Si la desertificación es el resultado de decisiones acumuladas en el tiempo, entonces también lo es su reversión. Pero esa reversión no ocurre de una única manera. Depende del punto de partida, del contexto y, sobre todo, de cómo se toman las decisiones.
Los tres casos que se presentan a continuación —El Transporte, Anequén y la Estancia Fortín Chacabuco— no muestran una receta. Muestran algo más importante: cómo distintos procesos de decisión, en contextos diferentes, pueden modificar el rumbo de un sistema.
Si en el artículo anterior se planteaba que la diferencia entre sistemas que se degradan y sistemas que se regeneran está en el proceso de decisión, estos casos permiten observar ese proceso en situaciones concretas, tomadas bajo presión productiva, climática y económica. Lo que muestran no es solo qué se hizo, sino cómo se fue ajustando el manejo a medida que el sistema respondía.
Como referencia común, en los tres establecimientos se monitorea de manera sistemática la evolución ambiental del pastizal, entendiendo que su estado condiciona los resultados productivos. El Índice de Salud del Pastizal (ISP) permite sintetizar ese seguimiento, integrando variables como cobertura, vigor y composición funcional de la vegetación: valores negativos indican ambientes degradados; entre 0 y 15, sistemas sin tendencia definida; entre 15 y 40, sistemas en regeneración; y por encima de 40, pastizales saludables.
Estos procesos no se construyen de manera aislada. Se apoyan en entornos de intercambio donde las decisiones se discuten, se contrastan y se ajustan en el tiempo. Es en ese contexto donde la observación del sistema se transforma en criterio de manejo.
El Transporte: cuando la decisión es dejar de usar
El establecimiento El Transporte (2.500 ha), de la familia Marinzalta, en el monte oriental rionegrino, es un sistema familiar de cría bovina que inició en 2015 un proceso de cambio acompañado por el INTA AER Río Colorado y el Programa Ganadero Bovino de Río Negro, en un proceso donde el intercambio con técnicos y otros productores permitió revisar y ajustar las decisiones de manejo en el tiempo.
El punto de partida fue un sistema de baja productividad forrajera, producto del patrón de pastoreo vigente. El incendio ocurrido ese mismo año expuso esa situación y abrió una oportunidad de replanteo.
La decisión central fue incorporar descansos prolongados —del orden de nueve meses— mediante un mayor nivel de apotreramiento con alambrado eléctrico. Esto implicó pasar de 2 a 11 cuadros de pastoreo, permitiendo controlar los tiempos de uso y reducir la frecuencia de pastoreo.
El transporte. El cambio no estuvo en aumentar la carga, sino en modificar el tiempo de uso.
El transporte. El cambio no estuvo en aumentar la carga, sino en modificar el tiempo de uso. Foto: gentileza Federico Boggio.
El diagnóstico inicial permitió identificar un pastizal con bajo vigor y escasa cobertura de plantas forrajeras. Al aumentar la cantidad de potreros, se incrementó el tiempo de descanso efectivo entre pastoreos. Esto permitió la revigorización de las plantas, el aumento de la cobertura vegetal y, en consecuencia, una mayor producción de forraje y de carne bovina.
Los resultados muestran una mejora consistente en el sistema: aumento de la receptividad, de la producción y de la escala, duplicando la cantidad de vacas madres hasta alcanzar unas 240 cabezas. Todos los resultados se encuentran en la Tabla 1.

Aquí, el cambio no estuvo en aumentar la carga, sino en modificar el tiempo de uso. La decisión fue usar menos, pero mejor. Lo que este caso muestra es que el problema era la frecuencia con la que se utilizaba el pastizal y el tiempo de descanso otorgado a las plantas forrajeras. Al cambiar esa frecuencia, cambió la trayectoria del sistema.
Este tipo de ajuste requiere inversión y manejo más intensivo del rodeo, y su implementación implica un proceso de aprendizaje donde el error también forma parte del resultado.
Anequén (10.400 ha), de Establecimiento Laquirihue SRL, se ubica en plena reserva provincial de la meseta de Somuncurá, en la región sur de Río Negro. Es un sistema empresarial de cría ovina Merino Multipropósito, con asistencia técnica de HALKIS, en un esquema de trabajo donde el análisis conjunto de decisiones y resultados fue parte central del proceso de ajuste del manejo.
El proceso se inicia en 2014 en un contexto de creciente aridización. En la década del 2000 se habían realizado obras de restauración de mallines con permiso de uso de agua, en las cuales posteriormente dejó de circular el agua. Se secaron vertientes naturales y fue necesario generar tres jagüeles como fuente alternativa.
En este contexto, la decisión central fue planificar el pastoreo durante la estación de crecimiento, priorizando el descanso efectivo en momentos críticos. Con una estructura similar —pasando de 6 a 8 cuadros— se redujo la cantidad de lotes de hacienda en pastoreo, aumentando los tiempos de descanso durante la fase clave del ciclo forrajero.
El sistema logró sostener su escala —entre 1.600 y 1.800 lanares de esquila— y mejorar su funcionamiento. Ver resultados en Tabla 2.

