En el agro, el clima condiciona más que cualquier otra variable y, a la vez, es la más difícil de anticipar. Por eso buscamos fuentes de predicción en el sistema océano–atmósfera: el ENSO (El Niño/La Niña) o el ONI (“Oceanic Niño Index”) son la referencia clásica, hoy complementada con otros índices como IOD (Dipolo del Océano Índico), AAO (Oscilación Antártica) y TSA (Índice del Atlántico Sur Tropical). La pregunta inevitable es si esta información es útil para tomar decisiones. En general, estos índices no “predicen” el tiempo día por día, sino que aportan probabilidades de anomalías estacionales, con desempeño muy condicionado a la variable (por ejemplo temperatura o precipitación), la estación o la región. En definitiva, el valor práctico depende de anticipación, precisión y lugar, con una tensión inevitable: cuanta más anticipación buscamos, menos precisión solemos obtener; y en esta nota esa combinación se traduce en criterios operativos para tomar decisiones con expectativas realistas.
Con ese marco, antes de mirar hacia adelante conviene responder una pregunta más simple y útil: ¿Cómo venimos hoy respecto de la historia? Los mapas de anomalías de Jul25–Ene26 vs Jul–Ene 1990–2020 (Figura 1) muestran un patrón consistente de contrastes regionales que ordena el punto de partida para cada decisión. Llevado a las 7 zonas AAPRESID: el NOA combina el mayor exceso térmico con déficits o lluvias muy irregulares; el NEA aparece en general húmedo, con temperatura más cercana a lo normal; el Litoral destaca por un sesgo húmedo con recargas/excesos en varios sectores; el Centro muestra humedad moderada a alta, pero con un gradiente hacia el oeste más restrictivo; el Nodo Oeste y el Oeste Medanoso son los que más “sienten” la combinación de calor y lluvias menos consistentes; y el Sur aparece mayormente húmedo, con temperatura levemente superior a la media. Este “estado de situación” es el filtro básico: define cuánta sensibilidad tiene cada zona a un trimestre más cálido y cuánta dependencia tendrá la cantidad y el timing de las lluvias.

Sobre ese diagnóstico vamos a interpretar los pronósticos trimestrales de temperatura y precipitación del IRI (International Research Institute for Climate and Society): se deduce un escenario de La Niña moderada para Dic–Feb 2025/26 (56 %) y una transición rápida hacia ENSO neutral desde Ene–Mar 2026 (≈65 %), condición que tendería a dominar durante el primer semestre de 2026. En ese marco, el pronóstico refuerza un sesgo cálido y, por lo tanto, una atmósfera más demandante (mayor riesgo de evapotranspiración alta) y mayor probabilidad de golpes de calor, con impacto potencial más nítido en NOA, Oeste y Oeste Medanoso, y también en Centro y Sur, mientras que en NEA y Litoral aparece más atenuado. Para precipitación, en cambio, no emerge una señal robusta: predomina un escenario cercano a lo climatológico, donde el resultado dependerá más del timing y la distribución de los eventos. Operativamente, esto implica que NEA y Litoral parten con mejor perfil hídrico, pero sin “garantía” de recarga, y que en el NOA–Oeste el sesgo cálido puede hacer que incluso lluvias normales resulten insuficientes para sostener el balance de agua en el suelo. En este punto vale preguntarse si sumar otros índices mejora el pronóstico. El estudio de Fernández Long et al. (2025) muestra que, además del ENSO, otros índices climáticos como el IOD, el AAO y el TSA pueden modular la circulación y, por esa vía, influir en la probabilidad de lluvias estivales y en el rendimiento de cultivos como el maíz1. Sin embargo, al ponderarlos dentro de un modelo específico para Argentina, la ganancia práctica respecto de usar solo ENSO parece limitada: los índices adicionales explican matices regionales y episodios, pero no cambian de manera contundente el diagnóstico de fondo.

En síntesis, el mensaje para los cultivos de verano ya implantados es claro: lo más robusto hoy no es un sesgo de lluvias, sino un trimestre con mayor probabilidad de temperaturas por encima de lo normal, lo que implica una atmósfera más demandante y, por ende, mayor riesgo de consumo acelerado de agua útil y de golpes de calor en etapas sensibles. Con el diagnóstico reciente como punto de partida, NEA y Litoral ingresan con mejores reservas hídricas, aunque sin una señal de recarga asegurada para el trimestre; en cambio, NOA, Nodo Oeste y Oeste Medanoso aparecen más expuestos por la combinación de mayor carga térmica y mayor dependencia del timing de eventos de lluvia. En el Centro y el Sur, la expectativa se ordena más por la heterogeneidad espacial y la distribución dentro del trimestre de las lluvias que por una tendencia marcada. En pocas palabras: para el verano 2025/26, lo esperable es que la temperatura marque el pulso y que la lluvia defina el resultado a través de eventos que vayan sucediendo, por lo que el escenario se juega más en la variabilidad que en un régimen de precipitaciones claramente inclinado.
Fuente: AAPRESID


