Pese a que sufrió un freno a mediados de diciembre por la falta de lluvias, la siembra de soja sigue avanzando y con la emergencia de los cultivos, han comenzado a detectarse la presencia de plagas en los lotes.

Un informe del Inta Marcos Juárez, por ejemplo, destaca la aparición de daños variables de orugas y chinches. Asimismo, menciona la presencia de trips que se encuentran con poblaciones elevadas para la fecha respecto a años anteriores, y también la incidencia de Megascelis.

Sucede que el invierno y primavera con lluvias muy por debajo del promedio histórico, favorecieron la proliferación de plagas.

“Las plantas cuando están estresadas, ya sea por sequía o por temperatura alta, están más vulnerables a que las plagas ganen terreno. Además, el calor acelera el metabolismo de los insectos, compara Francisco Francioni, Gerente de Insecticidas de FMC.

El remedio entonces es fortalecer esas defensas y la propuesta de FMC es su programa Cropshield, compuesto por dos productos: Coragen, para el control de lepidópteros, como las orugas defoliadoras; y Dinno, para el ataque a las chinches.
“Es una protección casi perfecta para el cultivo, debido a las características que tienen estos productos: son banda verde, selectivos para fauna benéfica y persistentes; tienen un período de permanencia que se extiende de 20 a 25 días”, enumera Francioni.

Anticiparse

Según el ejecutivo de FMC, Cropshield es una herramienta que cambia el paradigma tradicional desde el concepto de “control” de plagas, a uno de “protección” del cultivo contra las mismas.
“No son productos preventivos, pero que sí deben hacerse de manera anticipada ante las primeras detecciones de los insectos, para que sean más eficientes, sobre todo por su prolongada persistencia como un escudo protector”, remarca Francioni.

En concreto, la recomendación es aplicar en estadios reproductivos tempranos; es decir, entre R2 y R3,5, y con un nivel de incidencia de alrededor de tres o cuatro orugas por metro cuadrado, en el caso de Coragen; y de una chinche por metro, para Dinno.

“Sobre este punto, el monitoreo es esencial, porque solo hay que aplicar el producto de la plaga que veamos: si no hay oruga, no utilizar Coragen. Y lo mismo con Dinno y las chinches”, aclara Francioni.

No demorarse en la estrategia defensiva es clave para lograr mayor eficacia. Los ensayos realizados por FMC indican que estos insecticidas logran eliminar a aproximadamente el 80 por ciento de los insectos presentes en un metro cuadrado. Por eso, no es lo mismo pulverizar con cinco orugas, donde quedaría viva solo una; que con 20, donde permanecerían cuatro. “De manera anticipada, en forma temprana, es cuando se va a notar la mejor performance de estos productos”, agrega Francioni.

De todos modos, también subraya la necesidad de que los monitoreos sean exhaustivos para poder determinar mejor tanto los umbrales que hacen necesaria una aplicación, como las dosis a utilizar.

Por ejemplo, si se detectan orugas bolillera, anticarsia o medidora, la recomendación son entre 30 y 50 centímetros cúbicos por hectárea de Coragen. Para falsa medidora, 50 centímetros cúbicos. En Dinno, en tanto, en general se sugieren entre 85 y 100 gramos por hectárea.

Aunque sea una estrategia defensiva, sirve para proteger de las plagas de la mejor manera y ganar no solo con controlarlas sino también con mayores rendimientos: según FMC, un planteo con Cropshield eleva entre tres y cuatro quintales por hectárea los rindes con respecto a un testigo sin aplicaciones.