De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en algunos países, el 80 % del consumo total de antibióticos de importancia médica se da en el sector animal, principalmente, para estimular el crecimiento en animales sin ninguna enfermedad. Este abuso o mal uso de los antibióticos en los animales de producción incrementa el riesgo de la resistencia a los antimicrobianos (RAM), considerada una de las mayores amenazas para la salud humana en el siglo XXI por el riesgo que implica la pérdida de eficacia de los antibióticos necesarios en la medicina.

Además de tratarse de un problema sanitario, los mercados internacionales incrementan las exigencias y demandan productos pecuarios de sistemas de producción libres de antibióticos, una ola a la que se suben los consumidores conscientes de todo el mundo.

Por todo esto, urge la necesidad de reconversión del sector agropecuario con alternativas que permitan sostener la rentabilidad, salud y productividad de los sistemas, al tiempo que dan respuesta a las demandas del mercado. En esto trabaja el Instituto de Patobiología (IPVET) del INTA Castelar hace más de 15 años con diversas investigaciones y pruebas a campo con resultados prometedores.

Para Mariano Fernández Miyakawa –investigador del Instituto de Patobiología (IPVET) del INTA Castelar y coordinador del Proyecto Disciplinario “Resistencia a los antimicrobianos y desarrollo de alternativas”–, “estamos frente a un cambio tecnológico inédito para el sector agropecuario”. En esta línea, agregó: “Las restricciones legales de los mercados internacionales y las demandas de los consumidores confluyen por primera vez e impulsan un cambio sin precedentes”.

Asimismo, subrayó la importancia de “tomar conciencia sobre los riesgos del abuso y mal uso de los antibióticos en los animales de producción” y recalcó que “su uso debe estar limitado para tratar animales enfermos y eliminarlos totalmente como promotores del crecimiento de las dietas”.

Para Fernández Miyakawa, se trata de un proceso creciente e irreversible que llevó a desarrollar, seleccionar y utilizar alternativas rentables y efectivas en la producción animal. Y reconoció que, “aunque los efectos beneficiosos de muchas de las alternativas desarrolladas han sido bien demostrados, existen una falta de información sobre su mecanismo de acción, eficacia y ventajas de sus aplicaciones en el campo”.

Un claro ejemplo de esto es el trabajo articulado entre el INTA y el frigorífico de aves Soychu durante casi 10 años. “El INTA nos brinda herramientas y soporte para profundizar nuestro conocimiento, que nos permiten mejorar o ajustar estas alternativas”, explicó Gastón Royero –gerente de nutrición y calidad de las plantas de alimentos de Soychu–.

Hace varios años que la empresa estudia la forma de sustituir el uso de antibióticos promotores de crecimiento y antimicrobianos con alternativas. “Transitamos un camino de adaptación de los establecimientos y entendimos que es posible producir de otro modo”, reconoció.

“Probamos en una granja experimental y a campo casi todas las alternativas disponibles para ir, de a poco, modelando un plan a nuestra medida para poder cubrir las necesidades de los establecimientos aviares”, explicó Royero, quien detalló que emplean “una combinación de algunos productos alternativos”.

Y destacó: “La productividad y rentabilidad de los sistemas con el uso de alternativas es igual o mejor que con el uso de antibióticos, con los mismos costos”. A su vez, explicó que “las alternativas que se usaron en las diversas pruebas debían mantener el mismo costo que los antibióticos promotores de crecimiento. A mismo resultado, el costo se mantenía”.

De todos modos, no dudó en subrayar que no se debe dejar de lado cuestiones de bienestar animal para evitar que los animales se estresen y, en consecuencia, enfermen. “Las buenas prácticas agropecuarias son fundamentales a la hora de producir”, señaló, al tiempo que se refirió al manejo de camas, al cuidado en las condiciones ambientales, de infraestructura y de temperaturas en los galpones como factores clave.

Fernández Miyakawa coincidió con Royero y agregó: “En materia de salud animal, la clave está en la prevención” y en este sentido las buenas prácticas agrícolas, de la mano del bienestar animal y la sustentabilidad son herramientas primordiales a la hora de producir alimentos de forma responsable.

En referencia a los beneficios a campo del uso de alternativas, ambos coincidieron en que “se sostiene la productividad y mejora la salud de los animales, al tiempo que se reduce ampliamente el riesgo de resistencia antimicrobiana”.

Además, Fernández Miyakawa explicó que “muchas de estas estrategias apuntan a mejorar la salud intestinal y la eficiencia del proceso de digestión y absorción de nutrientes, modulando el microbioma intestinal y los procesos fisiológicos normales, evitando infecciones clínicas y subclínicas, así como procesos inflamatorios crónicos que resultan en pérdidas productivas”.

Y agregó: “Aún quedan muchos mitos por derribar de la mano de la evidencia científica, de la información técnica y de la divulgación de los resultados mediante casos exitosos como los de SoyChu que nos permiten demostrar que hay otra forma de producir alimentos”.

En busca de alternativas

Entre las alternativas rentables y eficaces en la producción animal, las más populares y ampliamente utilizadas en varias regiones del mundo incluyen enzimas, ácidos orgánicos, probióticos, prebióticos, postbioticos, simbióticos, fitoquímicos y combinaciones de ellos.

“A pesar de que hoy en día contamos con un arsenal de alternativas a los antibióticos promotores de crecimiento bastante efectivas, en el futuro cercano veremos la aparición de nuevos productos totalmente superadores”, explicó el especialista del INTA. También veremos el surgimiento más generalizado de alternativas al uso de antimicrobianos en forma terapéutica, como fagos, anticuerpos, inmunomoduladores, péptidos antimicrobianos, entre otras.

Para Fernández Miyakawa, se debe al significativo avance en el conocimiento de los últimos años y al esfuerzo mancomunado hecho a nivel mundial para avanzar en este sentido. “También veremos cambios que se producirán desde la normativa regulatoria, que permitirán el uso de nuevos productos”, indicó.

En este sentido, desde hace más de 15 años, el Instituto de Patobiología (IPVET) del INTA Castelar trabaja en el desarrollo y evaluación de alternativas al uso de antimicrobianos de síntesis química para prevenir y controlar enfermedades bacterianas y parasitarias.

A su vez, estudian el impacto del uso de antimicrobianos en el desarrollo de la resistencia y el estudio de mecanismos de transmisión de dicha resistencia. “El objetivo de este esfuerzo es reducir la generación y dispersión de la resistencia antimicrobiana en la producción animal, manteniendo o mejorando la eficiencia productiva”, explicó el investigador.

Estos trabajos se llevan adelante con socios estratégicos en esta temática como OIE, OPS, CONICET, universidades nacionales y extranjeras, laboratorios, empresas y productores agropecuarios, entre otros. Así, se conformó un grupo de trabajo sólido con el ANLIS Malbran y el SENASA a fin de generar información sobre la dinámica de la resistencia antimicrobiana en el sistema productivo argentino y la detección de determinados elementos genéticos móviles de resistencia.