Estoy en Purdue University.
En los días anteriores di unas charlas en Georgetown University y en George Washington University, ambas en la ciudad de Washington.
Paro ahora me encuentro en el Campus de esta universidad en la ciudad de Lafayette.
Fue recibido muy cálidamente por las autoridades. Curiosamente, encontré un estudiante argentino que me ha acompañado y ayudado en varias circunstancias para hacer más eficiente mi estadía. Miguel Echarnier es de Córdoba (hasta donde llegan los cordobeses!) y está haciendo un master.
Esta Universidad se encuentra en el Estado de Indiana. Tiene aproximadamente 35.000 alumnos y su presupuesto es de unos 2.000 millones de dólares al año, muy superior al de la UBA que cuenta con unos 200.000 alumnos. Fue fundada en 1869, con la idea de promover el desarrollo de la agricultura.
Ayer me toco dar mi conferencia en el Centro de Negocios de Alimentos y Agricultura. Este Centro se dedica a enseñar pero por sobre todo a investigar a fin de asistir a Empresas de todo el mundo, como ser Syngenta, Central Soya Company, Pioneer, Pfizer, Monsanto, entre otras. Por tal razón se autofinancia y por ende no recibe ningún tipo de fondos que no sean de empresas clientes.
La conferencia fue interesante por el nivel de preguntas. Los asistentes, tanto productores como profesores y estudiantes, estaban enormemente sorprendidos sobre el crecimiento observado en la soja de Argentina y de Brasil.
Mientras que en EE.UU, con subsidios preferenciales para la soja, esta tuvo un comportamiento más que pobre, en Argentina y Brasil, el volumen de esta oleaginosa se triplicó en tan solo diez años.
La pregunta de todos ellos era: como fue posible? Hasta hace tan solo unos pocos años no sabían casi nada sobre la soja en Argentina. Y ahora quieren saber que hicimos.
Su sorpresa fue mayúscula cuando, les explique que la exportación de soja tiene un impuesto del orden del 23,5%.
Su temor era que Argentina (y Brasil) continuara creciendo. En tal caso, el precio de la soja sería más bajo y por ende el subsidio a recibir más alto. Y como EE.UU. mantiene un enorme déficit al que ahora debe agregar los gastos militares incrementados, es probable que los años para los subsidios estén contados.
La nueva política de EE.UU. está concentrada en la seguridad nacional. Y el presupuesto para ella es prioritario. Cabe, entonces preguntarse: hasta cuando seguirá esta estrategia de subsidios?
Por otro lado, el Gobierno debe preguntarse para que sirvió tanto dinero volcado a los subsidios si luego no hay aumentos en la productividad.
Parece ser que el Gobierno tiene la idea de ir cambiando su estrategia. A
través de la negociaciones internacionales va a apostar a que la Unión Europea
comience a disminuir el nivel de subsidios. De esta forma, la oferta tendería a
reducirse.
Y por otro lado, el Gobierno de EE. UU. Apuntaría a desarrollar nuevos
mercados, incluso aplicando parte de los fondos que dejaría de usar en
subsidios a la financiación de importaciones por parte de países que hoy no
están en condiciones de hacerlo.
Como se ve la perspectiva es buena para aquellos que se mueven con las reglas del mercado libre.
En tal caso, los productores-empresarios argentinos llevan las de ganar. A mediano plazo, sin duda va a ser un buen negocio.
Pero… por favor! que el Gobierno argentino tome nota de ello.
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