Los argumentos para denostar la actividad agraria son de todo color y tamaño.
Y el gobierno, en su desesperación para mejorar el acceso de la gente a los alimentos, en lugar de apuntar al crecimiento económico y a detener la tasa de inflación, sigue el camino de las sirenas que, como sabemos en la mitología griega, ellas, con su dulce voz, atraían a las embarcaciones de marineros. Embelesados con tan bella música saltaban de los barcos para poder escuchar mejor, pereciendo ahogados en las aguas.
Las nuevas sirenas son la emisión monetaria que lleva a la ilusión de creer que las cosas van bien.
Existen organismos que erróneamente interpretan el cuadro económico y la decadencia de nuestro país.
En su último informe el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) indica que la suba de los precios de la carne y el maíz en el mercado internacional se tradujo en un incremento de los precios de los alimentos, lo que "puso en evidencia la necesidad de desacoplar unos de otros para evitar que se genere un traslado inflacionario al mercado local".
El Centro no comprende la importancia de la producción y en consecuencia de la entrada de divisas. No se trata de bajar precios, se trata de elevar ingresos de la gente.
Cerca del 70% de las exportaciones argentinas se explican por la producción agroindustrial.
Quienes comprenden ello, deben promover el conocimiento de la sociedad sobre el peso de la actividad en la economía y el desafío que enfrenta con mercados externos ávidos de alimentos.
Este, quizás, sea un buen momento para recordar las coplas de Jorge Manrique cuando dice “Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte/ contemplando / cómo se pasa la vida…”.