OESTE DE LA ZONA NUCLEO, MEJOR PROVISTO

Gran parte de la región pampeana y fundamentalmente la zona núcleo tuvo que lidiar con una primavera seca, principalmente durante el mes de noviembre sobre el norte de BA, buena parte de SF y CB. Los acumulados de octubre, irregulares, más algunos oportunos eventos en noviembre permitieron avanzar con las siembras, sin embargo el trimestre septiembre noviembre fue deficitario a gran escala y esto, aun con la recuperación que comenzó a darse hacia mediados de diciembre, tuvo una señal para gran parte de las zonas productivas del país al computar los totales pluviales de todo el semestre.

Efectivamente el mapa que compara las lluvias observadas con las estadísticas del semestre septiembre febrero, evidencia el predominio de precipitaciones por debajo de los valores normales, a la vez que muestra una clara diferenciación en el comportamiento pluvial de la zona núcleo, destacándose una mejor provisión de agua sobre el oeste, algo que se consolidó en esta entrada al trimestre de otoño, con un marzo muy llovedor en toda la pampa deprimida.

Como puede observarse, al computar todo el semestre, aparecen dos zonas con excesos pluviales o al menos lluvias normales. Una sobre el centro de la Mesopotamia y otra en el oeste de la zona núcleo. Mientras que sobre la Mesopotamia la concentración de precipitaciones en la primera parte del verano fue significativa, sobre el oeste de la zona núcleo la distribución temporal fue más favorable.

Insistimos en el dato de que en el mes de marzo gran parte del sudeste de CB, sudoeste de SF, norte de LP y buena parte del norte de BA, han tenido lluvias muy abundantes, entre 180 y 300 milímetros según la zona. Eventualmente esto genero excesos que ponían en riesgo la cosecha en sectores de la pampa deprimida, sin embargo, el patrón pluvial cambio favorablemente en esta primera quincena de abril y los problemas de anegamiento han cedido.

Si hacemos una análisis trimestral de las precipitaciones, el que resume el trimestre de verano (dic-feb), vemos una oferta de agua más cercana a la normal, al menos el territorio con buena provisión de lluvias tiene un despliegue más amplio.

Como hemos analizado previamente el período que va entre mediados de diciembre y mediados de enero, fue particularmente bueno para la gruesa y en muchos casos se ha convertido en el sostén de los resultados de la campaña. Hacia febrero, las lluvias retrocedieron marcadamente en el este de la zona núcleo, mientras que el oeste de la misma, siguió con buena carga pluvial.

A lo largo de todo el semestre, las diferentes zonas productivas han alternado períodos más secos con otros más húmedos. En este sentido, dependiendo del oportunismo en la distribución temporal de las lluvias de verano y del buen manejo agronómico, es posible que vastos sectores logren rendimientos normales para los cultivos de la gruesa, con mejor tendencia para el oeste de la zona núcleo.

Por otra parte, el sudoeste de la región pampeana es el que ha sufrido con mayor persistencia la escasez de precipitaciones. La gruesa no puede arrojar buenos resultados sobre este sector bajo estas circunstancias. Las pasturas implantadas en febrero requieren aportes pluviales perentorios para lograr un alivio que les permita sustentar su desarrollo durante lo que resta del mes de abril y no volverá a caer en un estado de sequia pleno.