 La cotización del dólar oficial aumentó menos que la inflación en el periodo 2021 y primera mitad del año siguiente. El dólar de inicios de 2021 fue equivalente a $ 265 a precios de hoy, por lo que en poco más de dos años ha perdido un 20 % de poder de compra

 Para una base 100 en febrero de 2020, los precios vinculados con el agro pampeano han subido un 58 %, o sea, 37 puntos porcentuales por encima de la variación promedio de los precios vinculados a economías regionales

 Aparte de los problemas climáticos y la elevada brecha cambiaria, hay que considerar el fuerte incremento de costos en dólares relevantes para las economías regionales, caso de la logística y los fertilizantes

 La competitividad está siendo afectada también por el declive de la productividad: influye el insuficiente nivel de inversiones y el impacto de una economía más cerrada, que restringe la entrada de nuevos equipos y tecnología. En el agro del Interior se observa esa menor productividad, con campos en los que se deja de invertir (siguen produciendo, pero con menores rendimientos)

Por estas horas se hace operativa la nueva versión del Dólar Soja (el número 3), por la cual el Banco Central compra dólares a los exportadores a un precio superior al oficial. La novedad es que, en esta versión, se incluyen varios productos de economías regionales. Al parecer, el Banco Central no espera adquirir gran volumen adicional de dólares provenientes de las economías regionales, más bien está intentando evitar una disminución de este segmento de exportaciones, ante la pérdida de competitividad de los dos últimos años.

A la fecha todavía hay algunas demoras en su implementación. Dejando de lado este punto, se analiza este programa desde una perspectiva regional, con una previa nacional.

Al ofrecer un precio mayor al oficial a ciertos exportadores, el Banco Central está incentivando el adelanto de una parte de las ventas al exterior pero, para hacerlo, se requiere que el sector privado cuente con stocks disponibles de sus productos, y que éstos sean relativamente fácil de colocar en el mercado externo.

Esas dos condiciones se cumplieron para el caso de la soja en los programas anteriores, existiendo stocks (en silobolsas) y por ser un commodity (fácil de vender). Además, es un sector que genera gran volumen de dólares (un 30% de las exportaciones totales).

En cambio, las dos condiciones mencionadas no se cumplen en las economías regionales, salvo algunas pocas excepciones. Hay una infinidad de productos, y no está claro que existan excedentes de stocks en el presente. Por caso, en vinos, las dos últimas cosechas han sido muy bajas, por lo cual los stocks se han reducido respecto a períodos normales.

Algunos productos regionales son commodities, pero otros no tanto. Si el producto es diferenciado, la operatoria es distinta a la de la soja. El proceso de venta depende de la demanda existente en la otra punta, en general un distribuidor, que toma decisiones en función del comportamiento del mercado externo en el que actúa. Es decir, no es tan rápida la colocación de esos productos. Por otro lado, excluyendo soja y principales granos (trigo, maíz), el resto de las actividades agroindustriales del país explican un 6% de las  exportaciones totales.

En este sentido, más que incrementar, lo más probable es que el nuevo Programa apunte a evitar que disminuyan las exportaciones de productos regionales, al estar muy afectadas por el atraso del dólar oficial (observado en el periodo 2021/22).

Perspectiva regional

Surgen algunos puntos a considerar.

¿Qué sectores podrán aprovechar mejor el Programa? Claramente, los que exportan más durante el periodo de vigencia de este programa (abril / agosto). Considerando el año 2022, el gráfico muestra la fracción exportada de varios productos regionales en ese periodo de cinco meses. La mayoría de los productos considerados concentra más del 40% de sus exportaciones en estos cinco meses, por lo que el timing parece apropiado. De todos modos, los promedios no son demasiado útiles en este caso: el grueso de las exportaciones de limones se realiza en estos meses (mejor aprovechamiento del tipo de cambio de 300), pero en el extremo opuesto se encuentra la cereza, que se exporta a fin de año. Otro elemento a considerar es la posibilidad o no de concretar operaciones de exportación antes del cierre de la ventana del tipo de cambio especial, en agosto próximo.

