La escalada de tensiones en Medio Oriente introduce incertidumbre sobre el suministro energético y mantiene al petróleo como un factor central, con impacto directo sobre los commodities agrícolas a través de los biocombustibles y los costos de producción.
En este escenario, la relación entre energía y agricultura gana protagonismo. Movimientos en el crudo tienden a trasladarse al complejo de granos, especialmente al aceite de soja, mientras que las recientes definiciones sobre mandatos de biocombustibles en Estados Unidos siguen siendo un componente estructural para la demanda, aunque sin generar sorpresas significativas respecto a lo esperado por el mercado.
A nivel financiero, el comportamiento de los fondos agrega volatilidad. Los últimos datos muestran ajustes relevantes en sus posiciones, con ventas en soja, compras en harina y una fuerte presencia en maíz. Este factor cobra mayor importancia en el contexto del cierre de trimestre, donde los movimientos técnicos pueden intensificarse y generar cambios abruptos en las cotizaciones.
Por otro lado, el mercado espera definiciones clave desde el USDA, especialmente en relación con el área sembrada y los niveles de stocks en EE.UU. Sin embargo, más allá de los fundamentos, la evolución del escenario internacional seguirá siendo determinante en el corto plazo, en un mercado que combina señales mixtas y una alta sensibilidad a los factores externos.
Por Esteban Moscariello


