El desgaste y pérdida de fertilidad y estructura de los suelos, a consecuencia de falta de rotación de cultivos y por la insuficiente reposición de nutrientes, indudablemente, está amenazando el potencial de la agricultura argentina y de Brasil. América Latina tiene una auténtica espada de Damocles que nubla su horizonte productivo.
Pero ello, no debe llevar a falsas conclusiones. Puede haber todo tipo de informes, pero mucho de ellos llevan a equivocación.
Cada vez es más criticada la práctica del monocultivo de soja. Es que ella comprometería la sustentabilidad económica de la agricultura, con efectos negativos en el corto y mediano plazo. ¿Cómo es esto?
Una de las personas que más claramente tiene en su mente esta cuestión, sin duda, es el profesor Otto Solbrig, de la Universidad de Harvard,
Según Otto Solbrig, hay que valorizar el ámbito regional, donde hay más posibilidades de atención del problema llevando adelante prácticas agrícolas conservacionistas como la siembra directa, la rotación de cultivos y el menor uso de agroquímicos.
Hoy el desafío consiste en alimentar a 6000 millones de personas combinando una producción sustentable con los menores efectos negativos posibles sobre el medio ambiente. Esta es una prioridad.
En tal caso es falso el dilema de hacer o no hacer soja. El planteo básico se da en la necesidad imperiosa de utilizar prácticas que dañen lo menos posible la calidad de los suelos.
El avance de la agricultura sobre área boscosas y ganaderas es tremendamente peligroso, por los daños que pueden ocasionar prácticas de laboreo como las convencionales.
Por ello, resulta risible la crítica sobre el uso de Sojas GMO cuando gracias a ellas se hace viable y mucho más conveniente la práctica de la siembra directa, con la aplicación de herbicidas no residuales o de menor contaminación sobre el ambiente a los de la siembra convencional.
Para hacer tomar conciencia sobre la
importancia que tiene el conocimiento y la capacitación como forma de detectar
nuevas oportunidades, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa
–AAPRESID- está realizando (del 26 al 29 de Agosto), en las instalaciones de
la Bolsa de Comercio de Rosario, el XI Congreso Nacional de Siembra Directa.
Allí se presenta el 1er. Seminario de Información intensiva para productores
empresarios “Bases para una verdadera competitividad”; con paneles sobre
rotación de cultivos, la biotecnología y el campo, así como la siembra
directa en América.
La Siembra Directa es un radical cambio de paradigma respecto de la agricultura
tradicional, cuyo fundamento ha sido labrar la tierra.
También en los últimos años, se advierte un cambio de paradigmas de la
genética, y ya no es indispensable cruzar padres para mejorar la semilla. La
ingeniería genética abre las puertas para transferir genes para lograrlo.
Siembra directa y biotecnología son dos revolucionarios cambios de paradigmas,
que hoy pasaron a ser prácticas generalizadas (60% en caso de siembra directa;
98 % en el caso de la soja resistente a glifosato y 40% en maíz Bt).
Para los casi 1500 empresarios rurales que participan de la reunión, la conclusión pareciera ser que la soja es una excelente alternativa siempre y cuando se realice como parte de un manejo sustentable. Ello implica la utilización de rotaciones con maíz, sorgo y otros cultivos.
La cadena de valor de la soja, que va desde la
producción de porotos, harinas y aceites es una actividad con valor agregado
que todavía tiene un alto potencial de desarrollo con la incorporación de
nuevos eslabones como los de
embotellamiento y empaque y comercialización hasta las góndolas de aquí y el
resto del mundo.
En los últimos 15 años, la agroindustria de la Argentina respondió a la demanda mundial con el crecimiento de la producción primaria, con una elevada inversión de empresas aceiteras, con el desarrollo de mercados de futuros, el aumento de la infraestructura portuaria y del mejoramiento genético.
Brasil y la Argentina son los países que cuentan con mayor potencial para responder a la demanda creciente que muestra el mundo. Son dos países con una extraordinaria oportunidad de crecimiento, si trabajan sobre criterios de sustentabilidad y cuidado de los recursos naturales.
Este es el verdadero desafío y no otro.
Argentina está en condiciones de producir, en tan sólo una década, entre 44 y 48 millones de toneladas de soja al año, más que sobre la base de un sustancial aumento de superficie sembrada, sobre un fuerte incremento de los rendimientos unitarios, vía mayor tecnología y fertilización.
¿Acaso ello no es un elemento de orgullo?