La producción de café no atraviesa su mejor momento. Bajos precios, poca calidad de la materia prima y falta de asistencia técnica del Gobierno obliga a algunos cafetaleros a dedicarse a la siembra de otros productos para poder subsistir.
Macario Izurraga cultiva café desde la década de los 60 y con el fruto de su trabajo le dio educación a sus ocho hijos. A pesar de su avanzada edad se niega a abandonar las labores del campo. En su chacra, ubicada en lo alto de las montañas de Chanchamayo, cuida que el grano del café pase por todos los procesos para que sea de la mayor calidad posible.
Alfonso, uno de los herederos de Macario, cuenta que gracias a su papá, él y sus hermanos son profesionales.
Recuerda que anteriormente el negocio era lucrativo, pero ahora el panorama es diferente.
“Hemos hecho un balance de costos y los números no son rentables. Producir un kilo de café cuesta hasta 9 soles, pero solo pagan 5 soles”, dijo.
Por su parte, Richard Romero, propietario de la finca Gran Cafetal, sostiene que es difícil mantenerse en el mercado bajo esas condiciones.
“Nosotros nos apoyamos entre familia para ver qué hacemos con el café”, señala.
El alcalde de San Luis de Shuaro, Juan Pariona Navarro, explica que el pago por debajo de los costos lo realizan las cooperativas debido a que estas cierran las negociaciones un año antes. Reconoce que no es justo para los cafetaleros, pero es un tema que debe cambiar.
Subasta suspendida
La tercera Subasta Internacional de Microlotes de Finos Café, prevista para el 26 agosto pasado, puso en evidencia la crisis del sector.
Las muestras presentadas no superaron en puntaje la calidad del año pasado, cuando el ganador logró 89 puntos de calidad en taza.
Este 2018, en el proceso de catación, el primer lugar se lo llevó el Café Río de Sal con 87,25 puntos, el segundo fue para Café Alto Palomar con 86,30 y el último se le adjudicó Pichanaki Chanchamayo, todos por debajo de lo esperado, por lo que el evento se suspendió.
El catador internacional Javier Pacheco, encargado de calificar el café, llamó a los productores a revisar sus procesos para mejorar la calidad de su producto, pero reconoció que no sería fácil.
"En estos momentos, por los bajos precios, los productores no pueden abonar dos veces la cosecha y eso impide que lleguemos a estándares internacionales requeridos", refirió.
Agregó que deben capacitarse y conocer sus terrenos para obtener mejores resultados de la cosecha.
El organizador del evento, José Jorge Durán, también gerente de Highland Coffe, señaló que otro aspecto que afectó la cosecha fue el cambio climático, por lo que pidió al Gobierno que voltee la mirada hacia los cafetaleros.
"Ahorita el agricultor está abandonado. La calidad decae porque el cafetalero se está volviendo pobre y si no tiene para alimentarse tampoco puede cuidar el cultivo. El Estado tiene que apoyarnos", resaltó.
Declarar emergencia
El director regional de Comercio Exterior y Turismo de Junín, Michele Antignani, denunció que el sector cafetalero en Junín está en crisis y que el Ejecutivo debería declararlo en estado de emergencia.
“Estamos recién saliendo de una enfermedad que el Gobierno no supo enfrentar, pues los programas implementados no dieron resultados. Nos urge la renovación de plantones porque los que tenemos, aunque se resisten a la plaga, no producen la calidad de antes", explica.
Asimismo, dijo que el Gobierno debe diseñar políticas para incentivar el consumo interno y frenar la venta de café soluble. El funcionario propone que se ponga un arancel a los cafés que vienen del extranjero.
Consultado sobre este tema, el ministro de Agricultura y Riego, Gustavo Mostajo, informó que se creará un comité regional que próximamente se reunirá con los afectados.
El desafío de comercializar directamente
Algunas fincas se abrieron paso a nuevos modelos de comercialización y entregaron el negocio a los más jóvenes. Uno de esos casos es el de Chacra de Dago, que tiene 50 años produciendo café en Chanchamayo, y ahora la tercera generación tiene el timón de la administración.
César Marín es un joven con 32 años, habla tres idiomas y cuenta que en su finca apuestan por vender ellos mismos su café para no depender de las gestiones de las cooperativas.
“Es un desafío pero el productor tiene que aprender a hacer trato directo. Es hora de decirle al comprador: ven a mi finca y mira mi producción”, dice.
En su finca se producen más de ocho quintales de café y vende a empresarios de Europa y EEUU. Marín asegura que su café se vende en glamorosas cafeterías degustado por exquisitos paladares.