BAGDAD (Reuters).- Las fuerzas de Estados Unidos se enfrentaban ayer con una ola de saqueos y descontrol civil en todo Irak, el brutal asesinato de un líder chiita moderado en una mezquita del Sur y un atentado suicida en pleno Bagdad, que amenazan con destruir la euforia que anteayer marcó la caída del régimen de Saddam Hussein.

El desorden provocado por el vacío de poder que dejó la dramática desintegración del gobierno no impidió que las tropas norteamericanas intensificaran la ofensiva sobre el norte de Irak para lograr el control total del país.

Como parte de ese avance, los rebeldes kurdos, apoyados por comandos estadounidenses, tomaron ayer, sin resistencia, la norteña ciudad de Kirkuk, una de las más ricas en petróleo de Irak. La captura enfrentó a Washington con una dura reacción de Turquía, que teme que los kurdos declaren allí su propio Estado.

Para evitar complicaciones, el Comando Central de Estados Unidos, en Qatar, ordenó a sus tropas sumarse a los 100 comandos especiales que ya están en la ciudad. Dirigentes de los peshmergas (los combatientes kurdos) prometieron, por su parte, que sus efectivos abandonarán hoy la localidad.

Kirkuk es uno de los tres objetivos del Norte que la coalición buscaba tomar para lograr el control de la región, donde se habrían reagrupado las defensas de Saddam, la Guardia Republicana y los fedayines.

Otro es la ciudad de Mosul, donde anoche ingresaron un pequeño número de tropas norteamericanas y efectivos kurdos luego de que el gobernador general de la región negoció la rendición y la entrega de armas.

"Por lo que sé hay un proceso ordenado y las fuerzas que están ingresando son bienvenidas por la población", dijo anoche el secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, tras recibir un informe desde el Comando, en Qatar.

Mosul es la tercera ciudad de Irak, luego de Bagdad y Basora, en el Sur. El tercer gran objetivo geográfico de la coalición anglo-norteamericana es Tikrit, la norteña ciudad donde creció Saddam y hacia donde se habrían replegado decenas de miles de miembros de la Guardia Republicana, según dijeron fuentes del Comando Central. Tropas norteamericanas dejaron ayer Bagdad rumbo a Tikrit, apoyadas por una ofensiva aérea que tuvo a esa ciudad como el blanco más bombardeado.

Si bien la ofensiva en el Norte encontró pocos obstáculos, en el centro y sur de Irak las tropas norteamericanas se enfrentaron no tanto a la resistencia de los leales a Saddam, sino más bien a los efectos del vacío de poder generados por la caída del régimen.

En el centro de Irak, en Najaf, el asesinato del líder chiita moderado Abdul Majid al-Khoei, cercano a Estados Unidos, y de su asistente en una mezquita amenaza con profundizar las divisiones y el odio dentro de la mayoría chiita, que representa el 60% de la población de Irak.

Al-Khoei, que vivió 12 años en el exilio y regresó recientemente a Irak, fue apuñalado por una muchedumbre en la mezquita de Ali, uno de los lugares más sagrados del islam. Su regreso al país había provocado intensas críticas de otros disidentes chiitas, que buscan hacerse con la autoridad tras la caída de Saddam.

La tensión y el descontrol reinaron también en la capital iraquí. Al día siguiente de que las tropas lideradas por Estados Unidos entraron con tanques hasta el corazón de Bagdad, en medio de la alegría de cientos de iraquíes, aún se desconocía la suerte de Saddam Hussein. Sin embargo, soldados y paramilitares leales a su régimen continuaban la lucha en su nombre.

En pleno centro de la capital un kamikaze vestido de civil detonó los explosivos que cargaba en un puesto de control en la capital iraquí matando a por lo menos un marine, según informó el oficial Matt Baker. El atentado ocurrió a metros del hotel Palestina, donde se alojan cientos de corresponsales extranjeros.

El ataque se produjo sólo horas después de que otro marine murió y más de 20 resultaron heridos durante una batalla de siete horas con efectivos leales a Saddam que disparaban desde la mezquita Al-Adham, en la ribera este del río Tigris.

Un comandante de la III División de Infantería, Mike Culpepper, afirmó que "estamos operando a voluntad", pero añadió que "todavía hay más pelea por delante. Hay todavía más enemigos en la ciudad y hay enemigos fuera de la ciudad".

Frente a la amenaza de más resistencia aislada, sus tropas recibieron la orden de disparar a cualquiera que actuara sospechosamente y varios civiles fueron heridos.

Aviones estadounidenses, por su parte, bombardearon posiciones controladas por combatientes árabes en el distrito occidental de Mansour, cerca de un edificio de la policía secreta iraquí.

El descontrol civil

Pese a controlar la ciudad, las tropas no lograron todavía apagar los focos de resistencia leal a Saddam, y el vocero del Comando Central, Victor Renuart, describió ayer la capital como un lugar que "todavía es feo para estar", porque "el trabajo no está completo aún".

Renuart aludía no sólo a la resistencia, sino también a los saqueos y el descontrol civil que gobernaron la ciudad y que les valieron a los aliados severas críticas de organizaciones humanitarias (ver Pág. 4).

En Bagdad, los saqueadores atacaron decenas de edificios oficiales y casas de funcionarios. Entre ellas, estuvo la residencia del viceprimer ministro de Saddam, Tarek Aziz, llevándose todo lo que podían, aunque dejando tiradas las obras completas del líder iraquí, un libro del ex presidente estadounidense Richard Nixon y "El padrino", la famosa novela de Mario Puzo sobre la mafia.

Muchos de los saqueadores eran del área conocida como Ciudad Saddam, donde residen unos dos millones de empobrecidos chiitas musulmanes. Cuando se le preguntó por qué robaba en esa casa un hombre no pronunció palabra, pero se apuntó la boca abierta para indicar que tenía hambre.

La capital, además, permanece sin agua, electricidad y telecomunicaciones, por lo que el mensaje televisado que el presidente George W. Bush lanzó ayer a los iraquíes no pudo ser visto en Bagdad.

Las fuerzas de Estados Unidos y Gran Bretaña, que aún tienen que declarar su victoria en la guerra de más de tres semanas, trataban de calmar a los iraquíes tanto en Bagdad como en Basora y Umm Qasr, las ciudades del Sur donde también se registró un creciente nivel de anarquía.

Los saqueos incluyeron uno de los hospitales más grandes de Bagdad, según anunció la Cruz Roja, que ayer reanudó su trabajo en la ciudad, con críticas a la coalición.

"La seguridad en la ciudad es muy mala y la gente no se atreve a ir a los hospitales. Los hospitales pequeños están cerrados y los grandes están inaccesibles."