En Brasil, si bien se han implementado ajustes en los protocolos de inspección para exportaciones hacia China, el flujo aún presenta ineficiencias. La flexibilización reciente permitió aliviar parcialmente los cuellos de botella, pero persisten demoras e inconsistencias en la certificación, lo que continúa afectando la fluidez de los embarques.
A este contexto se suma la incertidumbre logística interna, marcada por el riesgo latente de huelgas en el transporte y el encarecimiento de los costos de traslado. Aunque el impacto potencial no se proyecta con la magnitud de eventos pasados, el mercado incorpora este riesgo en la formación de precios y en la toma de decisiones comerciales.
En términos de precios, la presión se refleja principalmente en los premios de exportación, que han mostrado caídas significativas en los últimos días. Esto, combinado con la volatilidad en Chicago, genera una transmisión desigual al mercado interno, donde las subas externas no siempre se trasladan con la misma intensidad que las bajas.
De cara al segundo semestre, el balance entre una mayor oferta —con una producción brasileña que se mantiene elevada— y una demanda firme abre la posibilidad de cierta recuperación en los precios. Sin embargo, los elevados costos financieros, de almacenamiento y las pérdidas de calidad introducen un factor adicional que obliga a los productores a evaluar cuidadosamente sus estrategias comerciales.
En este entorno, la dinámica del mercado dependerá en gran medida de la evolución del contexto geopolítico, la estabilidad logística y la capacidad de los actores de adaptarse a un escenario donde la información y su velocidad de difusión juegan un papel cada vez más determinante.
Por Esteban Moscariello


