No es que las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) latinoamericanas estuvieran especialmente bien antes de la pandemia, pero la situación actual las ha dejado, en su mayoría, en una situación complicada, algo que repercute en una buena proporción de la sociedad y de la economía. Los problemas que enfrentan son los mismos que antes de la irrupción del covid-19, pero ahora están mucho más acentuados: baja productividad, poca generación de empleos de calidad, alta informalidad, baja competitividad e innovación.

Se estima que 99 de cada 100 empresas en Latinoamérica son mipymes, lo que explica su gran relevancia para las economías.

Se calcula que en América Latina este tipo de empresas representan el 99% del entramado empresarial, emplean a más del 60% de los trabajadores y sus operaciones equivalen a más del 25% del Producto Interno Bruto (PIB). Su fuerte presencia en el tejido socioeconómico de la región explica en parte el impacto que se estima tendrá la pandemia en las economías nacionales, con caídas del 9,1% del PIB, en promedio, y una subida del desempleo al 13,5%.

A todo esto debe sumarse que existe una ausencia del ahorro cuya carencia en la mayoría de la población es un factor preocupante en condiciones normales, pero en la crisis actual generada por el covid-19 puede suponer la movilidad social descendente de millones de personas en muy poco tiempo. De hecho, se calcula que la pobreza en América Latina y el Caribe se elevará al menos 4,4 puntos porcentuales (28,7 millones de personas), lo que supondrá que 214,7 millones de personas vivan en condiciones de pobreza, lo equivalente al 34,7% de la población. Según el Global Findex, solo el 11% de las mujeres y el 16% de los hombres ahorran en América Latina, en contraste con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), donde ahorran el 50% de las mujeres y el 53% de los hombres, o en el este de Asia y el Pacífico, donde lo hacen el 36% de las mujeres y el 37% de los hombres. Estas cifras indican que la región tiene unos niveles de ahorro inferiores al de los bloques avanzados y al de otros en desarrollo, como el África Subsahariana. De todas formas, la mitad de los latinoamericanos tiene una cuenta bancaria, un registro similar al de otras regiones en desarrollo, Europa y Asia Central, pero muy por debajo a los países de la OCDE, donde el 95% de los ciudadanos está bancarizado.

Medidas para las pymes

En un video elaborado por Fernando Ehlers, ejecutivo principal de comunicación en el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), para Visiones del Desarrollo, sección promovida por CAF, que analiza temas del desarrollo de la región y que se difunden simultáneamente en los principales medios de América Latina, se presentan algunas medidas que, unidas a nuevas políticas públicas, deberían contribuir a que las pymes de la región generen más y mejores empleos y pongan su granito de arena para la recuperación económica.

En el informe se destaca que se calcula que 99 de cada 100 empresas en Latinoamérica son mipymes, lo que explica su gran relevancia para las economías nacionales. La emergencia causada por el covid-19 ha provocado la pérdida de miles de puestos de trabajo. Y muchos más estarían en riesgo de perderse. Todo esto ha generado una baja competitividad, falta de innovación, reducida digitalización, alta informalidad, que son factores que profundizan la crisis al sector, que ya tenía muchos problemas, incluso antes de la pandemia.

¿Qué pueden hacer las mipymes?

Las mipymes latinoamericanas para sobrevivir a esta tormenta deben tomar decisiones oportunas y estar atentas a los programas de apoyo. Además de forjar y consolidar redes con clientes, proveedores y otras mipymes. Al mismo tiempo tendrían que fomentar una cultura de innovación y acelerar su transformación digital. Es importante también garantizar la seguridad de los trabajadores y cuidar responsablemente de sus recursos y ser resilientes.

Los gobiernos de la región también juegan un papel vital para la sobrevivencia de las mipymes. Deben fomentar buenas prácticas, contrataciones formales, ofrecer ayudas directas a los más vulnerables. Adoptar herramientas digitales para simplificar los procedimientos. Son medidas que pueden ser la recta que la región y sus mipymes necesitan para reactivar la economía y retomar la senda de desarrollo.

Por Robert Valls