Una actividad que requiere para su desarrollo un escenario auspicioso de largo plazo, parece por fin tenerlo, sin depender ya, sólo de políticas locales históricas con vaivenes constantes. La sensación, es que el mercado nos empuja invariablemente a un escenario de varios años de crecimiento ineludible.
Ante esta premisa, como un tren furioso, la ganadería estaría demostrando que por fin ha soltado sus frenos, intentando salir pesadamente de la estación, ya no en un viaje corto y especulativo como tantas otras veces lo ha hecho. Parece que ahora, ante este contexto, quiere además probar también los rieles, para ver si después de tantos años, está en condiciones de correr más lejos y deprisa.
Para ir a toda velocidad, ese pesado tren, requiere de un orden que le permita coordinar no sólo las tareas básicas para funcionar. Necesita también una provisión de carbón y agua para crear el vapor necesario que lo habilite a tomar la velocidad buscada. Esta inercia pavorosa, requiere de operarios, que debajo del tren, coordinen su circulación, que hagan los cambios de vías necesarios, que eviten que choque con otras formaciones, y por sobre todas las cosas, que aseguren que los rieles, no sólo estén firmes, sino que, sobre todo, existan.
Por eso, este artículo, busca hacer un análisis básico del estado de situación del tren ganadero, para intentar interpretar si puede correr como cree. Busca comprender si por delante, existen las vías, y si están, cuál es su estado. Luego será cuestión de ordenar cómo deben funcionar. Ese es tema de otro debate.
No se pretende hacer un recorrido por estadísticas ya conocidas, sino analizar mediante éstas, el estado sobre el cual pretende correr. Busca un abordaje simple, tan simple, como preguntarse hasta dónde podemos llegar con la infraestructura que tenemos desde la evaluación del tendido ferroviario.
¿Qué viene pasando en la ganadería de carne argentina?
Según el Informe Semanal del 1 de agosto de 2025 de la Bolsa de Comercio de Rosario, SENASA informó que, durante 2025 se vacunaron contra la aftosa 49,4 millones de cabezas contra los 50,6 millones del mismo período en el año anterior. Esto representa una caída general del 2,4% del stock nacional.
Lo que más resalta este informe, es la caída de vientres. Con un total de hembras reproductivas de 27,4 millones, las existencias del 2025 demuestran unas 825.000 hembras menos; y remarca: “la extracción es demasiado fuerte, al punto de exceder el límite de la reposición”.
Según SENASA, hubo una pérdida de 1,2 millones de cabezas desde 2022. Las fuertes sequías llevaron a una liquidación. Surge aquí la primera pregunta:
¿Qué tan sólido es nuestro sistema ganadero que ante un evento climático adverso que limita la producción de forraje, obliga a deshacerse de cabezas? ¿Tenemos rieles sólidos para que el tren transite con mínimos tropiezos si no llueve?
La frecuencia práctica de ocurrencia de sequías en la región pampeana es del 25-30% (con ciertas variaciones en virtud de las localidades consideradas y sin detallar); siendo a su vez, muy similar a la frecuencia de eventos con excesos hídricos. Sólo la “mitad” de los años cumplen con las precipitaciones medias que rondan el 25%, sin considerar siquiera su distribución.
La mitad de los años es “normal”. La otra mitad, es expresada como “años especiales”, como si ello no tuviese una recurrencia regular.
Surge aquí una nueva duda: ¿tenemos un esquema de alimentación que contemple estas “anomalías” climáticas que definitivamente son “regulares” por su aparición? Si el primer afectado de estos eventos es la cría, generadora y locomotora de este tren, ¿no se deberían considerar fusibles menos traumáticos que la liquidación de cabezas por motivos climáticos de ocurrencia y frecuencia comprobadas? Primer indicio de un riel flojo…el tren corre, pero cuando llega a un tramo de vía debilitado, debe aminorar la marcha o peor aún, detenerse para no descarrilar.
