RIO DE JANEIRO.- Mientras desde la Argentina la empresa Bioceres persigue la aprobación de las autoridades para desarrollar un trigo transgénico tolerante a la sequía, en Brasil, principal destino de exportación del cereal argentino, advierten que a no ser que haya un cambio en las leyes brasileñas no se compraría ese nuevo producto.

"No depende del sector privado sino de la legislación de Brasil, que actualmente no permite ni la producción ni la importación de trigo transgénico. Cualquier cargamento de trigo transgénico de una empresa argentina será sometido a análisis por la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad y, si hubiese más de un 1% de ese producto, no entrará", afirmó a LA NACION el exdiplomático Rubens Barbosa, nuevo presidente de la Asociación Brasileña de Industrias del Trigo (Abitrigo).

Sin embargo, Barbosa resaltó que la misma fuerte resistencia oficial enfrentaron en un primer momento otros productos genéticamente modificados ahora totalmente aceptados por la industria agrícola, como es el caso de la soja (1998), el algodón (2005), el maíz (2007), el arroz (2010) y el poroto (2012).

"Fueron procesos que demoraron muchos años, pero al final la legislación se adaptó a la nueva realidad", señaló el exembajador en Estados Unidos (1999-2004). Hoy, casi el 100% de la producción brasileña de soja, maíz y algodón es transgénica, con casi 55 millones de hectáreas plantadas.

A pesar de ser un gigante productor de granos, Brasil importa hoy el 55% del trigo que se consume en el país, y la Argentina es la fuente para el 87% de esas importaciones. El año pasado se vendieron 6 millones de toneladas de ese grano a Brasil; la mitad de la cantidad total de trigo exportado por la Argentina. Y este año se espera que las compras brasileñas aumenten aún más.

En la Argentina, el trigo transgénico de Bioceres ya cuenta con los avales del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y de la Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), pero falta la luz verde del área de mercados de Agroindustria, que justamente teme perder compradores.

"Más allá de la eventual aprobación que pueda dar el Gobierno al trigo transgénico, existe un tema que puede resultar un gran obstáculo y es la reacción negativa de los consumidores. El trigo es un producto muy usado, en especial para el pan y las pastas que están en la mesa de cualquier brasileño, y no aceptaría fácilmente el rótulo de transgénico en los hogares; se requeriría de una fuerte campaña de información y educación del consumidor", destacó Barbosa, quien apuntó que el Mercosur debería hacer un trabajo mejor en los aspectos de convergencia regulatoria para armonizar las legislaciones de sus países miembros (la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).

Por otra parte, el presidente de Abitrigo advirtió que en caso de que el trigo genéticamente modificado sea aprobado por completo en la Argentina se corre el riesgo de que haya un contrabando de semillas tolerantes a la sequía hacia Brasil, se aumente la producción de trigo local y se importe menos cereal argentino.

"Algo similar sucedió con la soja, por lo que es importante que las autoridades de ambos países trabajen en conjunto en un mismo sentido", dijo Barbosa.