La incertidumbre como regla del juego
“Se mide la inteligencia del individuo por la cantidad de incertidumbre que es capaz de soportar”, decía Immanuel Kant. Y si la frase sigue vigente, el presente parece un test permanente para empresas, gobiernos y productores. La incertidumbre se transformó en el rasgo dominante del contexto económico y político, tanto a nivel local como global.
En apenas dos años, la Argentina pasó de una economía cerrada, con alta inflación y déficit fiscal, a un esquema de apertura, desaceleración de precios y superávit, aunque con un fuerte aumento de costos medidos en dólares (entre 50% y 100%). En ese marco, Javier Milei —un outsider del sistema— ganó dos elecciones consecutivas manteniendo su discurso y estilo, y alineó al país de forma explícita con Estados Unidos, que aportó respaldo financiero en momentos críticos.
La pregunta inevitable es si este rumbo se sostendrá o si en 2027 habrá un nuevo giro de 180 grados. La historia argentina alimenta las dudas, aunque el escenario actual muestra señales diferentes.
Un tablero global que suma ruido
La incertidumbre local se potencia con un contexto internacional volátil. Donald Trump, principal aliado externo del gobierno argentino, avanza con una agenda que sacude varios frentes al mismo tiempo: Venezuela, la mediación entre Rusia y Ucrania, Gaza, Irán e incluso Groenlandia.
Cada uno de estos focos puede impactar en el precio del petróleo, los alimentos y las tasas de interés, generando nuevos ganadores y perdedores. En este escenario, la capacidad de adaptación se vuelve un activo estratégico.
En economía, el principio es claro: a mayor riesgo, mayor rentabilidad potencial. Asumir riesgos no implica improvisar, sino medir consecuencias, anticiparse y decidir. La inteligencia, al menos en parte, logra reducir la incertidumbre.
Cuando la macro impacta en la micro
Tras los resultados electorales, el mercado descuenta que el rumbo del gobierno se profundizará. Más libertad económica, menos restricciones, apertura comercial, salida de los cepos pendientes y reducción de impuestos forman parte del horizonte.
El proceso, sin embargo, no está exento de pragmatismo y contradicciones. El nuevo esquema de bandas cambiarias y la estrategia de acumulación de reservas reflejan una lógica de flexibilización sin dogmas rígidos.
El tipo de cambio aparece hoy más competitivo, pero una inflación que todavía supera el 2% mensual sigue erosionando márgenes. El aumento silencioso de costos en dólares obliga a priorizar la gestión de liquidez. Si bien las tasas bajaron, siguen elevadas: más del 40% anual en pesos y por encima del 8% en dólares.
La baja del riesgo país hacia los 550 puntos abre la puerta a un financiamiento algo más accesible en los próximos meses, clave para recomponer caja e impulsar inversiones postergadas.
Empresas: adaptarse o quedar afuera
En este contexto, las estrategias empresarias se reconfiguran. La ganadería aparece como el negocio mejor posicionado, la agricultura depende del clima pero muestra precios más firmes y relaciones insumo/producto estables, mientras que la lechería enfrenta un panorama complejo.
La caja condiciona todas las decisiones. Escala, talento, agilidad, gestión y alianzas se vuelven factores decisivos. Ya no habrá licuación de deudas, moratorias accesibles ni subsidios generalizados. A cambio, el escenario ofrece reglas de juego más estables, costos previsibles y potenciales reformas fiscal y laboral.
Mercosur–Unión Europea: una oportunidad con matices
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea está próximo a firmarse. En términos generales, se lo considera positivo, ya que profundiza la apertura hacia un socio que representa la tercera economía del mundo.
Más allá de los aranceles preferenciales, el desafío estará en las barreras no arancelarias y en las resistencias internas de algunos países europeos, donde los productores presionan a sus gobiernos. La negociación no está cerrada y el equilibrio político será clave para que el acuerdo funcione.
Un año de decisiones estratégicas
El inicio de 2026 encuentra a las empresas revisando balances y proyectando escenarios. Se espera un buen año productivo en volumen, aunque los precios pueden mostrar volatilidad por factores logísticos, productivos y geopolíticos.
Las tasas altas obligan a repensar el financiamiento, la ganadería mejora la caja, los insumos estables generan oportunidades de canje y vender granos para colocarlos a tasa puede ser más conveniente que retenerlos.
Con tipo de cambio estable, inflación en baja y un año no electoral, el contexto luce más previsible, aunque se esperan definiciones clave como una eventual nueva baja de retenciones y reformas estructurales.
Agricultura: mercados nerviosos y estrategias defensivas
El mercado de granos atraviesa un período de alta sensibilidad. El USDA proyecta mayores producciones y stocks, China compra soja estadounidense a un ritmo lento y los conflictos geopolíticos agregan presión.
La logística local vuelve a ser un problema, con costos de 15 a 20 dólares por tonelada, y algunos precios internos se ubican por encima de la paridad teórica, alimentando expectativas de cambios impositivos.
En este escenario, esperar para vender puede implicar riesgos. Gana terreno la recomendación de anticipar ventas y utilizar coberturas flexibles, sin comprometer físico. La expansión del mercado de futuros, con un récord de 90 millones de toneladas operadas en Matba-Rofex, suma herramientas para gestionar riesgo.
Ganadería: presente firme y futuro prometedor
La ganadería atraviesa uno de sus mejores momentos. La faena cae, el consumo interno resiste (48 kg por habitante) y la demanda externa se mantiene firme, con China comprando el 70% de las exportaciones argentinas.
Los precios son elevados: novillo entre $4.300 y $4.400, terneros cerca de $6.000, vientres preñados rondando los 1.000 dólares. No se esperan bajas significativas, aunque sí oscilaciones.
El desafío es producir más carne en un contexto donde el stock no crece y la recuperación de vientres es lenta. A diferencia de otros momentos, no se vislumbran intervenciones oficiales, lo que refuerza el atractivo del negocio, aunque la industria frigorífica enfrenta presión por costos y márgenes.
Lechería: señales de alerta
El negocio lechero sigue bajo presión. En diciembre, el precio Siglea fue de $476,60 por litro, con valores en dólares cercanos a US$0,30, un 20% menos que un año atrás.
La relación insumo/producto se deterioró, la producción creció en 2025 pero 2026 proyecta estancamiento y menos tambos. El consumo interno se sostiene, pero los precios al consumidor subieron por debajo de la inflación, mientras que las exportaciones enfrentan valores deprimidos.
La industria muestra estrés financiero y procesos de reestructuración. Solo mayor escala, tecnología y eficiencia permitirán atravesar este ciclo, en un mercado que sigue demandando lácteos por su valor nutricional.
Un año de “pico y pala”
El 2026 se perfila como un año de trabajo intenso en la toma de decisiones. La rentabilidad no vendrá sola: dependerá de la capacidad de cada empresa para leer el contexto, gestionar riesgos y adaptarse.
En un escenario donde lo productivo no es el principal problema, la inteligencia empresarial será la herramienta clave para navegar la incertidumbre.
Fuente: Zorraquin + Meneses


