SAN PEDRO CAFETITLÁN, Pochutla, Oaxaca.-En estas montañas con los árboles ideales para que las plantas de café crezcan protegidas de los rayos del sol, la actividad cafetalera no alcanza a ser ni la sombra de sus mejores años.
La plaga de la roya achicó las cosechas al diez por ciento. Aunque las autoridades entreguen nuevas plantas de variedades resistentes a la roya como catimor, no hay dinero ni fuerza de trabajo suficiente para renovar los cafetales.
Tienen ganas, pero no fuerzas ni dinero
A sus 70 años Julieta Martínez Alonso tiene las ganas, pero no las fuerzas suficientes ni el dinero para volver a producir los 25 sacos que años atrás obtenía de cuatro hectáreas que casi acabó el paso de la roya.
El efecto del huracán Paulina a finales de la década de los 90 fue el mal para el que no ha encontrado fin, sino una prolongación con una plaga que no ha podido combatir sola.
Con El Chino, como le llama a un burro que es su compañía de labranza desde hace 14 años, Julieta camina a diario ocho kilómetros, de ida y vuelta a su rancho para sembrar nuevas plantas de café.
Tiene tantos años de ser productora que se le borró de la memoria el momento en que empezó. Su esposo, Domingo Silva Martínez se le unió, pero la mayoría de veces ha producido el grano sola y no ha alcanzado a tostarlo ni a molerlo, pero quizá este año si lo intente para evitar que los 35 o 40 kilos de café pergamino se le vuelvan agua.
“No sé cuánto obtuve de cosecha, no lo he pesado, pero es menos de un bulto”, relata. La cosecha la levantó en cinco días, por ratitos y con ayuda de su esposo, cuando años atrás implicaba semanas completas para juntar dos docenas de sacos.
Ella misma sabe que “tiene mucha edad”, pero “me gusta trabajar” y ella misma siembra nuevas plantas de café de variedades resistentes a la roya para evitar pagar a quien lo haga, le falta dinero y fuerza.
Julieta es una de las 200 personas que en esta ranchería se dedican a la producción de café, una actividad que eligieron para el cambio de nombre de este pequeño poblado que cuando pertenecía a San Mateo Piñas se conocía como San Pedro Piñas.
Ganancias, a partir del café molido
De esos 200 productores, apenas tres tuestan y envasan el café molido para venderlo bajo una marca registrada.
Uno de ellos es Homero Blas Bustamante, quien tiene claro que son los productores de café pergamino quienes financian a la industria del café, boyante a partir de la venta del café molido o en taza.
Hacen frente a la plaga
Si él ha subsistido a la roya es porque ha renovado plantaciones con variedades resistentes y se ha apartado del monocultivo, sembrando jengibre, cardamomo, catimor o plátano junto con café.
“En una sola superficie se puede tener más de un cultivo, así se combatiría
la problemática de bajos precios, plagas, enfermedades y como productores no
dependemos de los ingresos del café, pero los cultivos agroecológicos no encajan
en la política de los sistema producto, no tienen apoyo, se necesita modificar
la Ley de Desarrollo Rural Sustentable”, advierte.
Suben costos, pero no el precio
Contrario al aumento de los costos de producción, el precio en dólares por quintal de café en grano no rebasa los 110 dólares. En vez de recuperarse, se pierde precio.
Si hace décadas un trabajador recibía diez pesos por llenar una lata con cerezas que cosecha de la planta, hoy pide 50 pesos y la comida.
La producción del café “es negocio a partir de que está como pergamino, en plantación no es redituable”.
Son los productores quienes subsidian a la industria “al vender a un precio menor del costo de producción el kilogramo de café pergamino”, cuando de un kilo de café molido se obtienen hasta 100 tazas, permitiendo hasta 50 por ciento de ganancia.
“La industria es la que gana más y el productor, al contrario pierde y ese es el efecto de la bolsa que no impacta en el precio envasado”, además de que las pocas posibilidades de tener una marca es por la falta de organización o nulos recursos para invertir en la comercialización, en medio de una producción reducida cada vez más a nada.
En vez de alejarse de la producción del café, Blas Bustamante se especializó en un café orgánico, amigable con los árboles y el comercio justo.
Su parcela en estas tierras es ecológica porque en ella ha adaptado otros productos orgánicos certificados como jengibre, curcuma, plátano, naranjo, limón, cacao y guanábana.
Así, diversifica ingresos para no depender del café y contribuye a la conservación de los bosques que tendría que derribar si optara por otro cultivo y achicara su visión empresarial.