Como es sabido la influencia de este indicador sobre las lluvias es positiva para la performance de los maíces de buena parte de la zona núcleo, dado que en general se marca una sobreoferta de agua en momentos que este cultivo transita su período de mayor demanda, lo cual evidentemente es favorable. Pues bien, durante el mes de noviembre y gran parte de diciembre, el calentamiento apareció en el Pacifico Ecuatorial central, pero no con una intensidad que pueda servir como argumento para justificar el comportamiento de las lluvias de este comienzo de año y mucho menos del total anual del pasado.
Durante todo el tránsito de 2014 y salvando el hostil ambiente que se observó durante la transición interanual, las lluvias siempre mantuvieron una tendencia hacia los desvíos positivos. Se observaron períodos secos, pero estos fueron relativos en su impacto y su persistencia. Nunca, luego del mes de enero, se concretó un estado hídrico que pudiera considerarse sequía a lo largo de todo 2014 y mucho menos en este comienzo de 2015 (siempre dentro de la zona núcleo). Evidentemente hubo un factor ajeno a la aparición del fenómeno de El Niño que fundo este escenario tan sobrado de agua. El indicador más influyente en este sentido es sin dudas el persistente calentamiento del litoral atlántico.
En la foto se aprecia la anomalía cálida de las últimas cuatro semanas, la misma foto se ha reproducido a lo largo de los últimos doce meses, con variaciones en la intensidad, pero con un efecto intenso sobre el este de Sudamérica a la hora de volcar humedad sobre el continente. En los períodos en que la circulación del noreste es dominante, y por cierto el semestre cálido lo es, las masas de aire húmedo ven potenciado su accionar sobre la Mesopotamia. Si a esto se le suma una alta frecuencia de pasajes frontales, muy poco bloqueados o desviados en la última temporada, convergen elementos básicos como para garantizar la continuidad de un patrón superador de la oferta normal de lluvias.

En definitiva esta situación confirma la importancia del monitoreo de las anomalías térmicas del litoral atlántico, tanto, que en esta temporada la persistencia de su calentamiento ha sido más influyente que el débil fenómeno de El Niño que ya ha comenzado a desdibujarse.
Mientras se mantenga la anomalía positiva en el Atlántico y la dinámica atmosférica sea capaz de transportar eficientemente la humedad, el este de la región pampeana, seguirá en el epicentro de los máximos pluviales. Esto puede garantizar la demanda de agua de los cultivos, pero a la vez debe servir como advertencia para definir las estrategias para enfrentar enfermedades de fin de ciclo y posiblemente un escenario con dificultades a cosecha. El monitoreo de la situación debe ser permanente.