SIN ACOPLE ATMOSFÉRICO

Si bien durante la última parte del pasado año fuimos monitoreando, en sucesivos informes mensuales, como se fue afianzando el enfriamiento oceánico de la cuenca central del Pacífico Ecuatorial, el reflejo de este fenómeno sobre el comportamiento pluvial, no ha logrado detectarse. 

Siempre comentamos que la intensidad y la persistencia de la anomalía son clave para que la circulación atmosférica logre ser alterada y consecuentemente los patrones pluviales. En esta ocasión, estaba previsto que el evento tuviese un desarrollo débil y en consecuencia era lógico especular sobre un efecto menos significativo. Cuando se asocia el indicador ENSO (El Niño/La Niña) con el comportamiento de las lluvias, en general este debe tener un detección a gran escala en áreas extendidas, de impacto estadístico comprobado a lo largo de muchas campañas. En el caso de La Niña, el noreste del país, la zona oriental de Paraguay y el gran parte del sur de Brasil, son muy vulnerables a los faltantes pluviales. Esto ha quedado lejos de validarse en el último bimestre de 2025.

En el mapa se vuelve muy evidente la anomalía positiva de las precipitaciones que ha prevalecido en gran parte del país. Como decíamos, esta situación tiene continuidad en las zonas agrícolas vecinas de los países limítrofes. Este comportamiento tan homogéneo de las precipitaciones en un sentido contrario al esperado bajo una señal Niña, nos lleva a la conclusión del escaso o nulo acople que ha tenido la circulación atmosférica con dicho enfriamiento oceánico, por cierto, aun presente.

Sobre la región pampeana, los desvíos positivos de la precipitación no son tan evidentes, con un padecimiento bien marcado de las deficiencias pluviales en la franja mediterránea, menos decisivo sobre el este bonaerense y parte del sudeste entrerriano. El impacto negativo de este patrón de lluvias más escasas no se puede soslayar, pero no se vincula a un análisis de forzantes de escala planetaria. 
Podemos notar que durante el último bimestre, ha habido alternancia de anomalías en otras regiones del país. De todos modos, en términos estrictamente agrícolas, la escasez de lluvia en zonas de LP y sudoeste de CB, posiblemente se ha llevado la peor parte. En otro sentido, la retracción marcada de las lluvias durante diciembre en la provincia de BA, sobre todo en las zonas donde se venían padeciendo inundaciones desde comienzos del otoño, ha promovido un marcado retroceso de los anegamientos, visualizando una resolución acelerada de esta problemática. En algunos sectores donde las complicaciones eran menores, la escasez pluvial no ha permitido avanzar con siembras tardías.

Volviendo al concepto inicial, lo que pueda suceder con el resto de la campaña ya no queda supeditado al forzante La Niña. Los modelos la perfilan en retirada durante el resto del verano y entendemos que su capacidad de afectación es prácticamente nula. Las oscilaciones pluviales durante los próximos meses serán de una escala de tiempo menos extendida y seguro con mayor variabilidad en los máximos. Este cambio se espera que comience a darse en la última parte de enero y febrero, transitando el final de la campaña con una distribución más homogénea de las lluvias sin la recurrencia, a esta altura perjudicial, en el noreste del país.