El Gobierno va a dar a conocer, la semana próxima, un paquete de medidas con el fin de frenar la suba en los precios de los alimentos que integran la canasta básica familiar. El elemento que habría detonado esta decisión fue el haberse dado cuenta de que hubo aumentos de hasta casi 14% en algunos productos de primera necesidad a lo largo de diciembre último.

Se trataría de un paquete de mecanismos legales tendientes a reducir costos de producción y distribución, y podría haber reajustes en las retenciones a las exportaciones así como acuerdos marco entre el Gobierno y el sector privado alimentario.

Dado que se acercan los últimos meses de la actual administración, ésta lo que desea es dejar una situación algo mejorada en la capacidad adquisitiva de la población. Y para ello, no parece dudar en tomar medidas que muestren efectos inmediatos sobre la gente, aunque sean de corta duración.

Lograda una relativa, y precaria, estabilidad en la canasta familiar, la cantidad de personas que van quedando por debajo de la línea de la pobreza es alarmante. Y por ello, el gobierno parece intentar la aplicación de medidas intervenciones para favorecer la caída de precios en los alimentos.

Tras la fuerte suba de precios por la devaluación, unos 622.000 hogares del área metropolitana no tienen ingresos suficientes para procurarse la canasta básica de alimentos, según las estadísticas dadas a conocer por el INDEC.

Lo curioso es que nadie se hace cargo de la devaluación irresponsable. Desde enero lo que hubo en la economía argentina fue una brutal devaluación. Sin duda que ella, a priori, debería haber sido, por su fuerte componente exportador, un elemento favorable al campo y la producción en general. Sin embargo, dado el terrible contexto de inestabilidad jurídica y política, el cuadro no es lo que parece, pues no todo lo que brilla es oro. Y así es que hubo más males que progresos.

Cuando los precios relativos se ven modificados, a consecuencia de una devaluación como la registrada en estos meses, lo que a la producción agraria le importa es, en definitiva, el tipo de cambio efectivo real, esto es cuánto mejoran los precios de sus productos y qué puede adquirir con el dinero que obtiene de su venta.

De nada sirve que se registre una mejora del tipo de cambio real, si el tipo de cambio efectivo real es menor a éste. ¿Qué quiere decir "real"? El término está referido a lo que el tipo de cambio permite comprar, es decir que toma en cuenta la inflación que la devaluación fue produciendo.

¿Y qué significa "efectivo"? El tipo de cambio efectivo es el que tiene deducidas las retenciones o aplicados los reintegros que el Estado implementa sobre el valor de las exportaciones

Si sube el nivel de inflación, menor es el tipo de cambio real, y si se aplican retenciones, más bajo pasa a ser el tipo de cambio efectivo. El tipo de cambio efectivo está dado básicamente por el nivel de impuestos que acarrea. Y las retenciones o derechos de importación son impuestos que gravan la producción cuyo destino es la exportación.

La presión de la suba general de precios y las retenciones con tendencia a la suba, en un contexto de insumos encarecidos, son el aliciente necesario para que se abandone el proceso de expansión registrado en la economía agraria durante los últimos años.

El efecto de un tipo de cambio efectivo en baja es perverso. Lo es porque, de acuerdo a la percepción general, los ingresos del sector parecen altos, cuando en realidad la ganancia es baja, pues los insumos muy relacionados con el tipo de cambio son elevados. La realidad es que las retenciones disminuyen los ingresos pero no disminuyen los costos, lo que provoca una distorsión.

La incertidumbre que estas intervenciones del Estado sobre la actividad privada genera es la que, a la postre, mayor daño ocasiona. La señal implícita en cada aumento de retenciones es terrible, volteando el espíritu empresarial del productor y su actitud de emprendimiento.

Mientras la inflación se devore una alta dosis de la mejora en el tipo de cambio y la aplicación de nuevas retenciones sea una tendencia propia para elevar los ingresos fiscales, la devaluación tendrá, en el mediano y corto plazo, efectos más dañinos que benéficos sobre el sector y, en definitiva, sobre la economía exportadora.

Y la tendencia para aplicar estas retenciones es doble: por un lado mejora las arcas fiscales y por otro lado hace que los precios internos, de las mercaderías con retenciones a las exportaciones, evolucionen en baja.