La mayor caída de la exportación de fruta fresca se dio durante 2022 y 2023, correspondientes a los últimos años del gobierno de los Kirchner, cuando el caos y la hiperinflación dominaron la economía argentina.

El gobierno de Milei logró normalizar y ordenar la economía, bajar la inflación y otorgar mayor previsibilidad. Esto benefició al sector frutícola, lo que se tradujo en un aumento de las exportaciones. Sin embargo, la recuperación fue menor a la esperada. Esto se debe, en parte, a la dura herencia de años de crisis y deterioro, pero también a que la fruticultura no es una prioridad para el gobierno actual. Este está apuntando a los sectores económicamente más fuertes dentro de Argentina, como el agro y la minería.

Las economías regionales están en segundo plano y continúan enfrentando situaciones muy complejas y falta de competitividad. El llamado “costo argentino” sigue siendo muy elevado, restando competitividad a los productos. La carga impositiva supera la de otros países y, a pesar de las promesas, aún no se ha aliviado.

A esto se suma una infraestructura deteriorada. En un país tan extenso, con trayectos hacia los puertos mayores que los de sus competidores, la red vial deteriorada constituye un problema serio. La reforma laboral aún no se ha concretado. El comercio exterior, con falta de acuerdos y aranceles elevados, es otro freno al desarrollo de las exportaciones.

Las ventajas de la pera y el limón de Argentina

Esto explica que las dos frutas estrella, como la pera y el limón, puedan mantener un comercio mundial activo gracias a que poseen ventajas competitivas. Ambas han encontrado en Argentina condiciones ideales de crecimiento que permiten lograr producciones eficientes y obtener frutas de muy alta calidad. Los volúmenes producidos son elevados, ubicándose en los primeros puestos del ranking mundial. Sus producciones se ven beneficiadas por la gran escala. Entre ambas aportan desde hace años alrededor del 70% de las exportaciones argentinas de frutas frescas.

Diferente es la situación de las restantes frutas. De ellas también se obtienen calidades muy buenas, frecuentemente superiores a las de otros países, pero no presentan las ventajas competitivas del limón y la pera. Esto hace que el comercio no logre desarrollarse plenamente: la exportación en fresco es acotada y no consigue superar cierto nivel. La mayor parte de su producción se destina al mercado interno y una parte se industrializa.

Pera

Se exportaron 336.000 toneladas, un volumen similar al de 2024 (-2%), pero superior al de los tres años previos. Latinoamérica continúa acentuando su liderazgo, recibiendo más del 50% del total exportado. En especial, el mercado brasileño aprecia la pera argentina y adquiere los mayores volúmenes. También en México, Perú y, en menor medida, Paraguay, Ecuador y Colombia se ha avanzado con los envíos.

Dentro de los destinos de ultramar se destacan, en orden de importancia, Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Esta última fue, hace muchos años, la principal compradora de peras argentinas, pero, debido a la expansión de su producción propia y a cambios en las preferencias varietales, ha reducido significativamente sus compras.

Limón

Luego del derrumbe de las exportaciones en fresco en 2024, se logró una recuperación parcial. Estas alcanzaron en el 2025 las 217.000 toneladas, un 27% más respecto de 2024, aunque sin llegar a las históricas 250.000 toneladas. Europa volvió a concentrar la mayor parte de la exportación (46%), seguida por Europa del Este. Estados Unidos, luego de importar volúmenes récord en 2023 y 2024, registró una caída asociada en parte al cambio de política exterior norteamericana, e importó solo 49.000 toneladas.

A diferencia de la mayoría de las otras frutas, Latinoamérica es un destino secundario para el limón argentino.

Fuente: Portal Fruticola