Sólo el cacao en grano pasó de representar US$ 170 millones a alcanzar US$ 327 millones en esa partida, con una variación de 125% respecto al año anterior. En segundo lugar se ubica el café en grano, que experimentó un alza de 108% en valor.

Sin embargo, mientras el valor exportado creció 52%, el volumen lo hizo en 22%.

Frutas orgánicas peruanas

Al aterrizar en el segmento de las frutas orgánicas, David Sandoval, CEO de Fluctuante, señaló que el crecimiento fue de 35%, pasando de US$350 millones a US$472 millones.

El desempeño estuvo impulsado principalmente por los arándanos, que encabezan la lista, seguidos por el banano orgánico, las paltas frescas orgánicas, los mangos (congelados y frescos), la piña deshidratada, las uvas y los cítricos.

El ejecutivo puntualizó que en el caso de los arándanos frescos orgánicos, Estados Unidos es el principal mercado de destino, seguido de Europa, específicamente Países Bajos.

Añadió que “estos mercados absorben prácticamente la totalidad de las exportaciones peruanas en la categoría de orgánicos”.

Para el banano orgánico, el principal destino es Países Bajos, seguido por Estados Unidos, Panamá e Italia, “en tanto, las paltas frescas orgánicas se dirigen principalmente a España, Países Bajos y otros países de Europa, Asia y América del Sur”, acotó.

Consultado sobre el desarrollo de nuevos frutales en la categoría, Sandoval precisó que no se han incorporado nuevos cultivos en los últimos cuatro años.

Desafíos pendientes

Uno de los puntos críticos mencionados por el CEO de Fluctuante tiene relación con la falta de obligatoriedad para consignar si un cultivo es orgánico o no en los registros de exportación.

“No todos los exportadores declaran el componente orgánico, y eso genera espacios en blanco en la información estadística”, explicó. Esta limitación también se observa en el desglose por regiones productoras, donde existen vacíos relevantes.

El ejecutivo fue claro al indicar que el sector orgánico atravesó un declive entre 2022 y 2023, pero logró recuperarse en 2024 y 2025, impulsado por una mayor conciencia del consumidor internacional, especialmente en Europa y Estados Unidos.

“El nuevo consumidor busca cuidar su salud y exige trazabilidad: saber desde qué huerto viene el producto y qué ruta siguió hasta su destino final”, comentó.

De cara al presente año, Sandoval especificó que el principal desafío va en la línea de fortalecer el cumplimiento de las exigencias orgánicas y asumir la certificación no como un gasto, sino como una inversión.

También reconoció que aún falta profundizar en el análisis sobre el retorno de la inversión entre productos convencionales y orgánicos.

Finalmente concluyó diciendo: “El reto es cambiar el chip: entender que el producto orgánico puede generar mayor valor en el mercado de destino y consolidar así un crecimiento sostenible en el tiempo”.