Todo el año 2001 fue de caída en la actividad económica. De eso no queda duda.

Pero el año, 2002 no fue de caída. Señores: fue de derrumbe. Los primeros meses fueron terribles. Y al piso se llegó en marzo de ese año.

A partir de ese piso, bajísimo, la actividad económica comenzó a subir muy suavemente. A lo largo de los últimos doce meses lo hizo en casi 3%. Obviamente, esto no es crecimiento, sino que en realidad es tan sólo una tímida recuperación de lo perdido.

¿De dónde proviene esta suave recuperación? Lógicamente lo hace de los sectores que teóricamente deberían ser los beneficiados por la brutal devaluación del año pasado.

Pero lo curioso es que no son las exportaciones las que muestran un aumento y por ende no son las que empujan esta relativa mejora. Es curioso, ¿no?

La devaluación del 2002 ha permitido alcanzar un tipo de cambio real muy alto, al menos, en términos históricos. Ello debiera haber producido un verdadero boom exportador. Sin embargo la realidad ha sido muy diferente, y en lugar de subas se advierten bajas.

¿Por qué se logró un tipo de cambio real tan alto?

La profunda recesión de arrastre, el creciente índice de desempleo y el mantenimiento del salario nominal y de las tarifas públicas han constituido la mezcla idónea, de raigambre ciertamente negativa, para lograr esta acentuada mejora del tipo de cambio real. La suba del tipo de cambio real se dio porque la inflación tuvo un ritmo menor a la suba en el tipo de cambio nominal. En otras palabras, mientras la devaluación nominal se daba por el ascensor, la inflación se encaminó por la escalera.

Los resultados quedaron a la vista: la exportación de la mayor parte de las exportaciones en el año 2002 mostraron un signo negativo. La baja en el conjunto del valor de las exportaciones argentinas llegó a un 5%.

Una devaluación en sí es, básicamente, una nueva forma de distribuir el ingreso de un país a favor de los sectores ligados a la exportación y a la sustitución de importaciones.

Si esa nueva forma de distribución se realiza sin el mantenimiento de reglas fijas y un horizonte jurídico cierto, los beneficios no se advierten de forma clara. Por el contrario, los golpes que ella brinda sobre el cuerpo social, especialmente sobre los sectores más desposeídos, se sienten de inmediato.

Al momento de la devaluación, el cuadro institucional era (y los es) endeble, y de hecho la inseguridad jurídica estuvo consentida por los organismos encargados de evitarla. En tal ambiente, los inversionistas se retrajeron de forma abrupta, frente a expectativas de negocios negativas. Persuadidos de la falta del Estado de Derecho, sus comportamientos sesgaron hacia conductas oportunistas y de evasión de sus responsabilidades económicas frente a la sociedad. Por ello, las inversiones no respondieron al estímulo del nuevo tipo de cambio.

Para peor en el sector agropecuario y agroindustrial aparecieron las viejas prácticas de épocas antiproducción agropecuaria.

Por ello las exportaciones no aumentaron.

Pero donde sí se nota un crecimiento es en el área de la sustitución de importaciones. Ahora, por ejemplo, han comenzado a fabricarse cosas que antes se importaban.

En los pueblos aparecieron, nuevamente, las pequeñas industrias de repuestos, y de tantas otras cosas simples que antes se importaban.

Como se comprenderá esto no es suficiente. Lo que necesitamos es abrir lo más posible nuestra economía para importar mucho y exportar mucho. Si importamos bienes de capital como fertilizantes, agroquímicos, software, conocimiento podemos producir más para exportar más.

El campo espera que se le reconozca su aporte. Está en condiciones de seguir creciendo. Puede hacerlo rápidamente y así movilizar la economía general. Pero, necesita que las reglas sean claras.

El problema del IVA, la falta de actualización en los egresos para tomar en cuenta las ganancias y así calcular su impuesto son la punta del iceberg.

Todavía venimos con la inercia de la década del 90. Pero la inercia si no recibe nuevo empuje decae, y lo puede hacer hasta detener la marcha del aparato productivo.

Fuera de que una medida gremial sea correcta o no, importa llegar a los medios de comunicación para hacer conocer a la gente común qué pasa en el campo y cómo incide en sus vidas la actividad agroindustrial.

Para que sepan por qué no suben las exportaciones y lo caro que están pagando una devaluación. Lo caro que sale la falta de reglas y los impuestos distorsivos.