Sin embargo, a pesar de haber menos vientres, la cantidad de terneros se sostuvo, pasando de una relación ternero/vaca del 65,8% al 67,9% en el mismo período. Con esto aparecen otros interrogantes: ¿serán los rieles de la cría los más débiles? ¿Los terneros se cambiaron de tren o directamente se subieron a otro transporte que les permitió un tránsito más sólido?
El mencionado informe, también resalta: “la mejora reproductiva está a la vista, pero no se puede crecer sin proteger a los vientres”.
Categórico
Según otra publicación de Infocampo, recabando información publicada por el AZ Group en un informe del 1 de julio de 2025 para la Asociación de Abeerden Angus, Argentina produce con 49,4 millones de cabezas, unas 3.000 ton. de carne; mientras que Estados Unidos con 94,2 millones de animales, alcanza 14,1 millones de toneladas. Sobre esto, destaca: “esta disparidad subraya que el potencial productivo argentino no se limita al tamaño de su rodeo, sino a la productividad animal”.
Nuevas preguntas: ¿qué tan chico es nuestro rodeo y hasta dónde podría crecer? Ya se sabe que cuando el clima castiga, el rodeo se reduce. ¿Por qué? ¿Faltarán rieles que permitan sostener la adversidad climática? ¿Por qué la productividad individual no es la que debería ser? ¿Además de la cría, tenemos otros rieles flojos?
Y prosigue: “la excelente relación ternero/vaca es buena para Argentina, pero dista del 87% de Estados Unidos”. Y agrega: “También vemos que el peso de faena, si bien mejoró, sigue siendo muy bajo, con 232 kg. de res al gancho, contra 264 kg. de Uruguay, 252 kg. de Brasil y 432 kg. de Estados Unidos”
El famoso bajo peso de faena argentino. ¿Cultural quizás? ¿Cuestión de mercado? Este punto representaría quizás un análisis del sindicato de señaleros…
Según el informe de Angus: “…los productores están aprovechando el buen momento de precios para terneros y vaquillonas priorizando la toma de ganancias”.
La situación es clara. Luego de años de malos escenarios climáticos y de precios, el productor necesita recomponer su estado. Sobre el mercado de precios poco puede hacer, pero ¿qué ocurre con la inclemencia climática que obliga a bajar la carga animal? Desde ya que no puede hacer llover más, pero sí puede instrumentar mecanismos forrajeros factibles de morigerar el efecto.
No hay dudas que nos faltan vacas, nos faltan terneros, y nos falta peso de faena. Tenemos un tren corto y liviano.
Repasando el stock, distribución ganadera actual, y el posible futuro, puede inferirse el estado de las vías para determinar si es posible transitarlas con trenes más largos, pesados, rápidos y seguros…
El stock ganadero y su distribución
Según el Informe de Cierre de Existencias Ganaderas Bovinas al 31 de diciembre de 2024 del Ministerio de Economía, el total de cabezas asciende a 51.626.909 animales, siendo la distribución vacuna, conformada de este modo.

*Nota: el error de correspondencia de colores entre gráfico y mapa, corresponde a la publicación de origen. Buscando un sentido de interpretación práctica, podría decirse que la mayoría del stock ganadero se encuentra en la región pampeana, siendo el NEA el segundo concentrador vacuno, mientras que el resto de las regiones, aporta cantidades menores (NOA, Cuyo y Patagonia).
Dentro de la región pampeana, la provincia de Buenos Aires concentra el mayor stock, que se acerca a los 20 millones de cabezas. Como representa la porción mayoritaria (casi el 40% del stock total), y se conocen datos relativamente precisos “del estado de las vías”, focalizaremos allí el análisis como una herramienta que permite inferir el estado general de situación.
Cuadro N° 1: Existencias ganaderas en provincia de Buenos Aires, equivalentes vaca (EqV) considerados, superficie estrictamente rural, superficie agrícola y ganadera estimadas, y carga de cálculo para la provincia de Buenos Aires.

