El gobernador bonaerense, Felipe Solá, volvió a descartar ayer la
posibilidad de privatizar el Banco Provincia, aunque admitió que ese Estado
(dueño del paquete accionario de la entidad) aceptó someter a la entidad a una
auditoría en el contexto de lo dispuesto en la letra chica del acuerdo con el
FMI.
Solá rechazó la posibilidad de enajenar el capital del Bapro aunque se mostró
partidario de una reforma que le permita ganar en eficiencia,
"especialmente, a la hora de cobrar los préstamos dados, porque hay una
muy mala cultura al respecto".
Adelantó que si la conclusión a la que arribe la consultora privada que le
obliga a contratar el acuerdo con el FMI fuera que para mejorar el banco
"hay que venderlo", se opondría. "Al fin al cabo su dictamen no
será vinculante. Vamos a analizarlo y tomar las cosas que nos parecen
adecuadas, nada más", señaló.
En este sentido, adelantó a LA NACION (tal vez deseoso de dar un ejemplo al
respecto) que la provincia tiene decidido conceder a terceros la gestión de
cobro de los malos créditos del Bapro, de los que se hizo cargo hace poco más
de un año al poner en marcha un fideicomiso. "La idea es dar parte de esa
cartera, especialmente los préstamos que en origen eran menores a US$ 50.000, a
organizaciones que nos demuestren mayor capacidad de recupero, porque la
provincia está en emergencia y necesita hacerse de esos fondos", señaló.
El gobernador encabezó un ágape de agasajo al periodismo realizado ayer en la
sede porteña del grupo Bapro, en la City, donde departió animadamente con el
titular del banco, Ricardo Gutiérrez, y otros directores. Allí aprovechó la
oportunidad para anunciar que vetará distintos artículos de la ley que regula
el funcionamiento de las máquinas tragamonedas en los bingos bonaerenses y que
fue aprobada la semana pasada por la Legislatura provincial.
Javier Blanco