La Antártida ha dejado de ser una frontera helada y lejana para convertirse en un espacio decisivo para el siglo XXI. Lejos de la imagen de una desolación intacta, el continente blanco se erige como un escenario geopolítico, científico y económico de importancia crítica a nivel global. Es el aire acondicionado del planeta, un banco de datos único sobre el cambio climático y un potencial reservorio de recursos naturales aún inexplorados. En este nuevo tablero de competencia internacional, donde la cooperación científica coexiste con sutiles (y últimamente no tan sutiles) pujas estratégicas, la Argentina no es un actor más, sino una nación con derechos soberanos históricos y una presencia ininterrumpida desde 1904, avalada por su condición de miembro fundador del Tratado Antártico.

Para nuestro país, el Sector Antártico Argentino —que se extiende entre los meridianos 25° y 74° Oeste y del paralelo 60º Sur al Polo Sur— representa un componente irrenunciable de la integridad territorial y la defensa nacional, tal como lo establece la Ley 23.554. Sin embargo, esta realidad histórica y geográfica se ve amenazado por una paradoja: mientras otras naciones incrementan sus capacidades e influencia, la Argentina enfrenta desafíos internos de coordinación y proyección que diluyen su potencial. Como señala el ex comandante del Comando Conjunto Antártico (2020-2024) General de Brigada (R) Edgar Calandín, “el país posee una oportunidad geopolítica única", sustentada en una ubicación privilegiada, una sólida experiencia científico-operativa y una infraestructura de bases que recorre desde la Península Antártica hasta el corazón del continente. La proximidad de Ushuaia, a tan solo 1.000 km, consolida a la provincia de Tierra del Fuego como la puerta de entrada natural.

No obstante, la inacción conlleva una pérdida irreversible de capital estratégico. La cuestión antártica ya no se limita a la diplomacia o la investigación; es también una arena de competencia logística y económica donde Chile y el Reino Unido, entre otros, avanzan con agendas claras y recursos sostenidos. La Antártida es, además, un espacio de proyección económica futura, por su potencial en recursos minerales, biogenéticos y por el control de las rutas logísticas que conectan los océanos. Frente a este panorama, es imperioso transitar de una política reactiva a una de Estado, proactiva e integral. Este artículo propone cuatro ejes estratégicos para reposicionar a la Argentina: la creación de una Agencia Nacional Antártica, la transformación de Ushuaia y Río Grande en un eje logístico-turístico, la sanción de una nueva Ley Antártica Nacional y la participación privada en la actividad antártica argentina (bajo control del Estado Nacional). Solo mediante una visión unificada y ambiciosa podremos consolidar nuestra soberanía y aprovechar las oportunidades que el continente blanco ofrece a las generaciones futuras.

La presencia argentina en la Antártida es un activo histórico y geopolítico de valor incalculable. Sin embargo, este capital se ve severamente comprometido por una falla estructural fundamental: la fragmentación institucional. En la actualidad, la acción del Estado en el continente blanco está dispersa entre una constelación de organismos que, pese a su compromiso, carecen de una conducción unificada y una visión estratégica común. El Comando Conjunto Antártico (COCOANTAR), la Dirección Nacional del Antártico (DNA), el Instituto Antártico Argentino (IAA) y la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur operan con lógicas, presupuestos y objetivos que, con frecuencia, se superponen o, peor aún, se contradicen.

Esta descoordinación genera una serie de problemas concretos: duplicación de esfuerzos logísticos y científicos, dilución de la responsabilidad, dificultades para la planificación a mediano y largo plazo, y una representación internacional que, en foros clave como el COMNAP o el SCAR, carece de la contundencia que debería tener una nación de las credenciales antárticas de la Argentina. La Ley de Defensa Nacional 23.554 establece con claridad que "La Defensa Nacional abarca […] el sector antártico argentino". No obstante, la ausencia de un órgano rector específico impide materializar este mandato en una política de Estado coherente y sostenida.

