El estudio parte de una premisa sencilla pero contundente: sin polinizadores, la eficiencia productiva de este cultivo se reduce drásticamente. La investigación demuestra que la interacción entre abejas y flores no solo garantiza la fecundación, sino que también mejora la uniformidad, el peso y la calidad de las semillas. En un contexto global marcado por la búsqueda de energías renovables y sistemas agrícolas más sustentables, este hallazgo adquiere relevancia estratégica.

“Las abejas son agentes invisibles de productividad. Su trabajo silencioso se traduce en más rendimiento y mejor calidad”, señala el documento, subrayando la necesidad de integrar prácticas apícolas en los sistemas de producción.

El trabajo se inscribe en una tendencia internacional que busca optimizar cultivos energéticos sin descuidar la biodiversidad. La brassica carinata, además de su potencial para biocombustibles, aporta beneficios agronómicos, ya que mejora la rotación de cultivos, contribuye a la cobertura de suelos y se adapta a diferentes ambientes. Sin embargo, su éxito depende de un factor clave: la polinización eficiente.

El estudio también pone de relieve un aspecto social y económico: la importancia de fortalecer la relación entre productores agrícolas y apicultores. La sinergia entre ambos sectores puede convertirse en una herramienta poderosa para mejorar la competitividad y garantizar la sustentabilidad. “La ciencia aplicada debe ser puente entre actores de la cadena, generando beneficios compartidos”, sostiene Orellano.

La experiencia del INTA Rafaela abre un camino hacia modelos productivos que integren innovación tecnológica, sustentabilidad y cooperación. En palabras de los investigadores, el desafío es avanzar hacia sistemas donde la ciencia de la polinización deje de ser un conocimiento de nicho y se convierta en práctica habitual, capaz de transformar la producción agrícola y energética.

Con este aporte, el INTA reafirma su rol como generador de conocimiento aplicado, capaz de vincular la investigación con las necesidades concretas del territorio. La carinata se proyecta como cultivo energético y símbolo de una agricultura que busca ser más eficiente, diversa y sustentable.
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Fuente:  El ida por el campo