En los sistemas modernos de crianza intensiva de terneros, la eficiencia productiva depende en gran medida de la estabilidad fisiológica durante las primeras semanas de vida. En este contexto, la abomasitis bovina aparece como una de las patologías más subdiagnosticadas y de mayor impacto económico, especialmente en animales lactantes alimentados con leche o sustitutos lácteos.

Aunque en bovinos adultos pueden observarse alteraciones abomasales asociadas al posparto —como ulceraciones, atonía o desplazamientos—, la abomasitis aguda es poco frecuente en esta categoría. En cambio, en terneros jóvenes puede presentarse como un síndrome agudo y fulminante, con altas tasas de mortalidad neonatal y efectos negativos sobre el desarrollo ruminal y la conversión alimenticia.

Una enfermedad más frecuente de lo que indican los diagnósticos

La abomasitis es considerada una enfermedad multifactorial, cuyos casos clínicos suelen confirmarse post mortem. Estudios internacionales reportan lesiones abomasales en hasta el 70% de los terneros al sacrificio, lo que evidencia una prevalencia mucho mayor que la percibida a nivel de campo.

En Argentina, los brotes se concentran principalmente en establecimientos con pariciones agrupadas, donde confluyen factores de riesgo como sobrealimentación con leche, deficiencias en la higiene de baldes y válvulas, fallas en el calostrado o exposición a patógenos ambientales. También se han descrito casos asociados a sobredosificación de halofuginona, de origen iatrogénico.

Principales factores predisponentes

Entre los factores más relevantes se destacan los de tipo nutricional, sanitario y ambiental. La sobrealimentación con leche o fórmulas hiperosmolares, los cambios bruscos en la concentración de sólidos y el uso de leche cruda o contaminada pueden generar retraso en el vaciamiento abomasal, distensión y fermentación anormal.

Desde el punto de vista sanitario, bacterias como Clostridium perfringens, C. septicum y Paeniclostridium sordellii liberan toxinas que provocan necrosis hemorrágica y toxemia, mientras que el estrés térmico, el hacinamiento y una higiene deficiente favorecen la inmunodepresión y la proliferación bacteriana.

Cómo se desarrolla la enfermedad

La fisiopatología de la abomasitis puede resumirse en una secuencia de eventos. Inicialmente, una sobrecarga de leche genera acumulación de sustratos fermentables y producción de gases, lo que provoca distensión y daño mucoso. Esta distensión compromete la microcirculación, generando necrosis isquémica, seguida por la proliferación de bacterias anaerobias y liberación de toxinas.

En los casos más severos, se produce una endotoxemia sistémica, con activación del síndrome de respuesta inflamatoria sistémica, shock hipovolémico y, frecuentemente, muerte súbita. En necropsia, el abomaso suele presentar engrosamiento de la pared, mucosa hemorrágica y contenido con olor pútrido.

Signos clínicos y dificultades diagnósticas

La evolución clínica es rápida, generalmente entre 12 y 48 horas, y muchos casos no son detectados en vida. En la práctica argentina, el diagnóstico se basa mayormente en signos visibles, ya que no es habitual la utilización de análisis sanguíneos o ecografías en terneros.

Los signos más frecuentes incluyen distensión abdominal aguda, especialmente en el flanco derecho, dolor abdominal evidente, anorexia, depresión marcada y, en los cuadros más graves, muerte súbita. En algunos casos, tras una aparente mejoría inicial, el animal fallece dentro de las 48 a 72 horas.

Impacto productivo y económico

La abomasitis presenta una mortalidad estimada entre el 60 y el 90% de los casos clínicos, incluso bajo tratamiento intensivo. A esto se suman efectos subclínicos que reducen la eficiencia digestiva, enlentecen el crecimiento y aumentan los costos por medicamentos, atención veterinaria y descarte anticipado.

Se estima que una sola pérdida neonatal puede superar los USD 100, sin considerar las pérdidas productivas acumuladas a lo largo de la vida del animal.

Prevención: la herramienta más eficaz

Dado el pronóstico reservado, la prevención resulta clave. Entre las medidas más importantes se destacan el control de la temperatura y osmolaridad de la leche, el fraccionamiento de las tomas, la correcta transición del calostro a la leche y un calostrado eficiente durante las primeras horas de vida.

Asimismo, mantener una higiene rigurosa de baldes y equipos, buena ventilación, control térmico y densidad adecuada contribuye a reducir el estrés y la incidencia de trastornos digestivos. En cuanto al tratamiento, la fluidoterapia intensiva y el uso racional de antimicrobianos, siempre bajo criterio veterinario, son fundamentales.

Una amenaza silenciosa que requiere enfoque integral

La abomasitis bovina representa una amenaza silenciosa para la crianza temprana, con fuerte impacto en el bienestar animal y la rentabilidad. Su abordaje requiere un enfoque integrado, que combine manejo nutricional, sanitario y ambiental, adaptado a las condiciones de cada establecimiento.

La prevención sostenida y la detección temprana siguen siendo las herramientas más eficaces para transformar este problema subdiagnosticado en una oportunidad de mejora productiva.

Con información de tecnewsprovimi.com