La Propuesta: Una Agencia Nacional Antártica (ANA)

Frente a este diagnóstico, es imperiosa la creación de una Agencia Nacional Antártica (ANA). No se trata de sumar otra burocracia, sino de crear un organismo de rango ministerial o supra ministerial con la autoridad suficiente para articular, planificar y ejecutar la política antártica nacional en su conjunto.

Las funciones centrales de esta agencia serían:

  • Planificación Estratégica Unificada: La ANA sería responsable de diseñar el Plan Estratégico Antártico Nacional a 10 y 20 años, integrando las dimensiones científica, logística, ambiental, económica (turismo) y de defensa. Este plan trascendería los ciclos políticos, garantizando continuidad y previsibilidad.
  • Coordinación Efectiva: Actuaría como el nexo central obligatorio entre todos los actores. Bajo su órbita, las Fuerzas Armadas (a través del COCOANTAR) proveerían el soporte logístico y de seguridad, el Instituto Antártico Argentino definiría las prioridades científicas en consonancia con la estrategia nacional, y la Provincia de Tierra del Fuego sería un socio fundamental en el desarrollo del eje logístico Ushuaia-Río Grande-Petrel.
  • Representación Internacional Unívoca: La ANA concentraría la representación argentina en todos los foros del Sistema del Tratado Antártico, llevando una voz única y coherente. Esto fortalecería nuestra posición negociadora y nuestra capacidad de influencia en la gobernanza del continente.
  • Administración y Optimización del Presupuesto: Gestionaría un Fondo Antártico Nacional integrado por partes específicas del presupuesto nacional, potenciales ingresos por servicios logísticos a terceros países y un FONDEF revitalizado. Esto permitiría priorizar inversiones críticas, como la reactivación de la Base Petrel o la modernización de la flota antártica, por sobre el gasto corriente.

Fundamento y Oportunidad

La creación de la ANA no es un fin en sí mismo, sino la piedra angular que habilita el resto de la estrategia. Es el instrumento que permitirá "consolidar una política de Estado con visión de futuro" para la cuestión antártica. La reciente desinversión y la amenaza de desmantelamiento de empresas estratégicas como Tandanor o la fuga de capacidades técnicas, evidenciadas en la gestión del actual gobierno, no hacen más que reforzar la urgencia de contar con una agencia que defienda los intereses antárticos nacionales por encima de las coyunturas.

La creación de la Agencia Nacional Antártica no es una mera reforma administrativa; es una declaración de principios. Es la decisión soberana de ordenar nuestras capacidades, potenciar nuestros recursos y proyectar nuestro poder blando y científico en el continente blanco, asegurando que las futuras generaciones de argentinos hereden una Antártida no solo reclamada, sino efectivamente administrada y integrada al desarrollo nacional.

Transformación de Río Grande, Ushuaia y de la Base Petrel en el Eje Logístico-Turístico Antártico 

La posición geográfica de la Argentina no es solo un dato cartográfico, es un activo geoestratégico de primer orden. La Provincia de Tierra del Fuego se erige como el puente natural entre la América del Sur continental y la Antártida. Sin embargo, este potencial permanece subutilizado, mientras naciones como Chile, con Punta Arenas, y el Reino Unido, desde las Islas Malvinas, avanzan decididamente para consolidarse como las puertas de entrada al continente blanco. Frente a este escenario, es imperioso desarrollar una visión que trascienda la mera conexión puntual y construya un eje logístico-turístico integrado, articulando de forma sinérgica las capacidades de Río Grande, Ushuaia y la Base Petrel.

