El euro cae como piedra
Cuando el euro comenzó a cotizarse, a principios de enero de 1999, su valor era de 1,17 dólares.
A partir de allí comenzó su sostenida desvalorización, interrumpida con suaves y cortos períodos de alza. En realidad fue, más que un desvalorización, un caída a pique.
Tal había sido su baja que, en octubre del año 2000, había caído a un piso de 0,84 dólares. En tan sólo un año y medio, la pérdida de valor estaba próxima al 30%.
A partir de esta fecha tan negativa para la moneda de la U.E., la cosa comenzó a cambiar. Desde allí el euro comenzó a mejorar hasta llegar, en el mes de enero siguiente, a una relación de 0,94 dólares por euro.
Pero, hubo un tiempo malo de nuevo que comenzó en febrero de 2001. Así la depreciación de la moneda de Europa volvió a caer y a mediados de ese año se colocó en un nivel de 0,85 dólares.
El euro resucita
En los meses siguientes de 2001 comenzó nuevamente a subir, de forma casi imperceptible, pero haciéndolo con marchas y contramarchas. Cada vez que subía su cotización, mejoraban los precios agrícolas. Y en febrero del año 2002, se encontraba en un valor de 0,88 dólares por euro.
La cuestión final es que entre su inicial cotización y febrero del año pasado la tendencia fue claramente negativa. Y esa tendencia estuvo acompañada de la depreciación que tuvo el real de Brasil también en las mismas fechas (ambas monedas con respecto al dólar.
Estos procesos de desvalorización afectaron la competitividad de la economía y de la capacidad exportadora de nuestro país.
Al estar el peso ligado con el dólar en una relación de igualdad en ese período, la apreciación del dólar, que se venía produciendo desde mediados de la década pasada, hizo que se apreciara nuestra moneda.
Pero es a partir de febrero de 2002 cuando comienza a subir una cuesta de forma bien clara.
El euro empuja hacia arriba los precios
La realidad es que a partir del febrero del año pasado el euro comenzó un período de sostenida alza de precio (revaluación), con algunos momentos de baja, llegando en estos últimos días a sus valores históricos más altos. En este momento el euro ha alcanzado un extraordinario valor que supera los 1,21 dólares.
Es decir que la cotización actual es superior al momento de arranque en el año 1999.
Desde el piso de 0,84 en octubre de 2000 hasta la actualidad, el euro se revalorizó 45% con respecto al dólar.
¿Qué significa esta para la Argentina?
Pues bien, quiere decir que el peso se desvalorizó en una proporción similar. A ello hay que agregar la devaluación, que tuvo el peso respecto al dólar, surgida luego de la eliminación de la Convertibilidad, de aproximadamente 200%.
En resumen y tomando en cuenta todas estas nuevas condiciones, desde el pasado octubre de 2000 y hasta la fecha, el peso tuvo una baja, respecto a la moneda europea, de alrededor del 260%.
La suba de valor del euro no es tanto resultado de lo que pasa en Europa sino más bien de lo que pasa en Estados Unidos. Es que en este último, en muy poco tiempo, se pasó de un superávit en las cuentas públicas a un fuerte déficit.
En el año 2004, el déficit fiscal llegará al 4% del PBI, a lo que se suma un fuerte déficit de la cuenta corriente que ronda el 5% de ese producto.
Toda pérdida de valor de dólar significa una mejora de valor del euro. Como donde se usa el euro, están unas de las principales naciones que importan granos y subproductos, el precio de éstos tiende a subir. Esto significa una mejora de valor en los commodities agrícolas. Muy especialmente en los que se dirigen a la U.E. pues a esa región ahora le resulta más barato en términos de euro la importación de commodities. En tal sentido, la soja y el girasol y lo subproductos observan una mejora, ya que esta región es una importante compradora.
Y al mismo tiempo, la nueva relación dólar-euro implica una pérdida de competitividad en la capacidad exportadora de la U.E. Por ello, el trigo de Argentina, Australia, EE.UU, etc se ve beneficiado
Pero el efecto no sólo es hacia esa región. También en los países asiáticos, al perder valor el dólar, las monedas locales suben. Y así el resultado sobre los bienes agrícolas es parecido.
Estas condiciones macroeconómicos internacionales aseguran, por el momento,
precios muy firmes.
