Para ponerlo en negro sobre blanco, el problema económico de los últimos años ha sido el gasto público creciente. Hoy, récord histórico.
Como en Roma, la consigna oficial parece haber sido: “pan y circo”. Quizás tal estrategia haya dado resultados a la hora de las elecciones; pero estamos en el 2014 y este año revela escasez de pan y fondos insuficientes para el circo. Porque enfrentamos un déficit fiscal, a esta altura, muy difícil de parar.
Ahora bien… ustedes se preguntarán ¿qué tiene que ver esto con mi negocio?
Vamos a responder.
El lío interno, que se está armando de la mano del gasto, es de tal magnitud que las condiciones externas pasan a cumplir un papel de menor relevancia. Los precios relativos y los subsidios de la economía están fuera de órbita; y por ello el gasto público es alarmante.
Por eso hablamos del gasto público y, en esta oportunidad, dejamos de lado el análisis de las variables internacionales.
Porque el Banco Central “debe” permitir la creación de suficiente creación de dinero para cubrir buena parte de este gasto. La máquina de creación de pesos camina con el acelerador a fondo pues los impuestos – aún con niveles altísimos- y el endeudamiento no alcanzan.
Consecuentemente, la inflación sigue creciendo y amenaza con llegar a más del 40% anual en breve.
Para mejorar el tipo de cambio, y así desalentar las importaciones y promover las exportaciones para lograr una balanza comercial positiva, las autoridades deprecian el peso a una tasa muy elevada. En lo que va de este mes, la tasa es superior al 120% anualizada. Increíble.
La economía está en una trampa. Como el perro del hortelano que no come ni deja comer, la política económica ni frena la inflación ni deja que mejore el tipo cambio real.
Por eso, todos los que pueden exportar – tanto granos como cualquier producto exportable- se plantan, e intentan retrasar sus ventas al exterior. O lo hacen en cuenta gotas.
Para cualquier productor, esto es racionalidad pura: resulta mejor guardar mercadería que quedarse con pesos que pierden valor cada día que pasa, en un país sin alternativas válidas para cubrirse de la inflación.
A su vez, quienes se dedican a la importación tratan de acelerarlas para pagar menos.
De esta forma la balanza comercial tiende a ser negativa y el incentivo a la compra de dólares en el mercado informal crece.
Así el cuadro, quedarse en granos es una medida racional.
Sólo podría perjudicar un aumento en los derechos de exportación. Convendría estar atentos; y tomar los recaudos para impedirlo.
Lo que se observa en el horizonte –no muy lejano- es el ajuste, por llamarlo de alguna forma, “salvaje”. Algo que asusta, pero que no por ello debemos de dejar de considerar.
Porque el esquema actual se destaca por un agudo déficit fiscal, un acentuado ritmo de devaluación con balanza comercial en problemas, una inflación elevada y en aumento, una creciente pérdida de reservas y, en poco tiempo más, una fuerte desaceleración de la actividad.
El shock está a la vista. ¿Se podrá evitarlo? En las actuales circunstancias, parece difícil…