El objetivo es claro y ambicioso: convertir a Ushuaia en la "primera ciudad antártica" del mundo y a Río Grande en el polo logístico-industrial especializado, creando un corredor bioceánico antártico que desplace a la competencia regional y posicione a la Argentina como el actor central en el acceso al Sector Antártico Argentino.

a) Río Grande: El Polo Logístico-Industrial

Complementando a Ushuaia, Río Grande debe capitalizar su perfil industrial y su infraestructura existente para convertirse en el soporte técnico y operativo del eje:

  • Construcción y Modernización de Infraestructura Crítica: La construcción de un puerto y la modernización del aeropuerto en Río Grande son prioritarias para descargar a Ushuaia de la logística pesada y operar vuelos de carga de mayor alcance y buques de abastecimiento polar.
  • Zona Franca de Logística Polar: Crear un régimen especial dentro de la Zona Franca de Río Grande destinado a empresas especializadas en mantenimiento de aeronaves y buques polares, fabricación de equipamiento de frío extremo, almacenamiento de combustibles especiales y desarrollo de tecnologías para la operación antártica.
  • Centro de Mantenimiento Polar: Aprovechar las capacidades de su parque industrial y su tradición técnica para establecer un centro de mantenimiento y reparación autorizado para las flotas antárticas nacionales e internacionales, generando empleo de alta calificación y reteniendo valor económico en la provincia.

b) Ushuaia: La "Primera Ciudad Antártica"

Más allá de su eslogan turístico, Ushuaia debe transformarse en una capital antártica tangible. Esto requiere:

  • Identidad Urbana y Conocimiento: Desarrollar un distrito antártico que albergue un Museo Nacional del Antártico de estándar internacional, un Centro de Interpretación para visitantes y la sede de la Universidad Nacional de la Antártida (o una facultad especializada de la UNTdF), fomentando la formación de recursos humanos y la divulgación. La ciudad debe "respirar" Antártida en su arquitectura, su oferta cultural y su vida académica.
  • Infraestructura Portuaria de Alta Gama: No basta con recibir cruceros; hay que servirlos y capitalizarlos. Es crucial la construcción de una terminal de ultramar especializada capaz de atender simultáneamente múltiples buques de pasajeros y de investigación, con servicios de abastecimiento, mantenimiento y logística inversa. Esto convertiría a Ushuaia en un puerto base, no solo de escala.
  • Turismo de Experiencia y Conocimiento: Promover paquetes que, más allá del avistamiento, incluyan charlas de científicos argentinos, visitas a simuladores logísticos y actividades que enfaticen la historia y la soberanía nacional, formando "embajadores" informados de la causa antártica argentina. Desde la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTdF) se podrían brindar capacitaciones a los guías de turismo argentinos que cada vez en mayor número, son empleados en los cruceros y se dedican a interactuar y guiar a los visitantes en los días que dura el viaje. Ellos son nuestros embajadores ante todos los visitantes del continente blanco, es responsabilidad estatal el darles a ellos las herramientas para que puedan defender nuestra soberanía a través de la palabra.

c) Base Petrel: La Plataforma Multimodal Avanzada

La finalización de las obras de transformación en la Base Petrel son el eslabón que completa y potencia toda la estrategia. No es solo una base más; es la pieza clave para la proyección hacia la Antártida profunda.

  • Aeródromo de Operación Permanente: Convertir a Petrel en un aeródromo operativo todo el año, con pistas aptas para aviones de transporte mediano como los C-130 Hércules y los Basler BT-67, permitiendo un puente aéreo directo y eficiente desde el continente.
  • Muelle y Terminal de Carga: Construir un muelle desarmable con capacidad de carga y descarga de buques polares y una terminal de carga que permita la transferencia segura de contenedores y combustibles desde los buques de abastecimiento, transformando a Petrel en un hub de redistribución hacia otras bases argentinas y extranjeras. En el proyecto original se había analizado la construcción de un muelle con capacidad para amarrar buques de hasta 120 metros de eslora, con una dársena de aguas calmas y protegida de los escombros de hielos para embarcaciones del tipo bote de goma o barcazas. El lugar que había sido designado para la instalación del muelle era el sector ubicado al norte del Cabo Welchness, sobre la rada Petrel. Esa zona es dónde normalmente operan los buques. Luego, se realizaron estudios de factibilidad y complejidad, donde se determinó que las corrientes marinas y la acumulación de hielos durante la época invernal desaconsejan la construcción (al menos por el momento) de un muelle, como así también de un embarcadero. Por lo cual, se decidió la eliminación del proyecto de un muelle permanente y se mantendrá el empleo de un muelle de duraluminio tipo temporario confeccionado con material de puente M4T6, que permite su armado y desarmado en función a las necesidades de la recepción de cargas en la zona costera.
  • Conectividad con la Antártida Profunda: Petrel debe funcionar como el nodo de conexión entre el eje fueguino y las pistas de hielo azul del interior continental, como la que da acceso a la Base Belgrano II. Esto acortaría drásticamente los tiempos de viaje y abarataría los costos logísticos de las campañas científicas más australes.

