Luego de la devaluaciones suelen darse nuevos relaciones de precios. Así, los granos están directamente alineados con el valor del dólar y, a su vez, en suba con condiciones internacionales. En cambio, la carne está más ligada al consumo interno y a las posibilidades del salario real del común de la gente.
Por ello, si de arbitrar se trata, el momento es muy bueno.
No hay duda de que éste es un buen momento para vender granos y comprar hacienda. Si analizamos el caso de la soja, por ser el más claro, surge con total evidencia lo dicho.
Vamos a quitar del análisis el año pasado por ser demasiado turbulento. Veamos lo que pasó en el período 96/00, en el año 2000 y en el año 2001, para este época del año. Y luego comparemos con lo que pasa en este tiempo.
Mientras que para comprar 1 kg de novillo, en el 96/00 se necesitaban 3,9 kg de soja, en el 2000, 4,2 kg de soja, en el 2001, 4,8 kg de soja, ahora se requieren 3 kg de soja.
Algo similar sucede si el análisis comparativo, lo realizamos con el ternero
de invernada.
Y así necesitábamos para 1 kg de carne, 4,5 kg - 5 kg -5,4 kg y ahora tan
sólo 3,3 kg de soja.
El cuadro, a manera un tanto gruesa, lo explica bien

Si a esta consideración histórica, se agrega el panorama futuro, la cosa toma un color más atractivo aún. Es que, a esta altura, el avance estrepitoso de la frontera agrícola sobre la disponibilidad de pasturas abre un abanico de nuevas posibilidades para los precios cárnicos.
Dado que lo lógico es esperar un nivel de demanda similar al actual, cuando la oferta se retraiga, lo más probable será que la carne en términos de granos suba en forma acentuada.