Hubo gran diferencia en la oferta de agua entre las zonas linderas al Paraná y los departamentos adentrados hacia el oeste. En Sáenz Peña, las lluvias no alcanzaron los 15 milímetros, el diez por ciento de lo observado en Resistencia. Considerando las marcas estadísticas del mes de junio, el desvió positivo que presentaron las lluvias de Resistencia fue mucho más significativo que la deficiencia pluvial de Sáenz Peña y su zona de influencia. Esto es, llama menos la atención que en el centro de Chaco las lluvias se hayan quedado a mitad de camino de su recorrido estadístico, que la sobreabundancia de precipitaciones sobre el este. Normalmente en junio las precipitaciones comienzan a escasear, llegando a un mínimo en julio, repuntando apenas en agosto. Si bien las zonas del este tienen mejores posibilidades, lo acumulado en junio acopla a este sector a las zonas más húmedas ubicadas normalmente en esta época, en el norte de Corrientes, Misiones y gran parte del centro sur de la franja agrícola de Paraguay.
En resumen, durante junio la zona algodonera principal quedó al margen de una importante anomalía positiva de la precipitación con epicentro en el norte Corrientes y Misiones, donde por sectores se superaron largamente los 200 milímetros. Esta condición anómala tomo el este de Chaco pero rápidamente se diluyó hacia la zona mediterránea, hacia el domo central.
Las reservas de agua en el suelo han experimentado un retroceso, respecto de principios del mes de junio, sin embargo los altos valores de humedad ambiente han generado un contexto propicio para que el balance hídrico no vea tan desfavorecido por esos 15 o 20 milímetros que faltaron durante el transcurso del mes pasado. A gran escala podríamos decir que la región algodonera se encuentra en buena forma hídrica, incluso con una disponibilidad de humedad superior a la que es habitual en esta época.
Es posible que esta situación con heladas muy poco frecuentes y un nivel de humedad que se mantiene favorable, aliente a los productores chaqueños a pensar en estrategias para la implantación de girasoles tempranos a finales de agosto. Esto va a depender mucho de que se mantenga este comportamiento térmico.
Dadas las condiciones de circulación que parecen seguirán predominantes durante el invierno, podemos ver como muy ventajoso que un ambiente húmedo, con una oferta de agua generosa mantenga altas las reservas de humedad para la salida a la primavera. Para entonces veremos cuál es el impacto del fenómeno de El Niño sobre las lluvias. En general, el mismo se manifiesta positivamente en la zona algodonera entre octubre y diciembre.
En resumen un invierno más húmedo que lo normal definiría un inicio de primavera con poca presión sobre la demanda de lluvia y las tareas de siembra podrían concretarse en fecha. El riesgo que está latente es que las precipitaciones se vuelvan sobreabundantes de manera significativa y generen excesos hídricos. El desarrollo del fenómeno de El Niño sumado al litoral Atlántico cálido definen entonces, un escenario favorable pero también con cierto nivel de alerta.
- Por CCA - exclusivo Agrositio
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