Como sabemos, ha llovido en casi todo el territorio agrícola del país. La ansiada agua llega tarde para el trigo y la cebada en la región centro, aunque podrían mejorar el llenado de los granos. Todo depende el grado de avance de cada cultivo.
El trigo difícilmente supere un volumen de 9,5 millones de toneladas.
El maíz, sin duda alguna, ha sufrido un agudo retraso de la siembra. Y, por lo tanto, mucho menor será el área. En la zona núcleo sólo se habría cubierto el 45% de la intención; y ahora es probable que aumente la posibilidad de siembra de tardía. No es descabellado estimar una producción próxima a 20 millones de toneladas. Apenas eso.
Y… ¿la soja? El avance en la siembra de soja ha sido lento por la escasez de agua en los perfiles del suelo. Tan sólo se habría cubierto poco más del 20% del área que se intenta sembrar.
Pero ahora el operativo se está reiniciando a velocidad extrema.
La percepción sobre el futuro ha cambiado notablemente. Del pesimismo se está virando al optimismo, pues vuelve a acumularse reservas de humedad para los meses de déficit hídrico. Y hay pronósticos de más precipitaciones. No olvidemos que en general las lluvias del jueves/viernes han superado el nivel de 100 mm.
En este cuadro, el maíz es el que pierde superficie y la soja, la gana.
En tanto, el mercado local sigue aletargado. Los productores continúan con su estrategia de retención y ventas en la cantidad exacta para cumplir con sus obligaciones, en una economía donde la inflación amenaza en seguir creciendo.
Tal comportamiento se extiende también a la nueva cosecha. En principio sólo 2 millones de toneladas del nuevo ciclo sería el volumen negociado. De ser así y suponiendo que el la cosecha llegue a 50 millones de toneladas, se trata de tan sólo un 4%. Un porcentaje realmente ínfimo.
La actitud del agricultor argentino contrasta con la del brasileño. Si se estima una cosecha de más o menos 85 millones de toneladas en el vecino país, casi un tercio de este volumen es lo vendido. Un ratio muy elevado.
En este sentido, Brasil está actuando como balanceador de la situación. Lo interesante de este cuadro es que la oferta del vecino no podrá ser tan grande como su producción en el futuro.
Lo que debemos tener en cuenta es que la campaña de Sudamérica apenas está en sus inicios; ello significa que estas cifras de producción son por ahora casi una adivinanza. Habrá que ver cómo sigue el ciclo.
Lo que no resulta para nada una adivinanza es la demanda del mundo, bajo la presión decisiva de China.
En definitiva este gigante requiere anualmente cerca de 75 millones de toneladas y apenas produce aproximadamente 12 millones. Lo interesante de estas cifras es que la posibilidad de aumento en la producción está restringida por razones estructurales y de política económica.
¿A qué nos referimos con esta última razón? Pues bien: la política agrícola ha puesto foco en la producción de arroz, trigo y maíz y no lo ha hecho en las oleaginosas.
Así las cosas, mientras que las importaciones de cereales tienen determinadas restricciones, las de soja no las tienen, al menos de relevancia, aunque -justo es decirlo- la industria de la oleaginosa está protegida a diferencia del poroto que no lo está.
Como vemos, lo que presenta un mercado sostenido es el poroto. Ello no es poca cosa, pues a pese a que nuestro país procesa alrededor del 80% de su producción de poroto, la realidad es que la demanda china pone un sostén de fuerte presión sobre el mercado. De esta forma indirectamente incentiva la demanda de la oferta argentina.
A este cuadro habría que sumarle la posibilidad, casi cierta, de que el gobierno chino acceda a depreciar –muy gradualmente- su moneda a fin de facilitar el ingreso de productos del exterior y, en consecuencia, mejorar el nivel de vida de la población oriental.