La soja lidera las subas tras la reciente corrección, acompañada por una recuperación en el aceite, mientras que el maíz encuentra soporte en el rebote del petróleo tras los últimos eventos en la región. El trigo también se suma a la tendencia alcista, reflejando la creciente sensibilidad del mercado a los riesgos globales.
En el frente energético, la volatilidad continúa siendo el principal driver. Aunque el petróleo había caído con fuerza tras el anuncio de un alto el fuego entre Irán, Estados Unidos e Israel, la fragilidad del acuerdo y los múltiples incumplimientos reportados reactivaron las preocupaciones. El cierre del estrecho de Ormuz sigue siendo un factor crítico, con más de 800 buques varados en el Golfo Pérsico y riesgos latentes de interrupciones en el suministro. En este contexto, los precios del crudo rebotan y algunas proyecciones incluso anticipan un Brent por encima de los 100 dólares hacia 2026 si la situación persiste.
A nivel de fundamentos agrícolas, el mercado enfrenta señales mixtas. Por un lado, Brasil avanza con una cosecha de soja que ya alcanza el 82%, superando el promedio histórico, mientras que en Argentina la Bolsa de Comercio de Rosario elevó la producción de maíz a 67 millones de toneladas, reforzando la expectativa de mayor oferta regional. Por otro lado, China muestra signos de desaceleración en la demanda, con una caída en la molienda semanal de soja y un aumento en los stocks.
Por el lado de la demanda, China continúa enviando señales de debilidad. La molienda de soja cayó a 1,62 millones de toneladas semanales, mientras que los stocks de poroto aumentaron a 4,71 millones de toneladas. Aunque los inventarios de harina y aceites mostraron leves caídas, el ritmo general de actividad se desacelera, con una proyección de molienda de apenas 7 millones de toneladas para abril frente a los 8,3 millones de marzo.
Desde el análisis técnico, el panorama sigue siendo frágil, con la soja marcando nuevos mínimos recientes, la harina perdiendo impulso y el aceite mostrando señales bajistas más claras. A esto se suma la presión cambiaria en Brasil, donde la caída del dólar frente al real afecta la competitividad y presiona los futuros locales. En paralelo, noticias como la suspensión de operaciones de fosfato por parte de Mosaic añaden ruido al mercado de insumos.
En este escenario, el WASDE será clave para redefinir expectativas, aunque el consenso anticipa pocos cambios. Sin embargo, la combinación de tensiones geopolíticas, fundamentos dispares y factores técnicos sugiere que la volatilidad seguirá siendo elevada en el corto plazo, con riesgos claros sobre los márgenes bajo una dinámica cada vez más marcada por la relación entre guerra, inflación y costos productivos.
Por Esteban Moscariello


