La lluvia de las últimas horas fue fuerte y generosa en casi toda la provincia, y abundante en el área sojera, que tanto necesitaba el agua. Pero el fenómeno climático llegó tarde, y las pérdidas para los productores de este grano son cuantiosas. En la zona sojera norte de Tucumán (departamento Burruyacu), las precipitaciones alcanzaron volúmenes que rondaron entre los 60 y 80 milímetros, dice el diario La Gaceta de Tucumán.

“Estas lluvias tendrían que haberse producido hace exactamente una semana. Ahora, ya es tarde para la soja”, señaló el consultor agropecuario Oscar Ricci. Sostuvo que en Garmendia, por ejemplo, cayeron 80 milímetros de agua, pero dejó en claro que en esta zona la situación de los cultivos ya es irrecuperable en muchos lotes.

En la zona central de la provincia se registraron en las últimas horas precipitaciones que rondaron entre los 60 y los 65 milímetros, mientras que en el área sojera sur de Tucumán hubo registros bajos. No obstante, en esa región los cultivos se encuentran en un notable mejor estado que en el norte.

Rindes, en picada

Ricci comentó que la baja de rendimientos en la soja es muy significativa. “En el último relevamiento detectamos una nueva caída de 300 kilos por hectárea. De esta forma, los rindes en la zona norte rondan los 1.500 kilos, cuando en la medición anterior se ubicaban en 1.800 kilos por hectárea”, recalcó.

“De acuerdo con el relevamiento que acabamos de concluir, la pérdida en el sector ya supera el 50%. De esta manera, si la situación no empeora, se cosecharían unas 300.000 toneladas de soja, frente a las 620.000 toneladas previstas al inicio de la campaña”, indicó el especialista.

Granos chicos

Las lluvias favorecerán sólo a algunas sojas de grupos largos (las últimas que se cosechan), pero con poca incidencia, dado que el daño es generalizado en toda la actividad. “En los lotes con grupos largos los granos serán chicos. Hacía falta esta lluvia antes, para que se lograra un buen tamaño en la semilla. En los otros grupos el daño es mayor aún”, subrayó Ricci.

Se esperan menos toneladas por hectárea
Las precipitaciones de las últimas horas traerán alivio a la caña, cultivo que necesitaba en forma imperiosa los beneficios del agua. Sin embargo, los efectos de la seca ya se sienten en este sector, según comentó a LA GACETA el jefe de la sección Caña de la Estación Experimental, Jorge Scandaliaris.

“Las cañas ya están afectadas y se observa un deterioro. Sucede que el crecimiento de este cultivo virtualmente se paralizó en marzo”, remarcó el especialista. Explicó que la sequía vino a afectar a un cañaveral que se encontraba en muy buen estado en enero, con un desarrollo superior al de años anteriores. “La cosecha del año pasado concluyó temprano, lo que posibilitó un período más amplio de crecimiento de las cañas. Además, los productores habían realizado un manejo apropiado de fertilizaciones y de control de malezas, con lluvias que fueron normales hasta diciembre”, apuntó.

Aunque ya se nota un daño en el cultivo, de magnitudes que varían según la zona y las posibilidades de riego de cada lote, no hay aún un cálculo estimativo de las pérdidas que ocasionará la seca. “Hay que ver qué pasa de aquí en más. Marzo y abril son meses muy importantes para el crecimiento y la maduración del cultivo. No se puede saber qué puede pasar con los rendimientos sacarinos, que se determinan entre marzo y mayo”, dijo Scandaliaris.

“Disminuirán los rindes culturales (toneladas por hectárea), aunque la situación será variable. Será más complicado para los campos que no tienen riego en el este y en el norte de Burruyacu”, señaló. Scandaliaris hizo hincapié en que este año no se pueden esperar los resultados favorables del año pasado, cuando se obtuvieron 9 millones de toneladas de caña. “El año pasado, las condiciones climáticas eran totalmente favorables”, recordó el experto.