Guillermo Berastegui desempeña en el partido de Nueve de Julio, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, diferentes roles vinculados con la agricultura: tiene una empresa familiar en la cual es el asesor técnico, con un socio hace agricultura en campos arrendados y, como ingeniero agrónomo, trabaja en una compañía que multiplica semillas para el distribuidor YPF Agro en la zona, Guazzaroni Greco.

Como productor, en la campaña pasada sembró la variedad IS 46.5 RRSTS, de Illinois, un material que Berastegui conocía muy bien. Los resultados fueron excelentes, lo cual lo convenció de repetir este año con más variedades del semillero. Pero repasemos completa esta historia.

“Decidimos probar la IS 46.5 RRSTS en algunos lotes que venían de trigo, tanto en sojas de primera como de segunda, y obtuvimos resultados realmente muy buenos”, repasa el productor bonaerense.

En los planteos de primera, el rendimiento superó los 40 qq/ha, mientras que en los de segunda también anduvo muy bien -contó el agricultor-, lo cual lo dejó muy satisfecho, dadas las características de la zona y el tipo de suelo que tiene, que no es el de mayor potencial.

Con fechas de siembra en la zona que, en condiciones normales, arrancan el 15 de octubre para los planteos de primera, la IS 46.5 RRSTS se implantó el 25 de octubre. Para las estrategias de segunda, la siembra fue en la primera quincena de diciembre, en un ciclo que, como el actual, también estuvo caracterizado por la falta de humedad.

Berastegui, que conoce bien a la variedad, dice que se adapta de manera eficiente a la zona núcleo sojera pero también al oeste, centro y sur de la provincia de Buenos Aires. Incluso a los suelos de alta productividad del centro-sur de Córdoba y centro-sur de Santa Fe.

Se trata de un material de grupo cuatro medio, indeterminado, dotado, como su nombre lo indica, con tecnología STS, que en la actual campaña se está reemplazando por una variedad que es aún mejor: la IS 46.2 RR STS.

Al igual que en muchos lugares del país, la campaña pasada, la 2021/2022, fue muy particular en la zona y la soja estuvo dominada por los condicionantes climáticos. “Tuvimos en el arranque un ciclo muy seco hasta la llegada de una gran lluvia recién en febrero. En ese escenario, la soja no tuvo problemas  sanitarios o de insectos”, observó el productor.

Agregó que se trata de un material que responde a la fertilización: el aporte de fósforo contribuye a potenciar su rendimiento, además de reponer nutrientes en el perfil.

Según Berastegui, la soja en la zona se fertiliza casi en la totalidad de los lotes, buscando elevar los balances nutricionales, en especial de fósforo, para apuntar a rendimientos objetivos. “En campos alquilados, el suministro puede llegar hasta 40 kilos de fósforo elemento por hectárea y subir algo en campo propio”, detalla.

La región se caracteriza mayoritariamente por tener sistemas de producción bajo arrendamiento, en los que las rotaciones tratan de ajustarse a un esquema de maíz, soja y trigo/soja. “Intentamos que el maíz esté presente en la rotación cada tres años, al igual que el trigo, para que la soja tenga mejor respuesta”, manifiesta.

Pero en la actual campaña, dominada también por la falta de humedad, la soja va a ganar terreno respecto al cereal, en un escenario en el que las fechas de siembra, además, se han diferido.

“Este año la falta de lluvias obligó a una restructuración de la estrategia de uso de variedades. La siembra se atrasó. Por lo general, en los lotes de alto potencial se arranca el 15 de octubre y este año arrancamos a fines de ese mes, lo que nos llevó a planteos más defensivos”, explica el asesor técnico y productor.

En el arranque de la precampaña, Berastegui tenía previsto probar nuevos materiales y la variedad elegida era la IS 38.2 SE que es un ciclo tres largo, más corto de lo habitual para la zona, con la intención de buscar más rendimiento. “Sin embargo lo descartamos por las cuestiones climáticas”, precisa.

“Lo histórico en la zona son grupos cuatro cortos y en años con seca nos fuimos a grupos cuatro medios o largos, como regla general”, admite.

Sin embargo, la apuesta sigue siendo por las variedades de Illinois con tecnología. “Este año tenemos pensado hacer más soja de segunda, luego de la cosecha de trigo que arranca en unos días, particularmente con tecnología Enlist”, anticipa. La elegida es la IS 48.2 E.

A la hora de justificar la incorporación de la tecnología, el productor aporta sus fundamentos. “Hemos visto que el trigo no cerró el surco y los barbechos están sucios, con lo cual va a haber una gran banco de semillas de malezas que la tecnología Enlist nos va a permitir mitigar”, asegura.

“Tenemos presencia de yuyo colorado y rama negra, pero compartimos maquinaria con campos del sudeste de la provincia, donde hay crucíferas y gramíneas resistentes, lo que obliga a estar atentos”, explica el productor.

La compra de los materiales de Illinois se hace a través de Sembrá Evolución, un sistema de comercialización de semillas autógamas impulsado por la industria semillera argentina que se lanzó en el mes de junio, con el objetivo de brindarle al productor un acceso permanente y con beneficios a los últimos avances en genética y biotecnología.

Los productores que quieran sumarse solo deben firmar una licencia de uso con el semillero, que se puede solicitar en cualquiera de los  comercios autorizados o en www.sembraevolucion.com.ar.

Así, en un año en el que el clima obligó a modificar las estrategias productivas, la versátil paleta de soja de Illinois le abrió a Berastegui interesantes alternativas. Pero no solo para resolver ese cambio, sino también para enfrentar a otro gran desafío, el de las malezas. Y siempre sin resignar potencial de rendimiento. ©

Fuente: YPF Agro