Esta triada no es una mera suma de partes, sino un sistema sinérgico. Como bien señalaba la presentación inicial, se trata de "conformar junto con la ciudad de Ushuaia un eje de ingreso al continente antártico". La Isla Grande de Tierra del Fuego puede convertirse en un hub científico-logístico de alcance global", y Petrel, como "plataforma multimodal", es la extensión necesaria de ese hub.

La materialización de este eje no solo genera una proyección de soberanía irrefutable a través de la presencia y el servicio efectivo, sino que también posiciona a la Argentina como un socio logístico indispensable para los programas antárticos de otros países, especialmente aquellos sin experiencia polar, en un esquema de cooperación "ganar-ganar". Es la concreción física de una política de Estado que comprende que, en el siglo XXI, la soberanía se ejerce también a través de la capacidad de conectar, abastecer y liderar en el territorio que se reclama.

Un pilar legal para la estrategia: Una Ley Antártica que trasciende lo ambiental y consolida la soberanía.

La implementación de los ejes estratégicos anteriormente desarrollados requiere un sustento legal robusto y moderno que trascienda la actual fragmentación normativa. Si bien la Ley de Defensa Nacional 23.554 incluye al sector antártico en su concepción de defensa integral, este marco resulta insuficiente y anacrónico para los desafíos del siglo XXI. La realidad es que no existe una ley específica que unifique de manera coherente las dimensiones científica, logística, turística, ambiental y de defensa en la Antártida, lo que condena a las iniciativas a depender de la voluntad política circunstancial y a operar en un vacío de planificación de Estado.

Por ello, la promulgación de una Nueva Ley Antártica Nacional se erige no solo como un complemento, sino como el pilar fundamental que dará sustento y permanencia a toda la estrategia. Esta ley debe ser la herramienta que institucionalice una visión integral, estableciendo como política de Estado prioritaria el desarrollo y la consolidación de la presencia argentina en el continente blanco.

Los contenidos centrales de esta nueva legislación deben incluir, de manera explícita:

  • El reconocimiento de la Antártida como prioridad nacional, vinculando su desarrollo al interés nacional y a la defensa de la integridad territorial.
  • La creación de la Agencia Nacional Antártica (ANA), dotándola de personería jurídica, autonomía funcional y la autoridad necesaria para coordinar todos los programas nacionales.
  • Un Régimen de Promoción Industrial y Científica específico para la Provincia de Tierra del Fuego, con incentivos fiscales y aduaneros que fomenten la radicación de empresas de logística polar, tecnología antártica y servicios especializados, consolidando su rol geoestratégico.
  • Mecanismos de financiamiento permanente y previsible, como la reinstitucionalización y fortalecimiento del FONDEF (Fondo Nacional de la Defensa), destinando un porcentaje específico de sus recursos a la modernización de la infraestructura y el equipamiento antártico.
  • Un marco ambiental robusto, pero con visión de desarrollo, que permita actividades económicas sostenibles como el turismo de calidad, enmarcadas en los más altos estándares de protección, demostrando que conservación y presencia soberana no son conceptos antagónicos, sino complementarios.

Esta Ley Antártica no sería solo una pieza de legislación; sería el contrato social que selle el compromiso de la Nación con su futuro antártico. Es el instrumento que proveerá la estabilidad y los recursos necesarios para pasar de la declaración a la acción, garantizando que la Argentina no solo reclame su sector antártico, sino que lo administre con la eficacia y la visión de futuro que su enorme potencial exige.

Fomento de la participación privada (con control estatal) como motor de financiamiento y continuidad para los proyectos antárticos.

El cuarto eje estratégico postula un cambio de paradigma en el modelo de gestión: la incorporación de capitales y capacidades del sector privado en la actividad antártica, bajo un marco de estricta supervisión y rectoría del Estado nacional. Este modelo de Alianza Público-Privada (APP) se erige como la solución más viable para superar el crónico déficit de financiamiento que frena el potencial argentino en el continente blanco. Una inyección de inversión privada permitiría no solo cubrir los costos operativos básicos, sino también financiar saltos tecnológicos en logística polar, modernizar la infraestructura de las bases y adquirir equipos científicos de última generación.

Pero más allá del capital, la lógica empresarial puede aportar un valor igualmente crítico e incluso más relevante: eficiencia y continuidad. Mientras los proyectos puramente estatales suelen depender de ciclos políticos y partidas presupuestarias anuales volátiles, la participación privada introduce una visión de largo plazo y gestión por resultados. Esto se traduce en la capacidad de ejecutar proyectos de mayor envergadura y con plazos definidos, desde el mantenimiento de buques polares hasta la construcción de una nueva base científica, blindándolos de la discrecionalidad y asegurando su sostenibilidad.

Los ámbitos de participación son vastos y específicos. El Estado, a través de una futura Agencia Nacional Antártica, podría licitar: 

  • Servicios logísticos especializados: Operación y mantenimiento de buques, gestión de bases, y transporte aéreo. 
  • Desarrollo de tecnología polar: Fabricación de estructuras resistentes al frío, vehículos antárticos y sistemas de energía renovable.
  • Turismo de calidad controlado: Bajo estrictos protocolos ambientales, generando recursos económicos y funcionando como una herramienta de difusión de la presencia argentina.

De esta forma, lejos de significar una "privatización" de la Antártida, este eje propone una sinergia virtuosa donde el Estado concentra sus esfuerzos en la planificación estratégica, el control soberano y la ciencia de vanguardia, mientras el sector privado actúa como un socio estratégico que aporta agilidad, recursos y una gestión eficiente para consolidar de manera irreversible la presencia nacional.

Hacia una Política de Estado Antártica

La estrategia aquí delineada constituye una visión integral e indivisible. No son iniciativas aisladas, sino eslabones de una misma cadena destinada a transformar la histórica presencia argentina en el continente blanco en un liderazgo regional efectivo y en un motor de desarrollo nacional.

La Antártida se presenta para la Argentina como una triple oportunidad: es el espacio definitivo para el ejercicio de una soberanía activa y responsable; es una frontera de desarrollo científico, tecnológico y económico con potencial en recursos y servicios logísticos; y es una plataforma única para una inserción internacional inteligente, posicionándonos como socios estratégicos indispensables en el sistema del Tratado Antártico. En este esquema, la participación privada bajo rectoría estatal no es una concesión, sino una herramienta inteligente de soberanía, que multiplica los recursos y acelera el desarrollo. Ante la creciente competencia, la inacción no es una opción; es la renuncia a un futuro que, por derecho histórico y esfuerzo sostenido, nos corresponde.

En este camino, resulta imperativo recordar las palabras que resumen la esencia de este desafío: “No se puede defender lo que no se ama, no se puede amar lo que no se conoce”. El éxito final de cualquier estrategia dependerá de la capacidad de la Nación para conocer profundamente su Antártida, para amar su valor y su significado, y para defenderla con las herramientas de la política, la ciencia, la logística, la innovación público-privada y el derecho. 

Es hora de que Argentina conozca, ame y defienda su destino antártico con la convicción y la audacia que el futuro exige.

Fuente: www.rumbo180.com - David Pizarro Romero