* Informe de existencias ganaderas al 31-12-2024. Ministerio de Economía
** Método de siemplificación de carga animal Cocimano et al. (1977)
Si estos datos son someramente aceptables, cabrían varias preguntas sobre el estado actual de la provincia de Buenos Aires:
¿Es factible que la receptividad ganadera global actual de la provincia de Buenos Aires pueda ser capaz de asumir una carga de 0,89 EqV/ha como hoy tiene, sin que su productividad se vea limitada?
Y a la vez, ¿qué posibilidades existen de incrementar la carga ante un eventual crecimiento de la ganadería sin modificar la actual matriz de producción forrajera?
Las preguntas bases responden a la duda sobre el estado de las vías sobre las que circula hoy el tren de la ganadería, y que pasaría con ella si creciese. En este último caso, ¿tendríamos rieles suficientes y sólidos para acompañar ese crecimiento?
¿Cómo está la base forrajera hoy?
La receptividad está determinada por la capacidad de sostener el ganado con la productividad forrajera de cada hectárea. Esto incluye silajes y otras fuentes de gran capacidad de generación de materia seca/ha, que, aplicando manejo de uso en la capacidad natural de lote, puede incrementar su volumen de base. En el otro extremo, están las grandes extensiones de pastizales que amortiguan ese valor de productividad por su manejo extensivo y un menor potencial ambiental. Las pasturas implantadas están en el medio de ambos extremos.
Bajo este concepto: ¿Cómo está conformada la base forrajera bonaerense que sustenta al 40% de la ganadería argentina hoy? ¿Es capaz de sostener la carga actual sin perjuicio de la productividad potencial? Si la ganadería creciese, ¿podría ser capaz de sustentarla en el estado actual?
Cuadro N°2: Base forrajera bonaerense comparada con su constitución nacional

En virtud de estos valores, según los datos de CNA 2018, éstos, parecerían indicar que de 18,7 millones de has. estrictamente ganaderas, sólo algo más de 1 millón de has. son pasturas permanentes; mientras que 1,6 millones de has. son verdeos (invierno y verano).
Según estos datos, menos del 15% de la superficie ganadera está cubierta por pasturas y verdeos. El 75% restante, son pastizales naturales o situaciones similares con aportes secundarios de alimentación, donde el foco principal no es la maximización de la cantidad ni de la calidad de materia seca pensada en términos de productividad bovina. Esto no sólo limita el volumen, sino también la estabilidad de oferta y calidad. Aún, asumiendo posibles distorsiones en los datos, la estadística no dista de la observación subjetiva.
Surgen entonces, nuevas preguntas: si la productividad ganadera está fundamentada en esta composición de contexto, ¿no parece escasa la superficie capaz de producir cantidad, calidad y estabilidad forrajera para una ganadería que pretende crecer? ¿Con esta composición forrajera que limita definitivamente cantidad y calidad de forraje, la receptividad del cálculo anterior no parece estar forzada?
Es claro que dentro del universo ganadero existen los confinamientos, que permiten sumar muchas cabezas por unidad de área y que su alimentación tiene otros componentes mayoritarios que no son forraje. Sin embargo, ¿cuánto puede representar esto último sobre el total del tren?
Según el stock informado (ver cuadro N°1), el 65% de la carga bonaerense está constituida por la cría y parte de la recría (vacas, terneros, toros y toritos). La base de la alimentación de estas categorías, indiscutiblemente es pastoril. ¿No deja esta situación un escenario de mucha fragilidad e inestabilidad ante años climáticamente hostiles? Si la ganadería pretendiese aumentar su base productiva, ¿la provisión y estabilidad de la producción forrajera no presenta un techo muy cercano e inestable para colmarla?
En términos ferroviarios, la cría podría identificarse con la locomotora, y la recría con el vagón
carbonero. Indiscutiblemente, lideran el movimiento de la ganadería. Si la situación de la base forrajera es la analizada, podríamos decir que los rieles están flojos y supeditados al humor climático desde lo productivo, y que, si se pretende crecer, locomotora y vagón carbonero al menos, pesarán más, correrán más rápido y querrán ir más lejos. Entonces, ¿el ramal actual, puede soportarlo? Claramente es una pregunta retórica.
