruta perdía intensidad rápidamente durante la mañana y, antes del mediodía, gran parte del movimiento ya había desaparecido. “Vendedores desocupados, pallets sin comercializar y contenedores que debían ser rearmados con fruta no vendida se transformaron en una escena recurrente”, describió Barros.
Una situación que no se había visibilizado anteriormente fue la guarda de la fruta, debido a la baja rotación. En ese sentido, Barros indicó que muchos importadores optaron por fraccionar la oferta, retrasando la apertura de contenedores para intentar regular el mercado. “Sin embargo, esta estrategia no logró reactivar la demanda”, dijo.
Los datos recopilados evidenciaron que varios contenedores permanecieron entre ocho y 15 días en destino antes de ser abiertos. Incluso, algunos superaron los 20 días de espera. “Esto incrementó significativamente los días de postcosecha, alcanzando promedios de 42 días y con casos que superaron los 50”.
La estrategia de guardar las cerezas afectó la calidad de la fruta, ya que se extendió la vida de postcosecha idónea. Esto llevó a que el comportamiento de los compradores cambiara.
La hoja de ruta de la industria de la cereza chilena para retomar el éxito
Barros relató que en temporadas anteriores, los compradores se enfocaban en medir la firmeza o contenido de azúcar; este año probaron la fruta en el mismo mercado.
Detalló que, si bien muchas cerezas mantenían niveles adecuados de azúcar, el sabor se percibía plano tras largos periodos de almacenamiento: “Esta pérdida de intensidad, ya sea por degradación durante el transporte o por cosechas en estados menos óptimos, generó una fuerte insatisfacción”.
Durante la estadía en el mercado de Guangzhou, Francisca analizó un total de 640 cajas. Comentó que identificó múltiples fallas, muchas de ellas originadas en etapas tempranas del proceso, como partiduras, pudriciones asociadas a deficiente limpieza, cartones mojados, condensación en bolsas, pardeamiento interno, presencia de levaduras y fruta blanda.
“Probamos muchas cerezas chilenas y ninguna estaba rica de comer”, relató.
La especialista lo dijo fuerte y claro, lo observado en Guangzhou refleja un cambio más profundo: “El mercado chino ha evolucionado; el consumidor es más exigente, tiene más alternativas y ya no está dispuesto a aceptar inconsistencias en la calidad. A esto se suma una sobreoferta que supera la capacidad de absorción, lo que obliga a competir no solo en precio, sino también en calidad y experiencia de consumo”.
La hoja de ruta de la industria de la cereza chilena para retomar el éxito
Para Barros, la clave está en reforzar cada etapa de la cadena productiva. Desde la cosecha en el momento óptimo, pasando por una rigurosa limpieza y sanitización en packing, hasta asegurar condiciones de transporte que mantengan la calidad inicial. Subrayó: “El mercado actual no perdona errores”.
Añadió que, en temporadas anteriores, “la rápida rotación permitía ocultar muchas de estas fallas; hoy, con una demanda más lenta, cada debilidad se hace evidente”.
La presencia de un nuevo desafío y los pasos a seguir
La industria de la cereza chilena también enfrentó la competencia de la fruta local: arándanos, frutillas o fresas, piñas, sandías, melones y cítricos que presentaban alta calidad, crocancia y dulzor, y desplazaron a la cereza chilena en la preferencia del consumidor.
La fruta local es “perfecta”, dijo Barros, ya que cuenta con una experiencia de consumo que invita al consumidor a replicar la decisión de compra.
A su juicio, el mercado plantea desafíos urgentes para la industria chilena: mejorar la consistencia del producto, recuperar el atributo clave del sabor y avanzar en la diversificación de mercados para reducir la dependencia de China.
Para ella, el éxito de la cereza chilena no dependerá sólo del volumen exportado, sino de su capacidad para ofrecer una experiencia de calidad sostenida desde el huerto hasta el consumidor final.
“En un mercado cada vez más competitivo, la excelencia ya no es una ventaja, sino una condición mínima para mantenerse vigente”, concluyó.


