A la hora de exportar, cualquier modificación del tipo de cambio real de un país incide inmediatamente en su competitividad de corto plazo. Según éste se establezca, mayor o menor será su capacidad competitiva. El tipo de cambio real toma en cuenta el índice de precios de una economía.
Hay un principio claro: mientras mayor sea éste, mayor será el ingreso de los productores que están dedicados a la exportación.
Claro que éste es sólo un principio. Pues luego vienen todo tipo de "trampas" para modificar este principio y llevar dinero a las arcas fiscales. En la Argentina, las retenciones conforman la "trampa habitual", desde hace más de cinco décadas. Y la ideología que la sustenta está muy implantada en la dirigencia, sobre todo en la conducción que viene.
Todos sabemos que los precios de los granos se forman según sea el tipo de cambio. Si el dólar sube, también lo hacen los granos y viceversa.
Cuál es el valor del dólar que se viene. A pocos días de un nuevo gobierno, vale preguntarse ¿qué va a pasar? Predecir es muy difícil, algo menos que adivinar, pero difícil al fin.
Sin embargo podemos arriesgar algunas líneas de mayor probabilidad. Resulta poco probable que el valor del dólar llegue a niveles sustancialmente menores que los actuales. Este es un dato de alta probabilidad. Entre otras cosas, porque al mismo gobierno no le conviene, dado que si baja, se reducen los montos por cobrar en concepto de retenciones o derechos de exportación.
En tal caso podríamos casi afirmar que el piso estará en un valor cercano a $2,70-$2,80. Esto significa para la mayor parte de la producción granaria un tipo de cambio "efectivo" en un valor aproximado de $2,20-$2,25.
Es decir que el piso sería muy semejante al valor actual del dólar. No olvidemos que hoy por hoy el tipo de cambio efectivo se halla próximo a $2,20 (un poco menos para el caso de las oleaginosas).
Este es el escenario de menor valor.
Pero... ¿qué pasaría si el dólar sube? Que suba no es algo disparatado, por el contrario, parece ser algo muy lógico. ¿Por qué? Pues porque la sola regularización de pagos por la deuda externa, una vez acordado un plan de pagos con el FMI y demás acreedores, implicaría un aumento fuerte sobre la demanda de dólares. Y si llega a darse un leve repunte en la actividad, las importaciones también lo harían y, en consecuencia, la demanda sobre esta divisa, también aumentaría.
La cuestión para el productor es no sólo si el dólar sube. La cuestión es que va a pasar con el nivel de retenciones o derechos de exportación. En tal caso, lo más probable es que el porcentaje en concepto de retenciones suba. Porque, además de mejorar la recaudación, la suba de las retenciones, atenuaría la inflación que acarrearía la suba del dólar.
En buen romance, vemos como muy probable un tipo de cambio efectivo parecido al actual. Suba o no suba el dólar, el tipo de cambio efectivo real será semejante al que ahora tenemos, aún cuando los candidatos hayan dicho lo contrario.
La desesperación por mejorar las cuentas fiscales, sin grandes sacrificios políticos, prácticamente asegura tal comportamiento. La enorme seducción que ejercen las retenciones sobre los gobernantes, sobre todo los más populistas, no va a dejar de funcionar en los próximos meses. Al menos, eso es lo que parece más probable.