La cuestión de la guerra encuentra a nuestro país en una posición más o menos favorable, al menos desde un punto de vista internacional.

¿Por qué razón? Pues bien, por un lado los stocks mundiales de commodities agrícolas son propicios para un nivel de precios atractivo.

Y por otro lado, la guerra en sí no debiera afectar mayormente la capacidad de compra de Medio Oriente, dado que el conflicto no presenta por ahora perspectivas de contagio. Obviamente, el mercado iraquí sería el perjudicado. Pero sólo éste.

Pero lo interesante de ello, es que el valor del dólar debería seguir cayendo y por consecuencia los mercados fuera del circuito de EE.UU. (extra-dólar) habrían de alcanzar mayor capacidad adquisitiva.

Veamos lo dicho con mayor precisión.

La observación sobre los stocks mundiales, en la mayor parte de los commodities durante los últimos años, registra claramente una relación stock-uso decreciente, más precisamente en la que acaba de terminar.

Concretamente, la proyección de la relación stock-uso en esta campaña, tanto sea del trigo como la soja y el maíz, revela el nivel más bajo de los últimos años. El caso más contundente es el del maíz y trigo, cuyas relaciones stocks-uso serían de las más bajas desde la década del 80.

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Fuente: USDA

En tal contexto, el cuadro de oferta y demanda mundial se presenta más favorable para esta campaña. La baja significativa de las existencias de cereales y oleaginosas proyectadas, así como la disminución de la producción de los principales granos (con excepción de la soja) así lo demuestran.

Los problemas derivados del conflicto, además, pueden volcarse a favor de una actitud por parte del gobierno de EE.UU. más propensa a no incrementar el nivel de subsidios y, eventualmente, a revisar los actuales niveles de ayuda. Sea lo que fuere, el solo hecho de que se vislumbre un cuadro, sin nuevos incrementos en el nivel de intervención sobre el mercado, apoya la tesis de precios sostenidos en el mundo.

La mejora en el tipo de cambio de las monedas de los mercados de compra de commodities es claramente un aliciente a la suba de precios por el mayor poder adquisitivo consiguiente. Asia, por caso, es una región de gran potencial de aumento en la demanda, tanto sea por el tamaño del mercado como por el bajo ingreso per cápita que al incrementarse provoca mayor consumo de alimentos. El análisis histórico revela su dinamismo: en los últimos diez años, el valor de sus importaciones agrícolas y de alimentos creció aproximadamente 80%.

La economía de EE.UU. definida en los últimos años como locomotora mundial presenta, a partir de la Guerra en Irak, un cuadro de incertidumbre sobre el desempeño en el porvenir mundial.

Las consecuencias económicas deberían manifestarse mediante un enfriamiento de la economía mundial (menor crecimiento por la suba del precio de la energía), tasas de interés estables o en descenso en los países desarrollados, pérdida de valor del dólar frente a otras divisas y precios de commodities crecientes en el corto plazo.

El actual cuadro de EE.UU. está afectando la confianza de los consumidores de este país y disminuyendo el interés de los inversores internacionales por activos reales y financieros en dólares (bonos corporativos, acciones y bienes raíces en EE.UU.), que buscan refugio en otras monedas fuertes. Vale remarcar que desde Octubre pasado, el dólar se depreció casi un 11% frente al euro, al tiempo que el rendimiento del bono a 30 años cayó a 4,8% anual desde el 5,16%.

El valor del dólar ha venido cayendo desde principios de 2002 por las dificultades que presenta la propia economía americana (una baja de aproximadamente 25% respecto el euro), entre los que se cuentan el muy bajo nivel de tasas de interés locales, los fraudes contables, las escasas ganancias corporativas, las pérdidas bursátiles y la ampliación de los déficits fiscales y en cuenta corriente.

Más allá de la suba del costo de la energía, el efecto de muy corto plazo sería un alza del precio de los commodities agrícolas motivada por: a) los temores asociados a una escasez de oferta mundial y, b) la debilidad del dólar (los commodities están expresados en moneda americana).

Pero claro, no todo es bueno. Una mirada en el largo plazo permite una perspectiva diferente. A consecuencia del enfriamiento de la economía que debería verse tras la guerra, esa suba iría achatándose para luego dar paso a un descenso de las cotizaciones.