¿Cuán afectadas están las economías regionales por un dólar atrasado?: este es un punto clave, con evidencias de crecientes problemas de rentabilidad en buena parte de las economías regionales. El período de 2018 a 2020 se caracterizó por un nivel relativamente elevado del tipo de cambio real. Sin embargo, a partir de allí se registran tres fenómenos:

 La cotización del dólar oficial aumentó menos que la inflación en el periodo 2021 y primera mitad del año siguiente. El dólar de inicios de 2021 fue equivalente a $ 265 a precios de hoy, por lo que en poco más de dos años ha perdido un 20 % de poder de compra.

 El atraso del dólar oficial de los últimos dos años encontró cierta compensación para la región pampeana, por la suba de los precios internacionales de la soja y los cereales.

 Sin embargo, la dinámica alcista de los precios internacionales no se extendió a los productos de economías regionales, por lo que el atraso cambiario las afectó de modo directo. Obsérvese al respecto que para una base 100 en febrero de 2020, los precios vinculados con el agro pampeano han subido un 58 %, o sea, 37 puntos porcentuales por encima de la variación promedio de los precios vinculados a economías regionales. En economías regionales se ha incluido vinos, frutas frescas e industrializadas y hortalizas que se producen en distintas regiones

Una pregunta es si el dólar oficial está realmente atrasado. Acorde a nuestros datos, el dólar actual es similar al registrado a mediados del año 2010, un par de años previo al estancamiento económico, con caída en las exportaciones nacionales.

Otros datos permiten poner en contexto la cuestión cambiaria:

 La presencia del dólar blue: ¿por qué cobrar un dólar de $ 210, si en el mercado se vende a casi el doble? Las acusaciones de sub-facturación de exportación son explicadas por esa brecha. Además, las restricciones para importar insumos y productos contribuyen a aquella sensación.

 Problemas de cosechas: en estos tiempos algunos sectores han sufrido fuertes caídas en sus cosechas, como en uvas. Eso se traduce en menores exportaciones y, por ende, en la necesidad de un mayor precio para mantenerse competitivos. La menor cosecha también puede traducirse en mayores costos, al escasear la materia prima, como en el caso del vino, que también lo hace menos competitivo en relación al mundo. En 2022, se redujeron las cantidades vendidas de vino en el mercado externo, mientras que se incrementaron las del mercado interno. Otro ejemplo dentro del mismo sector: las exportaciones de vino a granel se habían reducido a un mínimo en 2022, y no se recuperarán en el presente ejercicio; y las exportaciones de mostos (jugos de uva) posiblemente se reduzcan a un mínimo (hecho observado en los primeros tres meses del presente año).

 Menor productividad: a nivel general, ha venido disminuyendo la productividad argentina, entre ellos por el bajo nivel de inversiones y por una economía más cerrada, que restringe la entrada de nuevos equipos y tecnología. En el agro del Interior se observa esa menor productividad, con campos en los que se deja de invertir (siguen produciendo, pero con menores rendimientos).

 Mayor incremento en otros costos: lo usual es que, si el dólar se atrasa, los costos salariales en dólares se incrementan. Sin embargo, hay otros costos relevantes que se han incrementado fuertemente en dólares en los dos últimos años. Se mencionan dos: el de logística (mayor costo del gasoil) y el de insumos dolarizados, como los fertilizantes. Volviendo al programa, la impresión es que un dólar de $ 300 es factor de competitividad cambiaria. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la muy elevada inflación habrá de licuar el poder adquisitivo del tipo de cambio a lo largo de estos cinco meses.

Comentarios finales

En economía, a veces lo relevante no es tanto si un precio es bajo, sino la velocidad al que disminuye. Clarísimo en este caso, con un dólar oficial que se atrasó abruptamente en menos de dos años. A eso suma que, en el caso de las economías regionales (agro y agroindustria, excluyendo los granos), sus precios no tuvieron los aumentos que se registraron en soja y cereales. Además, la situación se ha agravado por menores cosechas. En ese contexto, la nueva versión de Dólar Soja apunta a evitar las caídas en las exportaciones regionales, más que a generar más dólares que necesita el Banco Central.

Sólo queda ahora que no haya problemas en su implementación.

Fuente: IERAL