Los jóvenes de hoy traen bajo el brazo herramientas tecnológicas para implementar soluciones inmediatas.
Agrofy habló con dos dirigentes agrarios, Juan Cruz Andrade, presidente del Ateneo de la Sociedad Rural , y Juan Martín Tanzi, presidente de ACA (Asociación de Cooperativas Argentinas) Jóvenes , sobre los choques generacionales, los prejuicios sociales hacia el sector y el valor del campo en la economía.
El campo genera identidad
Juan Cruz tiene 27 años, es administrador agrario y trabaja junto a su padre y cuatro personas más en el campo familiar de sus padres en Las Flores, provincia de Buenos Aires.
“Mi papá es bastante grande , tenemos 44 años de diferencia y en cuanto a las
prácticas ganaderas, es super conservador. Ahí es donde chocamos” , cuenta. En
especial, en las innovaciones tecnológicas y la comunicación. “Permanentemente
se da ese choque y está bueno, porque el campo sigue siendo el campo, pero la
manera en que se maneja el mundo es otro y no hay que renegar”, asegura
Si bien advierte que la última palabra es del padre, dueño del campo, “cada vez
va cediendo más”. “Soy muy insistente y a veces termina entregándose y me dice
que confía en mí”.
Para Juan Cruz es natural que se den encuentros entre las generaciones , pero rescata que los jóvenes también tienen para aprender de los mayores: “Las clave es que haya una continuidad pero sin estancarse siempre en lo mismo”, define.
Uno de los grandes cambios dentro del campo, lo dieron las redes sociales que
cambiaron no sólo la forma de relacionarse, sino también el modo de llevar
adelante ventas. “Nosotros criamos caballos y mi papá está acostumbrado a
comercializarlos de la forma tradicional. Es decir, llevarlos a una exposición o
un remate, dar a conocer de boca en boca y hacer la venta particular. Charlando
y conociendo a los compradores, pero hoy nadie tiene tiempo para hacer 200
kilómetros para ver un caballo, e internet tiene ese potencial”, argumenta.
El joven productor graba un video e inmediatamente ya lo ven miles de personas .
“Yo necesito dar respuestas inmediatas, no puedo charlar un precio, como hace él
cuando vende, que toma mate de por medio”, insiste.
Internet también le sirve para comparar presupuestos. “Antes le comprabas al
que vendía la semilla en el pueblo y capaz era más caro, pero no conocías que a
60 kilómetros tenías otra opción”, detalla.
Una de las grandes preocupaciones de Juan Cruz es la imagen negativa que tiene
el campo desde la sociedad urbana. “Antes no pasaba eso y todas las figuras del
campo tenían un tinte heroico no sólo en el rol fundamental para producir
alimentos, sino en lo cultural. Muchos se ríen si alguien canta una chacarera y
eso es lo que genera identidad en el país. Argentina es en esencia, campo, y es
triste que se haya ido perdiendo esa identidad”, sostiene.
Otro tema que inquieta es que “cada vez hay menos noción del valor del campo en
la cadena productiva ”. Para Juan Cruz hay un desconocimiento sobre el valor
productivo del agro. “Las nuevas generaciones no saben que lo que comen, lo que
visten, pero todo proviene del campo. Es una locura, tenemos que concientizar,
la gente no puede vivir sin saber la cadena de valor que genera el agro. Desde
los más pequeño, como las estaciones de servicio y las gomerías en las rutas ,
hasta gran parte de las industrias del país y los comercios. Es toda gente que
trabaja gracias a que alguien comenzó la cadena plantando una semilla”,
completa.
“No hay que venir a imponer”
Juan Martín Tanzi tiene 27 años y comenzó a participar activamente en juventudes agrarias en 2008 , luego del conflicto entre el campo y el gobierno.
Si bien estudió Ciencia Política, trabaja con su padre en Ascensión,
provincia de Buenos Aires. “Hace un año me instalé en el campo y trabajo más que
nada en la actividad de los cerdos”, detalla.
Para él existe un “intercambio” generacional . “Si bien se pueden presentar
dificultades para trabajar de ciertas maneras, mi papá creció de la nada y es
una oportunidad para aprender cómo se hicieron las cosas. Hay un intercambio,
transmisión de sacrificio, valores y cultura de trabajo”.
El joven dirigente explica que el negocio del criadero de cerdos, al ser producción confinada, es más parecido a una “fábrica” que a la concepción de lo que se considera un trabajo de campo. “Los animales no están en tierra y, al ser intensivo, manejamos más que nada información, datos y procedimientos. Yo trabajo mucho con la computadora, no es que hago fuerza”, indica.
Aunque no utiliza la internet para comprar insumos, sí se fija por ahí software, balanzas y tecnología para administrar y gestionar la producción porcina. “Hicimos cambios importantes en la granja y seguramente pronto compraremos un software para gestionarla”, añade.
Juan Martín insiste en el respeto. “ No hay que venir a imponer cosas y dejar
de lado a quienes hoy están frente a la actividad e hicieron las cosas bien”,
destaca. Según aclara, ni su papá ni las otras dos personas que trabajan el
campo manejan computadoras. “A veces uno viene con cambios en la cabeza, pero
tiene que adaptarse a la realidad y a las limitaciones de la granja. Hay que
bajar el ritmo y hacer cambios de manera más paulatina. Cuando uno camina tan
rápido, termina caminando solo”, observa.
A Juan Martín también le preocupa el desconocimiento que hay en la sociedad
sobre la actividad. “Yo estoy convencido de que el campo es importante como
motor del país, pero hay que entender también que no es lo único y que no todos
tienen por qué conocer la actividad. Yo no conozco cómo funcionan todas los
rubros de la gente que conozco ”.
Para el productor no se puede pretender que todos sepan sobre agro . “El noventa y pico por ciento de la población nunca vio un cerdo ni una gallina y no tiene nada de malo”, resume.