Sin embargo, la magnitud del incremento resulta limitada frente al riesgo geopolítico creciente, y los analistas advierten que el verdadero test será la capacidad del mercado para absorber una eventual disrupción prolongada.

Barclays elevó su proyección para el Brent hacia la zona de los US$100 por barril, tras los ataques a instalaciones en Irán y el aumento de las tensiones regionales. Según el banco, el mercado podría enfrentar sus "peores temores" si se materializan interrupciones relevantes en la oferta. A esto se suma la decisión de grandes operadores logísticos, como Maersk, de suspender el tránsito marítimo desde y hacia el Estrecho de Ormuz, un punto neurálgico por donde circula una porción crítica del petróleo mundial.

Aun así, algunos estrategas consideran que, si bien Irán conserva la capacidad de "utilizar como arma" el petróleo, el escenario base no apunta —por ahora— a un shock extremo como el de los años 70, la invasión de Kuwait o el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania. El consenso actual ubica al Brent consolidándose por encima de los US$80, con riesgo alcista hacia los US$100, pero lejos de niveles descontrolados superiores a US$150.

La vulnerabilidad del mercado energético queda expuesta: con inventarios ajustados, primas de riesgo en alza y creciente incertidumbre logística, cualquier escalada adicional podría amplificar la volatilidad. El mensaje es claro: aunque la OPEP+ intente equilibrar la oferta, el verdadero driver de corto plazo es la geopolítica. Y ese factor, hoy, domina el tablero.

Por Esteban Moscariello