“Somos una sociedad altamente conservadora y rutinaria, por tanto, nos cuesta introducir cambios incluso conceptuales. La mayoría de los colegas universitarios estamos fuertemente casados con los tradicionales sectores clásicos de las características feudales y estancos”, apuntó.

Incluso, siguió diciendo, la estadística del Banco Central del Paraguay (BCP) sigue presentando exclusivamente los datos, separadamente como sector primario, secundario y terciario. Aún no hay estadística del sector de los agronegocios como un todo, incluyendo todas las actividades primarias. Por lo menos, el 60% de las actividades industriales depende de la materia prima primaria, el 20% de las construcciones son rurales (silos, depósitos, bretes, corrales, alambradas, etc.) y el 30% de todos los servicios están relacionadas directamente con el sector primario en nuestro país. Por tanto, la palabra “agronegocio” debe ser más considerada y utilizada, porque es lo que mueve al país, aunque muchos no quieran reconocerlo, apuntó Dietze.

Agronegocio está en todo

En primer lugar la producción primaria, complementada con las agroindustrias, las construcciones rurales (sector secundario) y con los servicios (intangibles) que cooperan con el sector productivo, tales como las finanzas, el transporte, los proveedores de insumos, maquinarias y equipos, comercio en general, la educación agraria, entre otros. Existe una frase anónima que dice “en la vida necesitarás de un médico o un abogado una vez en la vida, pero del productor, tres veces al día”. En términos económicos, el agronegocio representa para el país el 45% del PIB y el 40% del empleo pleno y genuino, sin embargo, como ya lo mencionamos, el BCP maneja datos como primario, secundario y terciario, por tanto, es necesario ser consciente de que las cosas hay que analizarlas holísticamente, como un todo, tomando carta en la frase del prestigioso filósofo alemán Hegel, “la verdad está en el todo y no en las partes”, agregó el también rector de la Universidad San Carlos.

Dijo además que si al sector productivo se le sigue manejando como estamento separado y aislado de un contexto más global, y no como un concepto más abarcante, más integrado en la realidad concreta, los grupos políticos seguirán menospreciando el trabajo de tanta gente involucrada, con palabras tales como “la soja no genera empleo”, “la agricultura concentra la riqueza”, “la producción deteriora los recursos naturales”, “la vaca lanza gases de efecto invernadero”, entre otros muchos discursos negativos relacionados al sector productivo y empresarial.

Futuro a mediano y largo plazo

En lo referente al futuro del país a mediano y largo plazo, teniendo en cuenta la situación de la pandemia, el profesional dijo que debemos ser optimistas y esperanzadores, sin descuidar el entendimiento y el monitoreo de la realidad. El pesimismo destruye y el optimismo esperanzador construye, acotó. “Paraguay debe construir y digo esto porque la sociedad está llena de pescadores en río revuelto. Somos una sociedad muy propensa a cultivar escenarios que conllevan más a la destrucción y a agravar un problema que esforzarse individualmente y corporativamente en torno a solucionar un inconveniente”, apuntó.
Siguió diciendo que no es fácil construir y es más fácil destruir. Subir la escalera requiere esfuerzo, austeridad, reformas, cambios de paradigmas, trabajo y actitudes positivas, bajar la escalera es fácil. Para construir es necesario que todos cambiemos de actitud.

El mundo cada vez necesita más alimentos y nosotros tenemos la posibilidad y el potencial para producir y proveer más de estos bienes vitales para satisfacer la inmensa demanda insatisfecha existente en todo el mundo. No detallo este potencial puesto que todos lo conocemos, agregó. “Me encanta la palabra ‘progresar’, al igual que avanzar, evolucionar o cambiar. Solo se puede ‘progresar’ abandonando las cosas que no sirven, que ya están superadas, que representan costos, pero no ingresos, que se consume sin respaldo en la producción de bienes reales, que significan gastos sin ahorro e inversiones, etc.”, comentó.

