Las discusiones sobre el precio de la carne y la forma en que se decidió tratar de controlarlo son las mismas que hemos ensayado en la Argentina de los últimos 40 años. El componente de exportación no es más que un 25-30% del total de la producción, pero representa hoy un aporte importante de dólares al país y a toda la cadena productiva. Esos mayores ingresos son los que seguramente permitirán la realización de las inversiones necesarias tanto para continuar con la tendencia creciente del aumento de la producción global como para lograr la industrialización posterior y aumento de los saldos exportables. Recordemos que desde la Mesa de Carnes se planteaba lograr exportar en 2025 un total de 1,2 millones de Tn de carne eq. res con hueso y ello implicaba inversiones de 2 mil millones de dólares y la generación de 40 mil nuevos empleos solo en la etapa industrial.

Pensar en un crecimiento de la producción de carne bovina es directamente aumentar el saldo exportable ya que los consumos de carnes (pollo, cerdo, bovina y pescado) en Argentina son muy elevados y cerca de los máximos admitidos como saludables. De esta forma se cumple la premisa del agregado de valor a la producción primaria y a la vez se ingresan dólares del exterior muy necesarios para los números de la economía.

Cuando desde la Fundación se hacen las proyecciones de producción de granos, carnes, lácteos etc. siempre se plantean las limitantes existentes para el logro de lo proyectado y dejando de lado las limitantes externas de los mercados internacionales, nuestras limitantes internas son las más pesadas de remover. El no tener en nuestra macroeconomía reglas fiscales y monetarias estables, impide la posibilidad de radicar inversiones de largo plazo y con ello las actividades ganaderas encuentran una limitante seria a resolver.

El capítulo producción láctea en Argentina es idéntico al de las carnes. Estancamiento en los últimos 15-20 años en 10-11 mil millones de litros anuales de producción, con un potencial de un mínimo de 15 mil millones de litros, que generarían nuevamente un agregado de valor a la producción primaria, mayor industrialización, nuevos empleos en la cadena y el aumento de saldos exportables importantes.

Es central para el crecimiento de la Agroindustria en el país reglas de juego de largo plazo, estables, que generen confianza y promuevan la inversión. Solo de esta forma se generarán nuevos empleos y disminución de la pobreza.

Por ahora más de lo mismo, la incertidumbre evita el crecimiento de nuestro país.

Fuente: Producir Conservando.org