En primer lugar, es lógico suponer que tratándose del proveedor de carne vacuna más grande no solo para ese mercado sino también a nivel global, su impacto no debería pasar por inadvertido, tal como ha sucedido en episodios anteriores.
Sin embargo, hay una serie de aspectos a tener en cuenta que podrían en esta oportunidad, morigerar los efectos inmediatos.

Claramente, ningún país per se está preparado para suplantar los volúmenes que provee Brasil a China. En 2022 Brasil representó cerca de la mitad de lo importado por el gigante asiático con más de 1,1 millones de toneladas peso producto sobre un total de casi 2,7 millones de toneladas importadas por China de todo origen, récord absoluto que equivale a un 15% más que lo importado el año previo.

Pero, además, actualmente China se está recuperando mucho antes de lo esperado, con un reciente pronóstico (FMI) de incremento de su PBI del orden del 5% para este año, mejorando unos 2 puntos respecto del año pasado. Esta reactivación mantiene un interés muy positivo en los importadores chinos que lentamente han comenzado a mejorar los valores ofrecidos con perspectivas de una importante recuperación de los volúmenes importados. Según las últimas proyecciones dadas a conocer por el USDA en el mes de enero, las compras en el exterior de carne vacuna podrían alcanzar este año 3,5 millones de toneladas, lo que refleja un cambio sustancial respecto de los 2,9 millones estimados en octubre pasado.

En este escenario, la lógica indica que el faltante de oferta temporario que dejaría Brasil debería ser cubierto en primer lugar por otros orígenes de Sudamérica. En este sentido, los candidatos indiscutidos son Uruguay y Argentina por compartir ciertas similitudes desde lo logístico como también operacional, en relación a las firmas que se encuentran operando en ambos países.

Por el contrario, Paraguay, al no poder exportar a China por cuestiones de diplomacia comercial, lejos de beneficiarse podría llegar a sufrir nuevamente una mayor competencia de Brasil que luchara por colocar sus excedentes de carne en otros mercados habilitados.
Por fuera de Sudamérica, Estados Unidos se encuentra con una restricción de su saldo exportable a causa de la sequía por lo que se vería ciertamente limitado para responder a un eventual faltante. En tanto que, Australia, si bien el acercamiento comercial parece estar acelerándose tras la disputa generada a causa del origen del Covid, el tipo de carne que podría proveer Australia difiere de lo que China lleva desde Sudamérica.

En definitiva, todo va a depender del tiempo que dure la suspensión. A diferencia de 2021, en esta oportunidad Brasil ha comunicado de inmediato el caso sospechoso, suspendiendo por iniciativa propia los envíos, conforme lo establece el protocolo comercial con ese país.

Este accionar lo debería eximir de cualquier penalidad, por lo que se espera que la resolución pueda efectivizarse en un lapso máximo de cuatro semanas, vehiculizado además por un acercamiento político diferente que podría a llegar a plantear el flamante presidente Lula en su próximo viaje.

Recordemos que en septiembre de 2021 Brasil denunció dos casos con vacas de edad avanzada. Sin embargo, la dilación en la comunicación, le costó luego más de tres meses de suspensión por parte del Gigante asiático.

En ese entonces, dispuesto a dar batalla, China contrajo temporalmente sus importaciones ante la escasez de proveedores que pudieran suplir a Brasil. Si bien tanto Argentina como Uruguay, especialmente, aumentaron eventualmente su participación en ese mercado, el impacto fue morigerado por la táctica de reducción de importaciones que aplicó China.

Aun así, los precios, que desde inicios de 2021 venían marcando una tendencia alcista muy sólida en medio de la recuperación de la actividad post pandemia, recibieron a raíz de este hecho, un impulso adicional hacia fin de año que terminó de espiralizar una escalada de precios que persistió hasta el primer cuatrimestre de 2022 cuando nuevamente se vuelven a desvanecer por un endurecimiento de la política sanitaria china.

Actualmente, a diferencia de aquel entonces, partimos de precios muy bajos. En diciembre -último dato disponible por Aduana China- el valor promedio pagado en puertos chinos por la carne importada de todo origen se situaba en los USD 5.916, reflejando una baja del 17% respecto de pico de valores marcado en julio, como consecuencia del deterioro de la actividad económica y la menor capacidad de compra ocasionadas por las políticas restrictivas de Covid-cero.

Desde Argentina, con datos de exportaciones registradas por aduana de origen, los números de enero muestran un valor promedio por toneladas embarcadas de USD 3.218, acumulando una caída del 38% respecto del último pico registrado en mayo pasado, de USD 5.161 la tonelada. Por el contrario, en volumen la trayectoria se ha mantenido relativamente estable. En efecto, las compras registradas durante los últimos seis meses apenas caen un 1% respecto de lo registrado durante el semestre previo.

En lo inmediato, Argentina sin dudas puede crecer en volumen, aunque no tanto en precio. En el actual contexto de sequía que enfrenta nuestro país puede aparecer una mayor oferta de vacas que logren ubicarse dentro de esta ventana cuatro semanas que podría demandar la reanudación rápida de los envíos. Claramente, este hecho podría contribuir a recuperar parte de la caída de valores FOB registrada en los últimos meses derramando mejoras internas para la vaca.

Sin embargo, no debería esperarse -de manera genuina- un aumento sustancial de precios, a menos que la resolución del conflicto demande más tiempo de lo previsto por protocolo. Tengamos en cuenta que cada vez que los precios de importación se han disparado para China, rápidamente corrige con medidas inequívocamente verticalistas. En este sentido, luego de la escalada inflacionaria que registrara el año pasado, no debería esperarse un movimiento de precios fuera de los márgenes de equilibrio para su economía doméstica.

Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario