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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Economía & Regiones). Hace varios años que venimos escuchando que el abaratamiento del dólar (apreciación del tipo de cambio) era un obstáculo para nuestro el nivel de actividad, ya querestaba competitividad a los sectores exportadores en general y a las economías regionales en particular, mientras que también erosionaba la protección para los sustituidores de importaciones mercado internistas.

Siguiendo la lógica anterior y considerando que el dólar se ha encarecido fuertemente en términos reales, Argentina debería comenzar a crecer rápidamente porque se ha recuperado competitividad (para exportadores) y protección (sustituidores de importaciones).

Puntualmente, para el caso de Estados Unidos el índice de tipo de cambio real bilateral (TCRB) de Argentina aumentó un 45% desde el mes previo a la salida del cepo, pasando de 0.98 a 1.42
entre nov´15 y feb´16 respectivamente. Debemos retrotraernos 6 años atrás, allá por marzo de 2010, para observar niveles de competitividad similares a los de hoy en día.

En relación a Brasil, el índice de TCRB subió un 43% desde la salida del cepo, pasando de 1.16 a 1.66 entre los meses de noviembre pasado y febrero de este año respectivamente. Si bien el
apuntalamiento del TCRB contra Brasil (43%) fue similar que contra Estado Unidos (45%), las importantes y constantes devaluaciones de Brasil sólo nos permiten recomponer menos
competitividad. 

Así nuestro TCRB contra Brasil se encuentra hoy un 37% más apreciado (más caro) frente al nivel alcanzado 6 años atrás, allá por marzo de 2010. No obstante, el actual TCRB es un 66% más depreciado que en diciembre de 2001. En resumidas cuentas, nuestro país se abarató frente a Brasil en comparación con el mes previo a la salida del cepo y el 2001, pero no frente al periodo 2003-2014 donde Brasil se encontraba excesivamente caro producto de la fuerte apreciación de su moneda. 

En resumidas cuentas, si el anterior argumento, que sostenía que los problemas de actividad de Argentina se fundamentaban principalmente en el anterior abaratamiento del dólar, fueran 100%
verdad; entonces la reciente devaluación del tipo de cambio debería servir para que el PBI volviera a registrar tasas de variación positivas. De hecho, la actual competitividad del tipo de cambio real contra el dólar es similar a la de 2010 y superior a la que se registraba en 2011 cuando la economía creció a +7.8% y +6.3%; respectivamente.

Este encarecimiento del dólar (junto a la baja de exportaciones) debería contribuir a aumentar la producción de productos exportables, tanto del agro como de las economías regionales. Al
mismo tiempo, el aumento del tipo de cambio debería contribuir positivamente a la liquidación de exportaciones, impulsando el ingreso de divisas a la economía y la acumulación de reservas en el BCRA. Con la misma lógica, la mejora del tipo de cambio también debería apuntalar la producción de bienes de sustitución de importaciones, ya que abarata el costo de producir en Argentina en relación a nuestros socios comerciales.

De hecho, todas nuestras estimaciones convalidan el hecho que tanto la devaluación como la quita (rebaja) de retenciones han servido para mejorar la competitividadtanto del sector agroexportador (según ICOPESA E&R) como de las economías regionales (índices Regionales E&R).

La competitividad-precio medida a través del ICOPESA de E&R aumentó 67% desde el mes previo a la salida del cepo cambiario, permitiendo que el índice se ubique un 44% por encima de
la salida de la Convertibilidad
 (diciembre de 2001). El reciente avance del dólar hasta $15.50, sumado a la eliminación de las retenciones (salvo soja que bajo un 5%) fueron las principales variables que explicaron la mejora en el índice de competitividad del sector agro exportador.

Cabe destacar que para los sectores a los que se les quitó las retenciones por completo, la mejora en la competitividad fue muy superior. Desde el mes previo a la salida del cepo (nov´15),
las mayores ganancias de competitividad se registraron en trigo (139%), girasol (115%), maíz (86%), carne (83%), cuero (78%).

Para el complejo sojero, que recibió una reducción de solo 5 puntos porcentuales en las retenciones, la mejora fue menor; soja poroto (67%), harina de soja (50%) y aceite de soja (82%).
Este último se recuperó más por un alza del precio internacional en dólares (10%) del aceite en relación a los otros derivados del complejo

La competitividad precio efectiva (CPE) de economías regionales –exportadoras- como el algodón, azúcar, naranja, tabaco, té, arroz, manzana, yerba, maní, y peras depende de los precios de los
commodities, el tipo de cambio (nominal oficial), las retenciones a las exportaciones y los costos de producción. A través del Índice de competitividad de las economías regionales (ICER) medimos
estos cambios.

La competitividad de las economías regionales se veía fuertemente menoscabada por el abaratamiento del dólar y las retenciones, por lo que el sinceramiento cambiario y la abolición del impuesto a exportar contribuyeron muy positivamente a restaurar su competitividad. Según el ICER, la competitividad precio de las economías regionales mejoró en promedio un 63% y 68% con respecto a la salida del cepo y finales de 2001.

En el gráfico de arriba se observa que, más allá de algunas diferencias sectoriales marginales, la competitividad precio de todas las economías regionales se han visto fuertemente beneficiadas por la quita de retenciones y la devaluación. Los productos más beneficiados son los que percibían alícuotas de retención más alta como el algodón, tabaco, y la pera cuyas mejoras alcanzan 76.1%, 68.4% y 66.2% respectivamente.

En síntesis, el actual programa económico que levantó el cepo, sinceró el tipo de cambio y quitó (redujo) las retenciones devolvió la competitividad al sector agropecuario y a las economías regionales, pero no alcanzará para que el nivel de actividad responda rápidamente que, según nuestro análisis, crecería muy poco o nada en 2016.

Hay varias razones que explican por qué las economías regionales y el sector agropecuario no pueden por sí solos catapultar el resurgimiento del nivel de actividad. Primero y fundamental, hay
que tener en cuenta que las decisiones de inversión y de siembra fueron realizadas el pasado año con un tipo de cambio mucho menos competitivo que atentaba contra la rentabilidad del negocio, lo cual hizo que se sembrara menos de “todo”.

En este contexto, la campaña 2015/2016 tendrá menos volumen que la de 2014/2015. A la menor cosecha hay que sumarle precios de commodoties más bajos en el mercado internacional, con lo cual toda la cosecha tendrá un valor (precio por cantidad) inferior, impidiendo que este sector se constituya en el trampolín de la macroeconomía.

Segundo, hay que considerar que sobre la competitividad del sector agro exportador y de las economías regionales (y de toda la economía) influye todo un conjunto de variables que excede ampliamente al tipo de cambio.

Y justamente, el problema es que todo ese conjunto de variables (expectativas de inflación, expectativas de devaluación, presión tributaria, gasto público, salarios y su relación con la
productividad del trabajo y tasa de interés) que excede al tipo de cambio, pero influye sobre la competitividad del campo y de las economías regionales, todavía “está jugando en contra” en la
Argentina de hoy en día.

Es decir, la mejora de la competitividad precio por tipo de cambio y por quita (baja) de retenciones, a pesar de ser elevadísima, no alcanza para compensar la elevada presión tributaria y tasa de interés, el desacople entre salarios y productividad, la imposibilidad de seguir financiando (con inflación, impuestos o deuda) el actual nivel de gasto público y las fuertes expectativas de inflación y de devaluación. Según la UTDT las expectativas de inflación están en 33% para los próximos 12 meses. De acuerdo con el Rofex, el dólar está $18 a fines de 2018.

En este contexto en el cual las previsiones sobre inflación, mercado cambiario, costo de financiamiento futuro, costos fiscales y costos laborales no son positivas, el empresario prefiere
asumir una postura “wait & see” y no arriesgar y no invertir, con lo cual la mejora de competitividad por tipo de cambio y quita (rebaja) de retenciones queda “anulada”. Por consiguiente, la economía argentina no tiene de dónde agarrarse para que su nivel de actividad vuelva a expandirse en el corto plazo. Nuestro escenario base proyecta una tasa de expansión del PBI en torno a 0.5% en 2016. Ahora bien, si no se accede a todo el financiamiento que necesita el gradualismo fiscal, el BCRA tendrá que emitir más y el nivel de actividad podría crecer 0% o incluso -0.5% en 2016.

En pocas palabras, esperamos que la dinámica del nivel de actividad de 2016 no sea muy diferente al promedio de los últimos años. Puntualmente, de acuerdo al PBG E&R, la economía argentina habría crecido tan sólo +1.4% en 2015, pero debilitándose trimestre tras trimestre. De hecho, el 4to. trimestre 2016 fue más débil que el 3ro.; y éste peor que el anterior. El ISAE no sólo confirma este debilitamiento, sino que muestra números negativos al final del 2015 y a comienzos de 2016 que, según nuestro análisis, “permanecerían” algunos meses más, manteniéndose el escenario estanflacionario de los últimos 4 años.