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Como siempre el desquicio fiscal, debe ser pagado por los más eficientes.

El fantasma de la suba en las retenciones no desapareció. Porque la verdadera razón para intentar subir las retenciones se encuentra en la necesidad de elevar la actual recaudación.

Como todos sabemos, finalmente, se decidió no aumentar las retenciones a algunos productos exportables.

La idea de subirlos vino con el infantil argumento de que era necesario hacerlo para amortiguar la suba de los productos de la canasta familiar.

Resulta casi grotesco el argumento. Justo ahora que los granos vienen recorriendo un camino de bajas, básicamente como consecuencia de un dólar que no hace otra cosa que descender.

Con una tasa de inflación para diciembre de tan sólo 0,2%, la cuestión parece más bien ridícula. La idea del gobierno es, ahora, mantener negociaciones sector por sector tal como se hizo con la industria petrolera.

Pero, el fantasma no desapareció. Porque la verdadera razón para intentar subir las retenciones se encuentra en la necesidad de elevar la actual recaudación proveniente de las exportaciones.

La realidad es que con un tipo de cambio por debajo de $3,30 por unidad de dólar, la amenaza continuará como una espada de Damocles.

Es que con ese nivel en el valor del dólar las cuentas públicas no cierran. Y entonces la inventiva técnico-burocrática habrá de volar a niveles insospechados.

Y veamos la realidad. Tal como en otras oportunidades lo señalamos, es un escenario muy probable el de que el dólar se mantenga en los actuales niveles por bastante tiempo.

En tal caso, urge implementar medidas de emergencia para evitar la aplicación de mayores impuestos, mediante una mayor eficiencia en la aplicación del gasto público.

Acaso no ha mostrado el campo una fenomenal capacidad de respuesta con la actual superficie de soja sembrada y la aplicación de tecnología de punta en medio de un ambiente pleno de incertidumbres.

Si bien todos sabemos que Dios aprieta pero no ahoga, no conocemos si el gobierno apretando tanto puede ahogar a uno de los sectores donde el país todo puede tener la esperanza firme de lograr una acentuada recuperación.

Mientras tanto, los balances de las explotaciones agropecuarias pueden ser ajustados por la inflación. Lo concreto es que habiendo una considerable suba en el nivel de precios a lo largo de todo el año 2002, si no se puede practicar el ajuste, lo que termina habiendo es un gran impuesto más.

La cadena agroalimentaria no soporta mayores presiones fiscales, más aún cuando todos los indicadores (precios internacionales y valor del dólar) cuando el cuadro macroeconómico muestra un panorama donde la rentabilidad de muchos de sus eslabones será significativamente menor que la ocurrida a lo largo de 2002.

Si el gobierno no toma en cuenta ello, habrá una fuerte baja en el nivel de productividad y cundirá el desánimo sobre todos los eslabones, sobre todo sobre los más cercanos a la tierra.