La revigorización del pastizal permitió mejorar no solo la producción, sino también la eficiencia en el uso del agua disponible. En este caso, la diferencia no estuvo en producir más, sino en producir de manera más consistente. La decisión no fue reaccionar a la disponibilidad, sino anticiparse a ella.
Estos resultados no eliminan la variabilidad propia del sistema, sino que permiten atravesarla con mayor estabilidad, en un contexto donde los años climáticamente adversos siguen condicionando el desempeño.
La Estancia Fortín Chacabuco (4.900 ha), perteneciente a The Nature Conservancy, se localiza dentro de la reserva natural del Parque Nacional Nahuel Huapi, en la precordillera de Neuquén. Es un sistema mixto ovino-bovino, acompañado por HALKIS, el Nodo Simbiosis de Ovis 21 y con participación en el grupo CREA Lanín, en un entorno de trabajo colaborativo donde el intercambio permitió hacer explícito el proceso de decisión.
El punto de partida fue un sistema con muy baja carga (alrededor de 400 lanares) y escasa actividad biológica. El pastizal, dominado por coirón blanco, se encontraba aletargado, con acumulación de material sin consumo.
El diagnóstico inicial mostró que la baja carga animal generaba una fuerte selectividad: la hacienda concentraba el uso en ambientes de mallín y en especies más preferidas, dejando sin utilizar amplias superficies de estepa.
La decisión fue reducir la cantidad de lotes de hacienda, aumentar la presión de pastoreo y dirigir el uso hacia ambientes de estepa en momentos específicos. No se trató de aumentar el uso en general, sino de concentrarlo donde la selectividad estaba bloqueando la dinámica del sistema. Este tipo de manejo requiere un ajuste fino: aplicado fuera de contexto o en momentos inadecuados puede generar efectos contrarios a los buscados. Esto permitió el consumo efectivo del coirón blanco, su posterior rebrote y la reactivación del pastizal.
El proceso incluyó además un contexto de alta variabilidad climática, con una sequía marcada en 2021. A partir de estos cambios, el sistema evolucionó hacia una mayor escala, pasando a más de 200 vacunos, sin necesidad de modificar la infraestructura. Los resultados se presentan en la Tabla 3.

Aquí, el pastoreo dejó de ser un problema a controlar y pasó a ser una herramienta de manejo.
Lo que estos casos permiten ver es que no hay una relación lineal entre intensidad de uso y resultado, ni una práctica correcta en sí misma. En un caso, la solución fue reducir el uso; en otro, organizarlo; en otro, aumentarlo.
Esto rompe una idea muy instalada: que existe un nivel “correcto” de carga que puede aplicarse de manera general. Lo que aparece en cambio es otra lógica: el resultado depende de cómo se construye el patrón de uso en el tiempo, en función del estado del sistema.
En los tres establecimientos, ese proceso siguió una secuencia similar: diagnóstico del pastizal, ajuste en el patrón de pastoreo y cambio en la trayectoria del sistema.
«Estos resultados surgen de procesos prediales concretos y no constituyen ensayos controlados, pero aportan evidencia consistente sobre el rol del manejo en la dinámica de los pastizales.»
Estos resultados surgen de procesos prediales concretos y no constituyen ensayos controlados, pero aportan evidencia consistente sobre el rol del manejo en la dinámica de los pastizales. No se trata de procesos lineales ni exentos de riesgo, sino de trayectorias que se construyen con ajustes sucesivos, donde la capacidad de corregir es tan importante como la decisión inicial.
Pero hay un punto adicional que los atraviesa. Estos procesos se sostienen en entornos de intercambio activos —técnicos, grupos de productores, redes de trabajo— donde las decisiones se contrastan, se ajustan y se vuelven más robustas.
Tres situaciones, una misma lógica
Exceso de uso → descanso
Desajuste en el uso → planificación
Falta de uso → activación
Pero en todos los casos, la diferencia no estuvo en la técnica aplicada, sino en cómo se construyó la decisión y en la capacidad de sostenerla en el tiempo.
Lo que cambia cuando cambia la decisión
Cuando cambia la forma de decidir, cambian los resultados. Pero más importante aún, cambia la lógica del sistema. El pastizal deja de ser un recurso que se utiliza y pasa a ser un sistema que se gestiona.
Y ese cambio no ocurre de manera aislada: se construye en diálogo con otros, en la contrastación de experiencias y en la revisión permanente de las decisiones.
En estos casos, además, se trata de sistemas ubicados en territorios de alto valor ambiental, donde las decisiones productivas no solo definen resultados económicos, sino también el funcionamiento de ecosistemas frágiles.
Por Ingeniero Agrónomo Federico Boggio
Fuente: Rio Negro


