Pues bien, desde enero de 2002, esto es hace tan sólo un año y tres meses, hubo un giro terrible en la política económica al abandonar la convertibilidad.

En aquel ya lejano enero, el gobierno justificaba su irrupción en el poder aduciendo la necesidad imperiosa de un cambio total del "modelo".

Para ello, éste sostenía que era preciso devolver la competitividad perdida al sector productivo, mediante un tipo de cambio superior al establecido durante la década de los 90 y los años 2000 y 2001.

Efectivamente, hubo un cambio. Y el giro fue tan fuerte que, hoy por hoy, estamos próximos al punto inicial. Sí, señores: lo que leen. El giro no fue de 180 grados sino que, a la fecha, es de aproximadamente 340 grados. Sólo nos quedan unos 20 grados para llegar al punto inicial, es decir al tipo de cambio de la convertibilidad. ¿Es o no es de locos?

La verdad es que el actual dólar para la exportación agrícola no es claramente más alto que el del año 2001, cuando la devaluación no había azotado con toda crudeza, aún, la vida social de nuestro país.

La historia fue que allá por mayo y junio del año pasado, cuando el dólar llegó a superar la barrera de $4 por unidad, se logró un tipo de cambio muy pero muy alto. Y a partir de allí el gobierno comenzó a diseñar estrategias para quitar ese plus y llevarlo a otras áreas.

Al tomar en cuenta la inflación, sobre todo la experimentada en el primer semestre del año pasado, se advierte que hubo días en que, en dinero actual, el valor del dólar tenía un nivel cercano a $6.

Pero luego la cosa fue cambiando rápidamente y más precisamente, desde que comenzara la cosecha fina, el dólar no hizo otra cosa que caer de forma precipitada, en términos nominales.

Al punto tal que actualmente el dólar apenas toca los $2,90, en lo que parece ser un nivel de cierta estabilidad.

Lógicamente, el precio de la soja y el maíz, ahora en plena cosecha, han bajado de la misma forma. Ya nadie habla de soja de más $60 sino de de $45.

Estos precios han caído a un nivel tal que equivalen a un valor de dólar muy cercano al correspondiente a los tiempos de la convertibilidad.

El cálculo es más o menos sencillo: en aquel período no había retenciones, al menos para los cereales. En el caso de las oleaginosas, las retenciones eran sumamente reducidas.

Por ello, lo que el productor agrícola cobraba, a la hora de la comercialización de sus granos, correspondía a prácticamente a la totalidad del valor del dólar recibido por producto exportado.

Como, en moneda de hoy, el valor del dólar de la convertibilidad giraba en torno a unos $2,15, el productor cobraba por cada dólar, el equivalente a lo que actualmente sería, en términos adquisitivos, tal monto. En buen romance: por cada dólar recibía unos $2,15 de hoy.

Es de destacar que en los tiempos del factor de convergencia, al final de la convertibilidad, recibía un poco más, es decir alrededor de $2,20.

Como actualmente hay retenciones, y bien altas, cuando el productor vende cereal, por cada dólar que cobra, es castigado con una quita de aproximadamente 20%. En buen romance: hoy recibe alrededor de $2,30.

¿Qué les parece, señores?

¿Dirían ustedes que lo realizado en estos 15 meses de gestión gubernamental corresponde a un giro de 180 grados?

Según lo que entendemos, desde esta columna, el giro ha sido más bien de 360 grados. Al menos para el campo. Que exporta y genera divisas.

Y lo peor de todo es que, los costos de todos los insumos importados sí se elevaron al valor de un dólar sin retención.

El sueño duró poco. No se puede decir que lo del primer semestre fue un oasis. Pues sin duda fue una realidad. Pero muy breve y muy publicitada.

Pero ahora, el productor debe pagar con creces ese corto "verano" (otoñal) del 2002.

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Fuente propia.

Manuel Alvarado Ledesma
Economista. Director de Consultoría Económica para el Agro