El profesional aclaró que cuando habla de abandonar lo que no sirve, también se refiere a instituciones públicas y al estado, que requieren urgentes y profundos cambios abandonando todo lo que no sirve e insume gastos superfluos y no actividades que apoyen al sector productivo.

Paraguay más productor y más exportador

Necesitamos construir un Paraguay más productor y más exportador, de lo contrario no vamos a ninguna parte como país, los que piensan que distribuyendo, regalando, asistiendo y subvencionando a medio mundo de equivocan y de gran manera, reflexionó Dietze.

Lo único que nos salvará, acotó, es convertirnos en un país productor, exportador, y de ser posible con un avance paulatino hacia un mayor valor agregado de los bienes primarios. Por eso insisto, hasta incluso pecar por cansancio, en buscar el progreso del país en los agronegocios. Paraguay no tiene otra cosa que ofrecer por de pronto, y quizás pasarán todavía muchos años hasta que tengamos posibilidades competitivas en otros sectores, actividades, bienes o en otros servicios fuera del agronegocio.

Servicios fuera del agronegocio

Toda actividad económica de un país es buena y no debe ser descartada. Solo tenemos que reconocer y priorizar el sector más estratégico relacionado con nuestro potencial. Y creo que nadie puede dudar que este segmento es el del agronegocio. Siempre habrá y es importante que se desarrollen actividades intangibles como restaurantes, bares, comercios, servicios públicos, comunicaciones, etc., pero no son estas actividades las que de por sí llevaran estratégicamente adelante la economía de un país como Paraguay.

Nuestra nación no debe ni puede mentalizarse con esquemas keynesianos. Dado que somos una sociedad muy propensa a “recibir” y no a “dar”, a “destruir” y no a “construir”, esta mentalidad constituye un peligro, un “caldo de cultivo” del que se nutren los políticos para cosechar votos. Los políticos prefieren y utilizan astutamente el modelo populista, aunque saben perfectamente lo dañino que es. El keynesianismo mal manejado, nos lleva a un país “asistencialista”, “populista”, “al engaño” y a “la mentira”, en el cual es fácil entrar, pero muy difícil de salir y por supuesto estrategias como estas no pueden ser sostenibles y llevará a nuestro país al caos y a la miseria en relativamente corto plazo. Hay muchos ejemplos en el mundo de este engañoso modelo aplicado en países pobres como el nuestro. Debemos apuntar a un Paraguay productivo y exportador, no a una nación demagógica.

Por dónde empezar

A la consulta de por dónde se puede empezar para mejorar, el Ing. Dietze dijo “más que comenzar es necesario reconocer que hay un buen comienzo, gracias a la iniciativa privada productiva que ha hecho su trabajo, con sumo esfuerzo, dedicación, con inversiones productivas y con trabajo. Esto está una y mil veces demostrado con la existencia de un buen nivel de producción y de exportación de nuestro agronegocio. Más que comenzar, hay que continuar, ampliar, mejorar y diversificar las actividades productivas. Es necesario que Paraguay progrese y el Estado en todos sus estamentos debe priorizar y crear las condiciones para que el sector productivo pueda desarrollarse libremente.

Un pedido al Gobierno

Quisiera escuchar ampliamente y por largo tiempo en boca de todos los individuos del país el término “Paraguay más productor y más exportador”, es la mejor manera de mentalizarnos que el sector productivo y el agronegocio es la única estrategia visible y accesible en el corto y mediano plazo para progresar. Los comunicadores juegan un rol central para la difusión de este término cuyo objetivo no es otro que el de convencer a nuestra mente que la producción es lo más importante con un valor similar al del oro y al diamante. Esta mentalización nos permite progresar, es decir, abandonar todo aquello que no sirve, todo lo superfluo, todo lo inútil y concentrar políticas, esfuerzos y recursos hacia el sector de la producción. Quisiera escuchar la palabra “Paraguay productor y exportador” mucho más frecuentemente, con más fuerza, con más volumen y por mucho más tiempo que las palabras últimamente más escuchada en nuestro país y en el mundo que es: “covid-19” o “pandemia”.