La operación, la cual tiene como objetivo acabar con la falsificación y el comercio ilegal de plaguicidas, logró incautar 1,346 toneladas de plaguicidas ilegales, lo que equivale a 458 piscinas olímpicas de producto.

La coordinación entre países, Europol, y agencias como la Asociación de Protección de Cultivos Europea (ECPA, por sus siglas en inglés), la Oficina Europea contra el Fraude (OLAF), la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), y CropLife International, entre otras, lograron que las autoridades pudiesen llevar a cabo la inspección de fronteras marítimas y terrestres, comercializadoras y mercados locales. La colaboración internacional entre el sector público y privado, y de los involucrados en toda la cadena desde la manufactura a la disposición de envases, permitieron el éxito de la operación.

Los plaguicidas ilegales y falsificados representan un riesgo para la salud y el medio ambiente, ya que no cumplen con el riguroso estándar de investigación, desarrollo y evaluación que llevan los productos legales. Adicionalmente, puede generar grandes pérdidas a los agricultores, ya sea por su inefectividad para proteger los cultivos, o por el daño que pueda generar a los mismos.

La operación Silver Axe es un éxito en medio de los esfuerzos tímidos por combatir el comercio ilegal. A pesar que la comercialización de productos ilegales, falsificados o adulterados es un delito, hay una notoria ausencia de intervención y sanción a los grupos que operan en la región. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), aproximadamente el 10% del comercio de agroquímicos es ilegal, aunque otros aproximan que este número puede ser más alto. Por la gran rentabilidad que trae el comercio ilegal de plaguicidas, durante los últimos años ha crecido la cantidad de bandas criminales en la región, particularmente en la Triple Frontera (Brasil, Paraguay y Argentina).

La OCDE llama a toda la cadena de producción a cooperar para la identificación de los plaguicidas ilegales. Dentro de las mejores prácticas se encuentran conocer el origen de los plaguicidas y sus fabricantes, realizar inspecciones focalizadas de los empaques, etiquetas y registros de ventas, realizar capacitación a distribuidores y agricultores para identificar productos falsos, y abogar por el triple lavado y ponchadura de los envases vacíos de plaguicidas.

Fuente: Croplifela.org