En un contexto marcado por la reactivación de la interconexión de las redes ferroviarias del occidente y el oriente, iniciativa liderada por el Ministerio de Obras Públicas, Ferroviaria Andina S.A. cumple en 2026 30 años de operación consolidándose como uno de los principales actores del sistema logístico boliviano y como pieza relevante en los desafíos de integración que enfrenta el país.
El aniversario encuentra a la empresa en una coyuntura en la que el ferrocarril vuelve a posicionarse en la agenda pública, no solo como un medio de transporte, sino como una herramienta estratégica para mejorar la competitividad, reducir costos logísticos y potenciar sectores clave de la economía, como la minería, la agroindustria y el turismo.
El proyecto de la interconexión ferroviaria —impulsada desde el Gobierno como una prioridad para articular el territorio y fortalecer la integración regional— plantea un punto de inflexión para el sector. El proyecto, que busca unir la Red Andina con la Red Oriental mediante un nuevo tramo de entre 400 kilómetros, apunta a superar una histórica fragmentación del sistema ferroviario nacional.
En ese escenario, Ferroviaria Andina, operadora de la red occidental, aparece como un actor técnico y operativo relevante, con experiencia acumulada en el transporte de carga y en la gestión de infraestructura ferroviaria en zonas complejas del país.
Ferroviaria
Durante estas tres décadas, la empresa ha sostenido operaciones en un entorno marcado por desafíos estructurales, como la competencia del transporte por carretera, la falta de interconexión entre redes y la imposibilidad de capitalizarse para acelerar proyectos de infraestructura ferroviaria a nivel nacional, dejando como único camino la emisión de deuda para contar con recursos frescos. A pesar de ello, ha mantenido un rol clave en el transporte de minerales, particularmente desde el sur y occidente del país hacia puertos del Pacífico.
Hoy, la eventual integración ferroviaria abre nuevas perspectivas. De concretarse, permitiría no solo optimizar el flujo de carga entre el Atlántico y el Pacífico, sino también responder a una demanda creciente de corredores logísticos más eficientes por parte de sectores como la producción soyera boliviana y del oeste de Brasil, que buscan reducir tiempos de tránsito hacia mercados como China.
En ese sentido, Ferroviaria Andina S.A. y Ferroviaria Oriental S.A. pueden trabajar conjuntamente en soluciones logísticas, bajo un enfoque de complementariedad y no de competencia.
Al mismo tiempo, la interconexión podría tener un impacto significativo en el turismo. La articulación de rutas ferroviarias permitiría conectar destinos con alto valor cultural y productivo, como el altiplano, el sur del país y regiones como Tarija, ampliando la oferta turística y generando nuevas oportunidades para economías locales vinculadas a la gastronomía, la hotelería y la producción vitivinícola.
El rol del Estado aparece como determinante en este proceso. La magnitud de la inversión requerida y el carácter estructural del proyecto hacen que la planificación, financiamiento y ejecución dependan de decisiones públicas de largo plazo. En ese marco, el impulso del Ministerio de Obras Públicas ha reactivado una discusión que durante décadas permaneció postergada.
A lo largo de su trayectoria, Ferroviaria Andina ha operado bajo un esquema de concesión, con la responsabilidad de mantener y preservar la infraestructura a su cargo. En los últimos años, la empresa ha ejecutado trabajos de rehabilitación de tramos ferroviarios y ha iniciado un proceso de reactivación de servicios de pasajeros, con un enfoque creciente en el turismo.
Este último componente refleja un cambio en la visión del transporte ferroviario en Bolivia. Más allá de su rol histórico en la carga, el tren comienza a ser considerado también como una plataforma para el desarrollo de experiencias turísticas, en línea con tendencias regionales que buscan diversificar el uso de la infraestructura ferroviaria.
A 30 años de su creación, Ferroviaria Andina llega a este aniversario en medio de un debate mayor sobre el futuro del transporte en Bolivia. La posibilidad de integrar las redes ferroviarias, dinamizar el comercio exterior y potenciar el turismo plantea un nuevo escenario en el que el ferrocarril podría recuperar protagonismo como eje articulador del desarrollo.
El desafío, coinciden analistas del sector, no será menor: requerirá coordinación entre el sector público y privado, inversiones sostenidas y una visión de largo plazo que permita convertir una aspiración histórica en una realidad operativa.