El resto del país
La ganadería no está sólo en Buenos Aires. Sin embargo, ésta contiene buena parte de las pasturas y verdeos del país. Cuando se proyecta que el resto del territorio argentino (incluyendo el resto de la región pampeana) sólo acumula menos de 2,7 millones de hectáreas de pasturas perennes y 2,1 millones de hectáreas de verdeos, parecen muy escasas las superficies de producción forrajera en volumen y calidad. Estas hectáreas, además, incluyen pasturas templadas y megatérmicas. El resto de la base pastoril, lo representarían pastizales naturales y otras formaciones de baja capacidad de receptividad ganadera, y menor estabilidad productiva.
Sumado a ello, en la medida que la distancia al territorio bonaerense se amplía, las condiciones ambientales son más hostiles, y en la mayoría de los casos, de comportamiento climático aún más errático. Regresan pues, las preguntas: ¿qué receptividad tienen esos ambientes? ¿No sería esperable incluso que sean aún inferiores y/o más inestables? ¿Podrían alojar en el estado actual más bovinos que hoy?
En toda la Argentina, no se superan los 7,5 millones de hectáreas de recursos forrajeros cultivados. Buenos Aires concentra 2,6 millones, los restantes 4,9 millones de hectáreas están en el resto del país. Es una cantidad tan mínima, que para poner en perspectiva la totalidad de toda esta superficie cultivada, ésta no alcanzaría a cubrir siquiera el 80% de La Cuenca del Salado de la provincia de Buenos Aires.
Cabe pensar que, ante escenarios de restricción climática, la ganadería puede reposicionar parte de su locación temporalmente en otras áreas como ya lo ha hecho infinidad de veces, pero no sin perjuicio de su capacidad productiva y de su rentabilidad. Ahora, ante un eventual crecimiento ganadero con igual base forrajera, ¿no se pone en peligro la sustentabilidad del sistema en su conjunto?
A modo de ilustración comparativa, según la Oficina Australiana de Estadísticas (ABS) y el Meat & Livestock Australiano (MLA), Australia, cuenta con 30,5 millones de bovinos y 72 millones de ovinos; ocupando esto 20 millones de hectáreas de pasturas cultivadas, y cerca de 40 millones de pastizales (Ann Hamblin 2016-Pastizales en las regiones agrícolas de secano en Australia).
Argentina tiene 51 millones de vacunos y cerca de 8 millones de ovinos (CNA 2018) en 7,5 millones de pasturas sembradas.
Para visualizar las diferencias, si se consideran 5 ovejas como 1 eV, sólo a los efectos de comparación matemática, y salvando las distancias entre países, Argentina tiene 3 veces más vaca/ha sobre pasturas sembradas que Australia. Esta aparente sobrecarga nacional está claro que no se define por un exceso de vacas, sino por una deficiencia de superficie de pasturas. Imaginemos el escenario si lo que se pretende es tener aún más cabezas, como parecería vislumbrar un futuro auspicioso.
Esto no pretende desmerecer el valor estratégico que tienen los pastizales naturales. Sobre éstos, de hecho, nos debemos un mayor conocimiento y capacidad de utilización sustentable, sin embargo, no deja de provocar algunas preguntas finales: ¿es suficiente la cantidad, calidad y estabilidad de la generación de forraje, para mantener y permitir un crecimiento de la ganadería bovina si decide acelerar la marcha?
Para ponerlo finalmente en los mismos términos ferroviarios del principio: ¿tenemos las vías férreas actuales y futuras en condiciones para que el tren vaya más cargado, más rápido, de modo estable y más lejos?
Y haciendo alusión a la nota publicada por este mismo autor en enero de 2026, respecto de la relación tan favorable entre kg de carne/semilla forrajera; los rieles, parecen estar más baratos que nunca, y el tren parece querer romper su fatigosa inercia por fin.
¿No será el momento propicio para asegurar las vías?
Por Ing.Agr. Juan Lus Gte. de Desarrollo de Las Praderas Semillas - Consultor privado
Co-conductor del Podcast: Dos por el Pasto


